Cuando el estómago se descompone

Creado: Dom, 18/08/2019 - 09:00
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José Angel García Delgado
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A partir de la década de los años 50, al producirse un aumento de los viajes a zonas exóticas del planeta, comenzó a dársele importancia a la frecuente aparición de problemas gastrointestinales que afectaban a las personas que visitaban estas regiones. Se trata de una enfermedad infecciosa, de origen bacteriano, vírico o parasitario, que puede aparecer en los primeros días del viaje, pero también después de haber regresado. Estos malestares pueden acompañarse de otros síntomas como náuseas, vómitos, calambres o dolores abdominales, fiebre, etcétera.

Los síntomas de este padecimiento habitualmente comienzan abruptamente, durante el viaje, o poco después de volver a casa. Aparentemente pueden mejorar durante el desplazamiento, presentando luego múltiples episodios. Las señales pueden comenzar en el segundo o tercer día de estancia y en más del 90% de los casos durante las dos primeras semanas.

Las descomposiciones estomacales en los viajeros afectan por igual a varones y mujeres, es más común en niños pequeños y jóvenes hasta los 30 años, con menor incidencia a partir de los 55 años. Su ocurrencia puede variar en cada zona según la estación del año, lo cual conviene tener en cuenta antes de hacer el desplazamiento, pues constituye el principal problema de salud que enfrentarán los viajeros.

Al respecto, la revista The Lancet publicó un estudio europeo realizado en 32 136 personas sobre los problemas más frecuentes asociados al viaje. Las dificultades más nombradas fueron las picaduras de mosquito en primer lugar, siguiéndole los males de estómago.

El mejor modo de enfrentar un problema es prevenirlo, y para ello es preciso conocer los elementos que determinan su origen, los cuales se conocen en ámbitos epidemiológicos como «factores de riesgo».

De acuerdo con las experiencias y estadísticas conocidas, la geografía mundial se ha dividido clásicamente en 3 zonas, según el riesgo de padecer problemas gastrointestinales y calculado por cada 15 días de estancia para los viajeros que acceden a ellas. Estas se catalogan como Zona de bajo riesgo (menos de 8% de viajeros las padecerán): Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Japón y países de Europa occidental y norte de Europa; Zona de riesgo intermedio (entre 8 y 20% de viajeros): países de Europa del Este, Sudáfrica y regiones del Caribe; y Zona de alto riesgo (más de 20% de viajeros). En algunos destinos la tasa es de hasta el 90%: mayor parte de Asia, Oriente Medio, África y Centro y Sur del continente americano.

Por esas razones se ha definido el lugar de destino como el principal factor de riesgo y ello ocurre porque el paseante no está acostumbrado a estar en contacto con ciertos microorganismos patógenos en su país de origen.

Entre los factores que más influyen se pueden citar el estilo de viaje —por ejemplo, el turismo de playa en un complejo hotelero tiene una menor incidencia que el viaje en grupo, y a su vez, las más altas tasas se asocian al turismo de aventura—; el país de destino y la duración de la estancia —mayor riesgo a mayor duración.

También se han señalado otros factores como los relacionados con el tipo de alimentos ingeridos y el lugar donde se consumen, pues se dice que la principal fuente de infección es la comida o agua contaminada con microbios perniciosos. No obstante, las afecciones estomacales también pueden producirse en países desarrollados si se bebe agua de arroyos o lagos, si las personas que preparan los alimentos no mantienen las adecuadas medidas de higiene o si el tratamiento del agua de consumo no es el adecuado.

Los alimentos con mayor riesgo son aquellos adquiridos en la calle a vendedores ambulantes y los más seguros son los cocinados por nosotros mismos. Entre los de alto riesgo destacan: moluscos, mariscos, frutas no lavadas o peladas con anterioridad al consumo por otros, ensaladas, mayonesa y alimentos que la contienen, leche y sus derivados, postres dulces, quesos y embutidos. Por otra parte, entre los más seguros están: pan y derivados, aquellos servidos muy calientes, carnes y pescados bien cocidos recientemente, frutas con la piel intacta peladas o lavadas por uno mismo, verduras hervidas, pastas sin huevo recién cocida.

Ha llamado la atención que los nativos de países de alto riesgo, no tienen los mismos síntomas que los viajeros ante el consumo de iguales alimentos o bebidas, lo cual tiene su lógica en que estos organismos ya están acostumbrados a las bacterias y han desarrollado inmunidad frente a ellas. La etiopatogenia descrita nos hace comprender que los hábitos alimentarios durante el viaje permiten desarrollar una prevención activa y que la mejor forma de protegerse consiste en seleccionar cuidadosamente los alimentos y bebidas que consumimos.

La mejor protección es la de seguir estrictamente las medidas higiénicas elementales como lavarse las manos antes de las comidas y hacerlo con frecuencia usando jabón. Esto es especialmente importante no solo antes de comer o de llevarse algo a la boca, sino también al manipular alimentos, luego de ir al baño, etc. Para secarlas, use una toalla limpia o simplemente aire. Las manos húmedas pueden suponer un riesgo de infección. Si sales al campo debes llevar jabón; si no puedes lavarte las manos, usa algún gel o sustancia desinfectante a base de por lo menos un 60% de alcohol. Tomar agua potable para beber y lavarse los dientes son hábitos muy adecuados.

