La ruta del bocadillo de calamares que Madrid se comerá en San Isidro
Hay pocas cosas más castizas que salir de Plaza Mayor con un bocadillo de calamares recién hecho entre las manos. Da igual si es mediodía, domingo, festivo o una tarde cualquiera. El ritual sigue siendo el mismo: barra llena, servilletas de papel, cerveza fría y calamares todavía quemando dentro del pan.
Con la llegada de San Isidro, ese bocata vuelve a ocupar el centro de Madrid. Porque el bocadillo de calamares no es solo una receta popular, es una costumbre que lleva décadas mezclando turistas, familias, gatos, chulapos y residentes que siguen defendiendo que los mejores se comen de pie y sin demasiadas florituras.
La paradoja siempre ha sido la misma: uno de los platos más representativos de una ciudad sin mar nació gracias al pescado que llegaba desde los puertos del norte. Y aun así, pocas recetas se han integrado tanto en la identidad madrileña como este pan con calamares fritos que terminó convirtiéndose en símbolo castizo alrededor de Plaza Mayor y las tabernas del centro.
Y aunque hoy aparezca en hoteles boutique y terrazas sofisticadas, el bocadillo de calamares sigue funcionando mejor donde siempre: entre ruido, barra y una caña al lado.
¿Dónde comer bocadillos de calamares gourmet en Madrid?
Coincidiendo con las fiestas de San Isidro, varios restaurantes madrileños han recuperado el bocadillo de calamares desde versiones que van de lo más clásico a lecturas mucho más actuales.
Uno de los más conocidos ahora mismo es el bocata de calamares de MANERO, allí lo sirven en mollete de Antequera con mayonesa de lima, dentro de una propuesta que mezcla barra tradicional, aperitivo largo y estética castiza llevada a un terreno mucho más contemporáneo.
Muy cerca de Gran Vía aparece también la versión de Ático, en el hotel The Principal Madrid Hotel. Aquí los calamares se rebozan en harina de garbanzo para conseguir una textura especialmente crujiente y se acompañan de alioli de ajo asado. Un bocadillo pensado para compartir terraza, cócteles y vistas sobre el centro de Madrid.
La ruta puede continuar en Mar Mía, dentro de Ocean Drive Madrid, donde el bocadillo aparece integrado en una carta más mediterránea y centrada en el producto. Y Otro de los bocadillos más comentados esta temporada es el de El Patio de Claudio, en el jardín de Hotel Único Madrid, donde Mario Valles incorpora ralladura de lima, puré de rocoto y pan brioche en una versión que se aleja bastante del bocadillo clásico de barra, pero que mantiene claramente la referencia madrileña.
También, puedes probar el Mollete de calamares de El Lince, de Javi Estévez en Chueca, un guiño madrileño que muchos consideran ya uno de los mejores de la ciudad (por encima de los de Plaza Mayor).
¿Por qué el bocadillo de calamares es un símbolo gastronómico de Madrid?
El bocata de calamares funciona precisamente porque nunca intentó ser sofisticado. No necesita grandes elaboraciones ni presentaciones forzadas e imposibles. Su fuerza está en otra parte: en la costumbre, en la memoria y en esa capacidad que tienen algunos platos para formar parte de una ciudad casi sin darse cuenta. Este bocadillo, también explica bien cómo es Madrid. Una mezcla constante. Un plato nacido lejos del mar, popularizado en tabernas del centro y reinterpretado hoy tanto en bares de toda la vida como en hoteles y restaurantes mucho más modernos.
En San Isidro, Madrid se llena de claveles, chotis y verbenas, pero también de barras donde los calamares recién fritos siguen recordando que la ciudad, muchas veces, también cabe dentro de un bocadillo.