90 años después, esta casa de comidas sigue demostrando que Madrid sabe a callos, cañas y barrio

90 años después, esta casa de comidas sigue demostrando que Madrid sabe a callos, cañas y barrio

Desde 1934, Casa Sotero forma parte de la memoria gastronómica de Madrid. Visitamos esta histórica casa de comidas de Tetuán para descubrir una historia familiar marcada por la resistencia, la tradición y una cocina castiza que sigue conquistando a varias generaciones de clientes.
Fachada de Casa Sotero, histórica casa de comidas madrileña fundada en 1934, ubicada en el barrio de Tetuán y reconocida por su cocina tradicional, sus callos a la madrileña y su legado familiar de tres generaciones.
Casa Sotero, 90 años de historia gastronómica en el corazón de Tetuán
Sábado, Junio 27, 2026 - 15:45

Hay restaurantes que sirven comida y hay otros que sirven memoria. Casa Sotero pertenece a esa segunda categoría. Entrar en este histórico establecimiento madrileño es encontrarse con una parte de la historia de la ciudad, una historia que comenzó en 1934 y que, noventa años después, sigue escribiéndose cada día entre cañas perfectamente tiradas, conversaciones de barra y platos que han resistido todas las modas.

Ubicada hoy en la calle José Castán Tobeñas, Casa Sotero es mucho más que una casa de comidas. Es el relato vivo de una familia que ha conseguido atravesar una guerra civil, una posguerra, varios cambios generacionales y una pandemia sin renunciar a su esencia. Una historia profundamente ligada al barrio de Tetuán y a una forma de entender la hostelería que parece cada vez más difícil de encontrar.

Una historia de resistencia que comenzó en 1934

La historia arranca en mayo de 1934, cuando Sotero García y Julia Nieto decidieron abandonar una pequeña taberna que regentaban en la calle Caballero de Gracia, junto a la Puerta del Sol, para instalarse en el entonces periférico Tetuán de las Victorias. Allí, en el número 337 de la calle Bravo Murillo, nació Casa Sotero.

Dos años después estalló la Guerra Civil Española. Fueron tiempos extremadamente difíciles para cualquier negocio y especialmente para una pequeña casa de comidas familiar. Sin embargo, Sotero y Julia lograron mantener vivo el establecimiento mientras criaban a sus hijos, Sotero y Aurelia.

callos
Callos a la madrileña, Casa Sotero

Tras la guerra llegó la dura posguerra, pero también el momento en que Casa Sotero comenzó a ganarse una reputación que terminaría convirtiéndola en una institución del barrio. Buena parte de ese prestigio tenía nombre propio: Julia Nieto. Su cocina sencilla, honesta y profundamente tradicional convirtió la modesta taberna en una referencia gastronómica para varias generaciones de madrileños.

Los callos, las legumbres y los platos de cuchara comenzaron a construir una fama que todavía hoy permanece intacta.

El relevo generacional y el espíritu de barrio

Durante los años sesenta llegó el primer relevo familiar. Aurelia García, hija de los fundadores, y su esposo Dionisio Martín asumieron la dirección del negocio manteniendo intacta la filosofía heredada.

Más adelante se incorporó Miguel Ángel Martín, nieto del fundador, que aprendió el oficio desde abajo, detrás de la barra y observando cada día cómo el restaurante se convertía en un punto de encuentro para vecinos, trabajadores y familias del barrio.

Casa Sotero creció junto a Tetuán y Tetuán creció junto a Casa Sotero. Esa relación simbiótica explica por qué muchos clientes siguen hablando del restaurante como si formara parte de su propia historia personal.

La mudanza que pudo acabar con una leyenda

Durante 87 años, Casa Sotero permaneció en su histórica ubicación de Bravo Murillo. Parecía imposible imaginarla en otro lugar. Sin embargo, la pandemia y los planes urbanísticos terminaron provocando el derribo del edificio original.

En junio de 2021 bajó la persiana de aquel local que había visto pasar casi un siglo de historia madrileña. Para muchos fue el final de una era.

Pero Miguel Ángel Martín decidió que la historia no terminaba allí.

La familia trasladó el restaurante a su actual ubicación y realizó un gesto cargado de simbolismo: trasladar también la histórica barra de acero donde durante décadas se habían servido miles de cañas y se habían compartido innumerables conversaciones.

Aquella barra continúa hoy presidiendo el local como un puente entre el pasado y el presente.

Lo que comimos: una celebración de la cocina castiza

Nuestra visita confirmó algo que los habituales ya saben desde hace décadas: aquí la cocina no necesita artificios para emocionar.

mollejas
Mollejas al ajillo, Casa Sotero

Comenzamos con unos riñones de cordero llenos de sabor. Continuamos con unas sobresalientes mollejas de cordero al ajillo, uno de esos platos que cada vez cuesta más encontrar bien elaborados.

Los protagonistas absolutos de la comida fueron los callos a la madrileña, una receta que justifica por sí sola la fama histórica del establecimiento. Melosos, intensos y profundamente madrileños.

La sorpresa llegó con un espectacular huevo de oca acompañado de patatas fritas caseras y gambas, una propuesta poco habitual que demuestra que la tradición también puede convivir con pequeños guiños gastronómicos.

oreja
Oreja a la plancha con salsa brava, Casa Sotero

La oreja a la plancha merece mención aparte. Crujiente, perfectamente cocinada y acompañada por una salsa brava memorable, una de las mejores que hemos probado en mucho tiempo.

Terminamos con unas excelentes chuletitas de cordero, sencillas, honestas y ejecutadas con el respeto al producto que caracteriza toda la cocina de Casa Sotero.

Madrid en estado puro

Actualmente, el restaurante está dirigido por Miguel Ángel Martín y su esposa Pilar Montalbán. Juntos han conseguido algo extraordinario: mantener viva la esencia de una casa de comidas nacida hace nueve décadas sin convertirla en una pieza de museo.

Casa Sotero sigue siendo un restaurante vivo. Un lugar donde se come bien, donde las cañas siguen tirándose con precisión milimétrica y donde la palabra hospitalidad conserva su significado original.

En una ciudad que cambia constantemente, Casa Sotero representa una rara forma de permanencia. Un recordatorio de que la gastronomía también puede ser memoria, identidad y resistencia.

Noventa años después de su apertura, sigue demostrando que las mejores historias de Madrid todavía se cuentan alrededor de una mesa.

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