La regla general cuando se viaja a otro país es: hiérvelo, cocínalo, pélalo u olvídalo. Sin embargo, algunos estudios demuestran que se puede enfermar, aunque se siga esta normativa. Recordar estos consejos significa que la mejor medida para evitar incomodidades físicas es prestar mucho cuidado a nuestros hábitos. Las mejores opciones para los turistas radican en la sabia acción de tomar precauciones para que el viaje y retorno transcurran felizmente.

Síntomas a tener en cuenta al viajar

Los síntomas de los malestares estomacales habitualmente comienzan abruptamente, durante el viaje o poco después de volver a casa, aparentemente pueden mejorar durante el desplazamiento, presentando luego múltiples episodios. Las señales pueden comenzar en el segundo o tercer día de estancia y en más del 90% de los casos durante las dos primeras semanas, siendo los indicios más comunes: aumento de la frecuencia y volumen molestias intestinales, náuseas y/o vómitos, pérdida del apetito y peso, calambres y/o dolores abdominales, decaimiento e hipotermia. En los casos más severos, a estos síntomas puede sumarse un fuerte dolor abdominal e incluso fiebre alta.

Estos padecimientos afectan por igual a varones y mujeres, es más común en niños pequeños y jóvenes hasta los 30 años, con menor incidencia a partir de los 55 años. Están considerados como una de las patologías más frecuentes, calculándose unos 50 000 casos diarios a nivel mundial, siendo, en términos de volumen, el principal problema de consulta de los viajeros que regresan de zonas no desarrolladas.

La infección se adquiere por la vía oral a través del consumo de alimentos o bebidas contaminadas por los microorganismos, comidas pasadas o estropeadas donde están los principales reservorios de los patógenos y/o  sustancias tóxicas, y  puede ser por una bacteria, virus o parásito, siendo  muchos los microorganismos causales y probablemente  diferentes de un país a otro. Entre ellos y por frecuencia: la Echerichia coli, Shigela, Salmonella, Campylobacter, Rotavirus y Giardia Lamblia.

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Los casos de descomposiciones estomacales se pueden producir en cualquier lugar del mundo, existiendo una distribución en la geografía de microorganismos patógenos, variable en función del lugar del orbe en el que nos encontremos. La causa más frecuente son de origen bacteriano, que representa del 60 al 85% de los casos, las producidas por parásitos el 10% y los virus un 5%. El patógeno que con más frecuencia produce estos padecimientos en el viajero es la Echerichia coli.

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Recomendaciones para cuidar la salud

  • No consumas alimentos vendidos en la calle.
  • Evita la leche y los productos lácteos sin pasteurizar, incluido el helado.
  • Evita la carne, el pescado y los mariscos crudos o poco cocidos.
  • Mantente lejos de alimentos húmedos a temperatura ambiente, como salsas y bufés.
  • Come alimentos que estén bien cocidos y que se sirvan calientes.
  • Limítate a comer frutas y vegetales que puedas pelar tú mismo, como bananas, naranjas y aguacates. Evita las ensaladas y las frutas que no se pelan, como uvas y bayas.
  • Ten en cuenta que el alcohol en una bebida no te protege contra agua o hielo que estén contaminados.
  • Evita el agua no esterilizada: agua del grifo, de pozo o de ríos y arroyos. Si necesitas consumir agua local, hiérvela durante 3 minutos.
  • Evita cubitos de hielo elaborados en el lugar o jugos de fruta preparados con agua del grifo.
  • Ten cuidado con frutas cortadas que puedan haberse lavado con agua contaminada.
  • No nades en agua que pueda estar contaminada.
  • Mantén la boca cerrada cuando te duchas.
  • Puedes consumir bebidas enlatadas o embotelladas en sus envases originales, como agua, gaseosas o refrescos, cerveza o vino, cuando quieras, siempre y cuando rompas los precintos o los destapes tú mismo. Limpia todas las latas o botellas antes de beber o servir.
  • Usa agua embotellada para cepillarte los dientes.
  • Usa agua embotellada o hervida para preparar leche maternizada para bebés.
  • Pide bebidas como café o té, y asegúrate de que estén bien calientes.
  • Si no es posible comprar agua embotellada ni hervir el agua que vas a tomar, consigue algún medio para purificarla. Considera una bomba purificadora que permita eliminar microorganismos pequeños mediante microfiltrado. También puedes desinfectar el agua químicamente con yodo o cloro.
  • Asegúrate de que los platos, cubiertos y utensilios de cocina estén limpios y secos antes de usarlos.
  • Lávate las manos con frecuencia y siempre antes de comer. Si no puedes lavártelas, usa algún gel sanitizante o desinfectante de manos a base de alcohol, que tenga por lo menos un 60 % de alcohol, para limpiarte antes de comer.
  • Busca alimentos que requieran poca manipulación para prepararlos.
  • Evita que los niños se lleven objetos, y también las manos sucias a la boca. De ser posible, evita que los niños pequeños gateen en lugares con pisos sucios.

Fuente: Revista Excelencias Turísticas No. 168

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