Cokima, la locura más sabrosa de Argüelles

Cokima, la locura más sabrosa de Argüelles

Cokima renueva su carta en Argüelles con croquetas de Joselito, gilda de pastrami, minutejos, taco de atún rojo y una cocina viajera para compartir.
Interior del restaurante Cokima en Madrid, con un gran mural abstracto en tonos rojos, amarillos y grises junto al logotipo del local.
Interior del restaurante Cokima en el barrio madrileño de Argüelles
Jueves, Agosto 20, 2026 - 15:00

Argüelles atraviesa uno de sus mejores momentos gastronómicos, pero entre las nuevas aperturas también hay locales que llevan años construyendo una identidad propia. Es el caso de Cokima, instalado desde 2020 en el número 21 de la calle Andrés Mellado y convertido, por derecho propio, en uno de los restaurantes imprescindibles del barrio.

El ambiente es informal, animado y deliberadamente rompedor. En una de sus paredes destaca el lema “orgasm at the first bite”, toda una declaración de intenciones para una cocina pensada para compartir, comer con las manos y descubrir sabores conocidos bajo formas poco previsibles.

Más de cinco años después de su apertura, Cokima estrenó una nueva carta en primavera, que mantiene intacto el carácter del restaurante: producto reconocible, referencias madrileñas, influencias internacionales y elaboraciones con una marcada intensidad de sabor.

Madrid, pero sin fronteras

Desde sus comienzos, la propuesta de Cokima se ha basado en el producto local acompañado de un giro internacional y otro castizo. Ambos conviven en una carta diseñada para pedir al centro y probar diferentes elaboraciones en una misma visita.

Entre las novedades aparece la gilda de pastrami casero y encurtidos con salsa de aceituna Kalamata. La receta parte de uno de los bocados que más espacio ha ganado en las barras madrileñas, aunque aquí el pastrami sustituye a la combinación habitual y la salsa de oliva aporta profundidad, intensidad salina y un final que potencia el sabor de los encurtidos.

El guiño a Madrid resulta todavía más evidente en Los Minutejos de Cokima, una particular reinterpretación del tradicional bocadillo de oreja. La propuesta combina un milhojas de patata, oreja de cerdo crocante y salsa brava.

También se revisa otro icono de la capital con El Bocata de Calamares, transformado en un dumpling de chipirones estofados, envuelto en papel de arroz y acompañado de salsa alioli.

La carta continúa su viaje con los tacos del Gobernador de gambón, ñora y queso Oaxaca o el ceviche de corvina con leche de tigre de maracuyá y quinoa. Son recetas reconocibles, pero construidas desde una mezcla de referencias que impide encasillar el restaurante dentro de una única cocina.

Solo hay una elaboración que se resiste a abandonar la carta: las célebres croquetas de jamón Joselito con velo de papada ibérica. Permanecen en la minuta porque, como comprobamos durante nuestra visita, tampoco suelen faltar en las comandas.

Lo que probamos en Cokima

Comenzamos precisamente por las croquetas, convertidas ya en una de las señas de identidad de la casa. Bajo una cobertura fina y crujiente esconden un interior muy fluido, cremoso y con un sabor a jamón bien definido. El velo de papada ibérica aporta untuosidad y prolonga el gusto del bocado.

La gilda de pastrami casero fue otra de las sorpresas de la mesa. La salsa de aceituna Kalamata no actúa como un simple acompañamiento, sino que realza el sabor del pastrami y refuerza el contraste con la acidez de los encurtidos.

Otras gildas que nos han gustado

Especialmente original resultó el taco de tartar de atún rojo Balfegó, servido sobre una hoja de shiso en tempura que funciona como una pequeña tortita crujiente. El atún mantiene el protagonismo y un ligero toque picante termina de levantar un bocado fresco, diferente y bien resuelto.

Los minutejos llegan a la mesa en un formato cercano al de un chip: oreja de cerdo crujiente, milhojas de patata y salsa brava. La combinación conserva los sabores del tradicional bocadillo de oreja madrileño, pero modifica por completo su textura y su presentación.

Más contundente es el katsu sando de solomillo de ternera con queso gorgonzola y demi-glace de trufa. La carne, el queso azul y la salsa forman un bocado potente, cremoso y de sabores marcados, especialmente indicado para compartir y combinar con propuestas más frescas.

Para terminar elegimos la panacota andina con maracuyá y helado de lúcuma. La acidez de la fruta de la pasión equilibra la cremosidad de la panacota, mientras que la lúcuma aporta un dulzor delicado y diferente al de los postres más habituales.

Mucho más que pequeños bocados

Aunque buena parte de su propuesta invita a comer con las manos, Cokima es mucho más que finger food. La nueva carta incorpora también platos como los huevos rotos con patata crujiente, pulpo a la brasa, salsa huancaína ahumada y aceite de pimentón.

Se suman el wontón de carrillera con mole mexicano, yema curada y mayonesa de achiote y el arroz meloso de carabinero a la brasa con alioli de perejil, dos propuestas que refuerzan el carácter viajero y desenfadado de la cocina.

En el apartado dulce, además de la panacota, destaca la tarta de queso con helado de Idiazabal y toffee salado, una combinación pensada para quienes prefieren terminar con sabores intensos.

La nueva carta conserva el equilibrio que ha definido a Cokima desde su apertura: informalidad en la sala, producto cuidado y una cocina capaz de mezclar Madrid con México, Perú, Japón o los Andes sin perder coherencia.

En un barrio cada vez más disputado gastronómicamente, Cokima mantiene algo especialmente valioso: una personalidad reconocible y una cocina divertida que no renuncia al sabor.

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