Arguiñano, la yuca y el tribunal de los crímenes culinarios en redes.

Arguiñano, la yuca y el tribunal de los crímenes culinarios en redes.

La polémica por cómo Arguiñano pela una yuca abre una reflexión sobre el juicio en redes, las recetas que cambian sin cambiar de nombre y los trucos virales que pueden ser peligrosos.
Chef Karlos Arguiñano pelando yuca con pela patatas
Karlos Arguiñano y la yuca
Viernes, Octubre 16, 2026 - 20:00

Karlos Arguiñano ha pelado una yuca con un pelador de patatas y las redes han encontrado tema para discutir durante días. Unos se han reído, otros han explicado cómo lo hacen en sus casas y algunos han salido a defender al cocinero por la cantidad de hate y faltas de respeto que ha recibido  estos últimos días.

La escena pertenece a su receta de dorada a la lima con chips de yuca. Un pescado, una guarnición y un utensilio han bastado para que una explicación de cocina termine convertida en una discusión sobre quién sabe más y quién tiene derecho a corregir a quién.

Entiendo la sorpresa de quien lleva toda la vida preparando yuca. También nosotros reaccionamos cuando reconocemos el nombre de un plato y lo que aparece en pantalla se parece poco a lo que realmente es. Pero entre señalarlo y poner en duda toda una trayectoria debería haber espacio para algo más que una pelea en comentarios.

Corregir a Arguiñano también es aprender de cocina

Arguiñano puede equivocarse. Su experiencia merece respeto, pero no lo convierte en especialista de todos los ingredientes del mundo. Una persona que prepara yuca habitualmente puede enseñarle algo. Y a quienes lo estamos viendo, también.

Además, aquí hay una verdad a tomarse muy enserio. La yuca necesita un pelado y una preparación adecuados porque contiene compuestos que pueden liberar cianuro. Explicar qué cubierta debe retirarse y cómo debe procesarse tiene sentido. No es únicamente una discusión sobre costumbres ni todo queda resuelto porque lo haya hecho un cocinero conocido de España.

Ahora bien, ver un pelador tampoco basta para juzgar la preparación completa. Lo razonable sería revisar el procedimiento y explicar el posible error. Ni dar por hecho que está bien por ser Arguiñano ni convertir el utensilio en prueba definitiva de que está mal.

«Una cosa es corregir cómo se prepara un ingrediente y otra convertir el error en una condena al cocinero».

Me quedo con quienes aprovechan el vídeo para enseñar. La broma también tiene su sitio. El problema llega cuando una explicación, una ocurrencia y un insulto circulan mezclados, como si aportaran lo mismo. Y cuando dejamos de escuchar porque ya hemos elegido a quién defender.

Los crímenes en la cocina

Si vamos a hablar de “crímenes culinarios”, tenemos unos cuantos expedientes abiertos. La paella con chorizo, por ejemplo. Un arroz con chorizo puede estar buenísimo. Presentarlo como una paella valenciana tradicional es otra cuestión: detrás de ese nombre hay unos ingredientes, una elaboración y una historia vinculada al territorio valenciano.

Con la carbonara ocurre algo parecido. Añadir nata a una pasta puede dar una salsa cremosa que guste a mucha gente, pero la preparación italiana de referencia trabaja con huevo, queso, guanciale y pimienta. La nata cambia la elaboración. No necesita hacerse pasar por carbonara para encontrar quien se la coma.

Las redes están llenas de recetas que conservan el nombre después de sustituir buena parte de lo que las caracteriza. Si cambias la receta, cuenta qué has cambiado. Un “a mi manera” o un “inspirado en” permite experimentar sin presentar la adaptación como la receta original. La creatividad no está reñida con explicar bien lo que se cocina.

Pero no pondría esas licencias al mismo nivel que un truco capaz de causar una lesión. Ahí está, por ejemplo, el huevo “poché” en el microondas, presentado en vídeos como una solución rápida e infalible. En determinadas condiciones puede estallar al manipularlo, incluso después de sacarlo del microondas, y proyectar huevo y líquido caliente hacia la cara. Conozco de primera mano quemaduras y lesiones por hacer esta receta express.

Una carbonara con nata puede molestar a un italiano. Una preparación que estalla puede quemar a quien la reproduce. No merecen la misma discusión, aunque ambas quepan en un vídeo de treinta segundos.

Eso tampoco resta importancia a la yuca: su preparación exige rigor precisamente porque hay aspectos de seguridad que atender. Lo que cuestiono es que se dedique tanta energía a defender o atacar a una persona y tan poca a explicar el procedimiento.

Si Arguiñano tiene algo que corregir, que lo corrija. Si alguien conoce mejor ese producto, que pueda explicarlo sin recibir hate. El pelador no necesita una absolución por popularidad ni una condena por costumbre. Necesitamos saber si la yuca está bien preparada. Después, si todavía quedan ganas de discutir la receta.

Arguiñano y la yuca ante el tribunal de las redes
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