Los vinos de hielo se elaboran a partir de uvas que se vendimian y prensan congeladas de forma natural en la vid, normalmente cuando las temperaturas descienden por debajo de los –7 °C u –8 °C. No vale congelar la uva en cámaras: si no hay frío real, no hay vino de hielo.
Al prensar la uva congelada, el agua queda en forma de cristales y solo fluye un mosto muy concentrado en azúcares, ácidos y aromas. El rendimiento es mínimo, el esfuerzo enorme y el resultado, extraordinario.
Por qué son tan especiales (y tan escasos)
Producir un vino de hielo es una apuesta arriesgada. El viticultor debe esperar semanas, a veces meses, a que llegue el frío adecuado, con la uva expuesta a aves, podredumbres o a perderse por una helada demasiado tardía. Además, la vendimia suele hacerse de madrugada, a mano y en condiciones durísimas.
Todo esto explica su precio y su prestigio: poca cantidad, mucho riesgo y una concentración aromática difícil de igualar.
Dónde nacen los grandes icewine y eiswein
- Alemania es la cuna histórica del Eiswein. Allí se elaboran desde hace siglos, tradicionalmente con Riesling, buscando equilibrio entre dulzor y una acidez afilada.
- Canadá se ha convertido en el gran referente moderno del icewine. Regiones como Ontario o Columbia Británica han encontrado en este estilo un sello propio, usando variedades como Vidal, Riesling o Cabernet Franc.
- Austria y algunos países de Europa Central también producen pequeñas joyas cuando el clima lo permite.
No todos los años hay vino de hielo. Y eso forma parte de su magia.
A qué saben los vinos de hielo
En copa, un vino de hielo es puro terciopelo: miel, albaricoque seco, frutas tropicales, cítricos confitados, flores, a veces notas especiadas. En boca son intensamente dulces, pero nunca pesados, porque su acidez natural es la que sostiene todo el conjunto.
Son vinos para beber despacio, en pequeñas cantidades, y recordar.
Cómo y cuándo disfrutarlos
Los vinos de hielo son perfectos para:
- Postres (especialmente con frutas, quesos azules o foie)
- Sobremesas largas, donde el vino es protagonista
- Momentos especiales, porque no son vinos de diario
Se sirven fríos, pero no helados, y suelen presentarse en botellas pequeñas: otra pista de que aquí menos es más.
Un vino que desafía a la naturaleza
En un mundo donde casi todo se puede acelerar o controlar, el vino de hielo sigue dependiendo del clima, del tiempo y de la paciencia. Por eso fascina tanto: porque no se puede forzar.
El icewine o eiswein no es solo un vino dulce. Es una lección de respeto al viñedo, al invierno y a la espera. Y quizá por eso, cuando llega a la copa, sabe todavía mejor.