Del morrillo a la parpatana: la guía definitiva para entender los cortes del atún

Del morrillo a la parpatana: la guía definitiva para entender los cortes del atún

El atún rojo es conocido como el cerdo del mar por el aprovechamiento de sus cortes. Esta guía explica sus partes más valoradas y cómo se cocinan.
Diferentes cortes de atún rojo dispuestos sobre una mesa de trabajo durante un ronqueo tradicional, mostrando la diversidad gastronómica de este producto del Mediterráneo.
Los principales cortes del atún rojo y su aprovechamiento gastronómico completo
Lunes, Junio 8, 2026 - 09:00

Pocos productos generan tanta admiración en la gastronomía como el atún rojo. Considerado por muchos el “cerdo del mar” por el extraordinario aprovechamiento de todas sus partes, este gigante de los océanos ofrece una variedad de cortes que va mucho más allá de la conocida ventresca. Morrillo, tarantelo, descargamento, parpatana, facera o galete forman parte de un vocabulario que cada vez aparece más en restaurantes, pescaderías y cartas especializadas, aunque todavía resulta desconocido para gran parte de los consumidores.

Entender los cortes del atún es comprender también una parte fundamental de la cultura gastronómica del Mediterráneo, especialmente en territorios como Cádiz, donde el ronqueo se ha convertido en un espectáculo culinario, cultural y casi ceremonial. Cada pieza tiene una textura, una cantidad de grasa, una intensidad de sabor y una forma de cocinarse distinta, lo que explica por qué los grandes cocineros tratan el atún como si fuera un mapa gastronómico completo.

Por qué el atún es conocido como el cerdo del mar

La comparación con el cerdo no es casual. Del mismo modo que ocurre con el cerdo ibérico, prácticamente todas las partes del atún tienen valor gastronómico, desde las zonas más nobles destinadas al consumo en crudo hasta cortes tradicionalmente considerados secundarios que hoy protagonizan algunas de las recetas más apreciadas de la cocina contemporánea.

Este aprovechamiento integral ha convertido al atún rojo en uno de los productos más versátiles y admirados por cocineros de todo el mundo. Su carne puede ser magra, grasa, melosa, firme, gelatinosa o profundamente intensa según la zona del animal, y esa diversidad explica su enorme presencia tanto en la cocina japonesa como en la gastronomía mediterránea.

El ronqueo: el arte de despiezar un atún

Antes de hablar de cada corte hay que entender el proceso que los origina. El ronqueo es el despiece tradicional del atún rojo y recibe su nombre del sonido que produce el cuchillo al rozar las espinas durante la separación de las distintas piezas.

Lejos de ser una simple operación de corte, el ronqueo exige conocimiento anatómico, precisión y experiencia. Cada pieza se separa cuidadosamente para preservar sus características gastronómicas y para aprovechar al máximo un producto de enorme valor culinario. En muchas zonas atuneras, especialmente en Andalucía, asistir a un ronqueo se ha convertido también en una experiencia turística y didáctica que permite entender la complejidad de este pescado excepcional.

Lomo negro: la joya para sashimi y tartares

El lomo negro se sitúa en la parte superior del atún y es una de las piezas más valoradas para elaboraciones en crudo. De esta zona proceden cortes empleados habitualmente en sashimi, nigiris, tartares y preparaciones donde se busca una textura limpia, firme y elegante.

Su contenido graso suele ser más moderado que el de otras zonas del animal, lo que permite apreciar con claridad el sabor del atún sin que la grasa domine la experiencia. Por eso es una pieza especialmente apreciada en cocina japonesa y en restaurantes que trabajan el producto con mínima intervención.

Lomo blanco: delicadeza, grasa y equilibrio

Ubicado en la parte inferior del atún, el lomo blanco presenta una mayor infiltración grasa que el lomo negro, lo que le aporta una textura más untuosa y un sabor más profundo. Es una pieza muy versátil, apta para preparaciones en crudo, marcados ligeros, marinados o elaboraciones donde se busca un punto de jugosidad adicional.

Su equilibrio entre grasa y estructura lo convierte en uno de los cortes más interesantes para quienes desean descubrir la riqueza del atún sin entrar todavía en las piezas más grasas y gelatinosas.

Ventresca: la reina del atún

Si existe un corte capaz de poner de acuerdo a chefs, pescaderos y aficionados, ese es la ventresca. Situada en la zona abdominal, destaca por su elevado contenido graso y por una textura extraordinariamente melosa, casi mantequillosa cuando se trabaja correctamente.

Es una de las piezas más cotizadas tanto para conservas premium como para preparaciones a la brasa, a la plancha o en crudo. Su grasa infiltrada potencia el sabor y permite que la pieza resulte jugosa incluso con cocciones muy breves, motivo por el que se considera uno de los grandes bocados del atún rojo.

