La mayoría de nosotros llena la cesta del supermercado guiándose por el precio, la marca o una bandera bien visible en el envase. Sin embargo, la información realmente importante rara vez está en grande. Suele esconderse en la letra pequeña, en códigos poco conocidos o en carteles que casi nadie mira.
No se trata de demonizar productos ni de señalar culpables, sino de algo mucho más sencillo y poderoso: comprar con información clara.
Saber leer lo que compramos es una forma directa de cuidar nuestra salud, apoyar a quienes producen alimentos y ejercer soberanía alimentaria.
El cartel del precio: donde empieza la verdad
El primer lugar donde conviene fijarse no es el envase, sino el cartel del precio del lineal. Por ley, ahí debe indicarse el origen real del producto, que muchas veces no coincide con lo que sugieren la imagen, el nombre o los colores del paquete.
Un producto puede mostrar una estética local o incluso una bandera nacional, pero haber sido cultivado o criado a miles de kilómetros.
El envase seduce; el cartel informa.
“Envasado” no es lo mismo que “origen”
Este es uno de los trucos más habituales de las grandes superficies. Un alimento puede venir de Marruecos, Mercosur u otros países, llegar en barco a España, colocarse en una bandeja y lucir en grande un “Envasado en España”.
Conviene recordarlo:
- El envasado es solo logística
- El origen es donde el producto se ha criado, cultivado o pescado
La clave está en buscar siempre la palabra “Origen” en la letra pequeña. Si no aparece de forma clara, conviene desconfiar.
Pescado y marisco: la zona FAO sí importa
En el caso del pescado, la frescura y el impacto ambiental se esconden tras un código: la zona FAO, sistema internacional de clasificación de zonas de pesca de la FAO.
Códigos que conviene recordar:
- IXa: Galicia y Golfo de Cádiz
- VIIIc: Mar Cantábrico
- 37.1: Mediterráneo
En cambio:
- FAO 34 y FAO 41 indican zonas como Marruecos o el Atlántico suroeste
- Productos que han recorrido miles de kilómetros, aunque se vendan con nombres de origen local
Carne: nacido, criado y sacrificado
Otro error común es confiar en el código de barras 84 o en el sello ovalado “ES”. Ambos solo indican dónde se ha envasado el producto o dónde está registrada la empresa, no el origen del animal.
Para que una carne sea realmente local, la etiqueta debe indicar claramente:
- Nacido en España
- Criado en España
- Sacrificado en España
Si falta alguno de estos datos, no estamos ante un producto 100 % local, por mucho que lo parezca.
Legumbres y conservas: la materia prima manda
En productos envasados como legumbres o conservas, el engaño es aún más sutil. Muchas veces el alimento se cultiva fuera y solo se introduce en el bote en territorio nacional.
La recomendación es clara:
- Huye del simple “Envasado en…”
- Busca siempre la frase “Origen de la materia prima”
Ahí está la información que realmente importa.
El sello ECO: verde no siempre es sostenible
El sello ecológico puede inducir a error si no se lee con atención. Bajo la conocida “hojita” europea hay dos posibilidades muy distintas:
- “Agricultura NO UE”: producto ecológico, sí, pero cultivado fuera de Europa, con una huella de transporte elevada
- “Agricultura ESPAÑA”: el único rastro que garantiza menor impacto ambiental y apoyo directo al campo local
Mucho más que una compra
Leer la letra pequeña no es una obsesión ni un gesto radical. Es un acto de coherencia. Apoyar a agricultores, ganaderos y pescadores locales es defender nuestra salud, nuestro territorio y nuestra capacidad de decidir qué comemos.
Porque la soberanía alimentaria no es un eslogan:
un país que no puede alimentarse a sí mismo es un país dependiente.
La próxima vez que llenes la cesta, recuerda que la transparencia no debería ser un laberinto. Y que saber lo que compras es el primer paso para comer mejor.
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