El vino ya no basta: así ha cambiado el enoturismo que mueve pueblos, gastronomía y millones en España
Hubo un tiempo en el que hacer enoturismo significaba poco más que visitar una bodega, conocer la sala de barricas y terminar con una cata. Hoy eso sigue formando parte del viaje, pero ya no basta.
El Día Mundial del Enoturismo, que se celebra cada año el segundo domingo de noviembre, vuelve este 8 de noviembre de 2026 para poner el foco precisamente en esa evolución. La iniciativa nació de la Red Europea de Ciudades del Vino (RECEVIN) con el objetivo de impulsar el turismo del vino y reivindicar las regiones vitivinícolas como territorios capaces de generar actividad económica, cultural y patrimonial.
Lo que comenzó como Día Europeo del Enoturismo adquirió dimensión internacional en 2019 y hoy conecta territorios vitivinícolas de distintos países bajo una misma idea: el vino también puede ser una forma de descubrir un destino.
España ya cuenta con 38 Rutas del Vino
En España, una de las principales estructuras de este modelo son las Rutas del Vino de España, impulsadas por la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN).
El cambio respecto a aquel enoturismo de hace unos años es considerable. Si en 2019 el club estaba formado por 30 rutas, en 2026 ya son 38 destinos certificados repartidos por el país.
Y no se trata únicamente de bodegas. Estas rutas integran alojamientos, restaurantes, museos, comercios, empresas de actividades, patrimonio, viñedos y productores locales. La bodega es muchas veces el punto de entrada, pero el objetivo es que el visitante permanezca en el territorio.
Los últimos datos de ACEVIN ayudan a entender el tamaño de ese fenómeno. Su informe de demanda enoturística, correspondiente al segundo semestre de 2025 y al primero de 2026, sitúa el gasto medio en 345,87 euros por persona y día. La estancia media alcanza los 2,54 días, lo que eleva el gasto estimado durante todo el viaje hasta los 878,50 euros por persona.
El dato resulta especialmente interesante porque muestra que el turismo del vino ya no funciona necesariamente como una excursión de unas horas. El 54,98 % de los visitantes pernocta en el destino, según el mismo estudio.
La bodega sigue mandando, pero alrededor ya ocurre casi todo
La visita a bodegas continúa siendo uno de los grandes motores del viaje, pero alrededor de ella se ha construido una experiencia mucho más amplia.
ACEVIN señala que entre los turistas que pasan más de un día en el destino, las actividades más habituales combinan bodegas y gastronomía con visitas a pueblos, museos del vino y propuestas de naturaleza. Entre quienes realizan una excursión de un solo día aparecen además con fuerza la degustación, la compra de vino y los eventos enoturísticos.
Esto explica por qué las rutas han ido incorporando experiencias que hace algunos años parecían complementarias y que ahora forman parte central de la oferta: desayunos o cenas entre viñedos, vendimias participativas, rutas en bicicleta, conciertos, observación de estrellas, experiencias de bienestar, arte en bodegas o actividades familiares.
En Excelencias Gourmet ya comprobamos este verano cómo algunas bodegas españolas llegaron incluso a convertir el eclipse total de 2026 en una experiencia enoturística, combinando vino, paisaje, gastronomía y astronomía.
También hemos recorrido algunas de las bodegas más apetecibles para visitar durante el verano, con propuestas que demostraban que el calendario del enoturismo hace tiempo que dejó de limitarse a la vendimia.
Incluso la manera de preparar el viaje está cambiando. Rioja Alavesa ha estrenado en 2026 una plataforma que permite reservar desde un mismo espacio bodegas, gastronomía, hoteles, oleoturismo y actividades, un ejemplo de cómo la digitalización también está transformando la experiencia del viajero.
Más de tres millones de visitas a bodegas y museos
El impacto económico confirma que el fenómeno va bastante más allá de una moda gastronómica.
El último informe anual disponible de ACEVIN sobre visitas a bodegas y museos, correspondiente a 2024, registró 3.036.878 visitantes, un 2,22 % más que el año anterior.
Solo las visitas a bodegas y museos y el gasto realizado en sus tiendas generaron un impacto directo de más de 112 millones de euros. Y esta cifra no incluye restaurantes, hoteles, comercios o empresas de actividades vinculados al viaje, por lo que la repercusión real sobre los territorios es considerablemente mayor.
Las rutas más visitadas durante ese ejercicio fueron Marco de Jerez, con 425.652 visitantes; Ribera del Duero, con 381.083; y Penedès, con 369.170. Tras ellas se situaron Rioja Alta, Rioja Alavesa, Calatayud y Rías Baixas.
El visitante nacional continúa siendo mayoritario, con cerca del 75 % del total, aunque la presencia internacional sigue creciendo.
Y hay otro dato especialmente revelador: según el informe de demanda de 2026, el 99,59 % de los enoturistas afirma que recomendaría la experiencia. La oferta gastronómica aparece además entre los aspectos mejor valorados.
El enoturismo también está conquistando a quien no sabe de vino
Quizá una de las transformaciones más interesantes tenga que ver precisamente con quienes llegan.
El nuevo estudio detecta un crecimiento considerable de los visitantes que se consideran principiantes en el mundo del vino e incluso de aquellos que aseguran no tener ninguna vinculación previa con él.
Eso cambia la manera de diseñar las experiencias. El enoturismo ya no puede dirigirse únicamente al aficionado que reconoce variedades, añadas o tipos de suelo. También tiene que resultar atractivo para quien simplemente quiere pasar un fin de semana entre paisajes, comer bien y descubrir algo nuevo.
La pareja continúa siendo la forma de viaje más habitual, con el 48,61 % de los visitantes, mientras aumenta también la presencia de familias con niños. Las mujeres representan ya el 54,04 % de los enoturistas.
Este cambio de público ayuda a explicar por qué la gastronomía se ha convertido en una pieza inseparable de la experiencia. En el Día Vino D.O. 2026 ya quedó patente cómo denominaciones de origen, territorio, gastronomía y turismo funcionan cada vez más como una misma propuesta.
El Día Mundial del Enoturismo ya no celebra solo el vino
Las ciudades y territorios vitivinícolas aprovechan esta jornada para organizar tradicionalmente catas, visitas especiales, recorridos entre viñedos, jornadas de puertas abiertas, actividades gastronómicas, talleres, conciertos y propuestas culturales.
Pero más allá del programa concreto de cada edición, el significado de la fecha ha cambiado.
Celebrar el Día Mundial del Enoturismo en 2026 significa hablar de paisaje, cocina local, patrimonio, empleo rural, sostenibilidad, digitalización y experiencias. El vino sigue siendo el hilo conductor, pero ya no es el único argumento del viaje.
De hecho, algunas de las propuestas más interesantes del momento ni siquiera comienzan necesariamente delante de una copa. Pueden hacerlo caminando por un viñedo, entrando en un pequeño pueblo, sentándose a comer un plato tradicional o durmiendo en una antigua finca vitivinícola.
Tal vez esa sea la gran evolución del enoturismo: antes viajábamos para conocer una bodega; ahora la bodega es la puerta de entrada para conocer todo un territorio.