Tarantelo: el secreto entre el lomo y la ventresca

El tarantelo se encuentra entre la ventresca y el lomo, y quizá por eso combina lo mejor de ambos mundos. Tiene una infiltración grasa notable, pero conserva una estructura muscular firme, lo que le permite funcionar muy bien tanto en cocina tradicional como en elaboraciones contemporáneas.

Muchos expertos lo consideran uno de los cortes más equilibrados del atún, especialmente por su relación entre sabor, textura y jugosidad. Es una pieza magnífica para guisos finos, escabeches, plancha, brasa o preparaciones donde se quiera mantener identidad marinera sin renunciar a cierta untuosidad.

Morrillo: pura intensidad gastronómica

El morrillo se localiza en la parte superior de la cabeza y es uno de los cortes más intensos y grasos del atún. Su alto contenido en grasa intramuscular genera una textura extremadamente untuosa, lo que lo convierte en una pieza muy apreciada para brasa, parrilla o elaboraciones donde el calor ayude a fundir la grasa y concentrar el sabor.

Es un corte de gran personalidad, pensado para quienes buscan una experiencia potente y profunda. En manos expertas, el morrillo puede ofrecer uno de los bocados más memorables de todo el atún.

Parpatana: la estrella de las brasas

La parpatana procede de la unión entre la cabeza y el cuerpo, cerca de la zona de la clavícula. Durante años fue un corte muy ligado al consumo local, pero hoy se ha convertido en una de las piezas más demandadas por restaurantes especializados y grandes asadores.

Su combinación de músculo, grasa y gelatina genera una jugosidad excepcional. Funciona especialmente bien a la brasa, donde desarrolla aromas intensos y una textura que recuerda a algunos cortes cárnicos. Por eso la parpatana representa mejor que ninguna otra pieza esa idea del atún como “cerdo del mar”.

Facera y galete: las mejillas más sabrosas del mar

Las faceras y los galetes proceden de la zona de la cabeza y pertenecen a músculos que trabajan constantemente durante la vida del animal. Esa actividad les confiere una textura particular y un sabor profundo, muy interesante para recetas de cocción lenta.

Son cortes ideales para guisos, estofados, fondos marineros, marmitakos o preparaciones donde se busca intensidad y una textura más melosa. Aunque durante mucho tiempo fueron piezas menos conocidas para el gran público, hoy muchos cocineros las reivindican por su enorme potencial gastronómico.

Descargamento: el corte que enamora a los cocineros

El descargamento se sitúa junto a la espina dorsal y ofrece una carne firme, sabrosa y de gran versatilidad. No siempre resulta tan conocido como la ventresca o el lomo, pero es una pieza muy valorada en cocina profesional por su capacidad para adaptarse a múltiples técnicas.

Puede emplearse en preparaciones a la plancha, guisos, adobos, marinados o recetas donde se necesite una carne con carácter, pero sin un exceso de grasa. Es uno de esos cortes que demuestran que el valor del atún no se concentra únicamente en las piezas más famosas.

Cola blanca y cola negra: tradición marinera

Las zonas de la cola ofrecen carnes más magras, musculosas y de sabor marcado. Tradicionalmente se han utilizado en guisos marineros, marmitakos, encebollados o elaboraciones donde las cocciones largas permiten aprovechar toda su potencia gustativa.

La cola blanca y la cola negra no suelen tener el prestigio inmediato de otros cortes más grasos, pero son fundamentales para comprender la cocina tradicional del atún. En muchas recetas populares, estas piezas han sido claves para construir platos de enorme sabor y gran sentido de aprovechamiento.

Cuál es el mejor corte del atún

La respuesta depende siempre de la preparación. Para sashimi, tartar o nigiri, los lomos suelen ser una opción excelente por su limpieza y precisión. Para conserva premium, la ventresca sigue siendo una referencia difícil de superar. Para brasas, la parpatana y el morrillo ofrecen una intensidad casi cárnica, mientras que para guisos y recetas tradicionales las faceras, galetes, descargamento y colas pueden resultar extraordinarios.

Por eso los especialistas suelen repetir que no existe un único mejor corte del atún, sino un corte adecuado para cada técnica, cada receta y cada momento de consumo.

Más que un pescado, un patrimonio gastronómico

El auge internacional del atún rojo ha permitido que muchos consumidores descubran un universo gastronómico que durante siglos permaneció ligado a las almadrabas, los puertos pesqueros y las tradiciones marineras del sur de España.

Hoy, conocer los cortes del atún no es únicamente una cuestión culinaria. Es también una forma de entender mejor uno de los grandes tesoros gastronómicos del Mediterráneo, el valor del aprovechamiento integral y el extraordinario trabajo que hay detrás de cada pieza que llega al plato.

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