El nuevo lugar que los viajeros incluyen en sus vacaciones no es un museo: es el supermercado

El nuevo lugar que los viajeros incluyen en sus vacaciones no es un museo: es el supermercado

Visitar supermercados en vacaciones ya es una tendencia: productos exclusivos, sabores locales y una forma barata de descubrir cómo come realmente un país.
Viajero recorriendo los pasillos de un supermercado con un carrito de compra durante sus vacaciones.
Turismo de supermercado, una nueva forma de descubrir la gastronomía local
Martes, Septiembre 29, 2026 - 12:00

Entrar en un supermercado cuando viajamos puede parecer una actividad demasiado cotidiana para formar parte de una ruta turística. Sin embargo, precisamente ahí está su atractivo. Los pasillos de un súper local permiten observar qué productos compra la población, cuáles son los sabores favoritos, cuánto cuesta la comida, qué marcas dominan las estanterías y qué ingredientes forman parte de la vida diaria.

El fenómeno tiene nombre: turismo de supermercado o grocery store tourism. En redes sociales también aparecen expresiones como supermarket safari para describir esas visitas en las que el objetivo no es llenar la despensa, sino curiosear, probar y llevarse a casa productos difíciles de encontrar en el país de origen.

Y no parece una afición minoritaria. El Hilton 2026 Trends Report señala que el 77 % de los viajeros disfruta explorando supermercados locales cuando viaja al extranjero para descubrir alimentos y bebidas auténticos. Skyscanner, por su parte, recoge en su informe de tendencias de viaje para Reino Unido que el 43 % de 2.000 viajeros británicos prevé explorar supermercados o tiendas de alimentación locales durante sus viajes.

La compra cotidiana se convierte así en una pequeña experiencia de turismo gastronómico: económica, espontánea y sin necesidad de reservar mesa.

¿Por qué visitar supermercados cuando viajamos?

Porque pocas cosas cuentan tanto sobre una sociedad como aquello que coloca en su cesta de la compra.

Un supermercado permite descubrir costumbres que difícilmente aparecen en una guía turística. El tamaño de la sección de pescado, la cantidad de alimentos fermentados, el espacio reservado al pan, las cenas preparadas, los lácteos, las conservas o los productos congelados funcionan como pistas sobre cómo se cocina y se come realmente en un destino.

Además, ofrece algo que cada vez buscan más viajeros: una experiencia cotidiana. Frente a atracciones concebidas expresamente para el visitante, el supermercado sigue siendo un espacio utilizado principalmente por quienes viven allí.

Esta nueva mirada conecta con otra tendencia que ya analizamos en Excelencias Gourmet: los grocery runs, que han convertido hacer la compra en una experiencia asociada al descubrimiento, el bienestar y el lifestyle.

Pero existe una diferencia importante. En el turismo de supermercado no hace falta que el establecimiento sea lujoso, especialmente bonito ni tenga productos premium. A veces, cuanto más normal es el supermercado, más interesante resulta para el viajero.

Un supermercado de barrio en Tokio, una gran superficie en París o una tienda de alimentación en Ciudad de México pueden revelar pequeñas diferencias culturales que pasan inadvertidas hasta que uno empieza a comparar sus estanterías con las de casa.

La caza de productos que solo existen en otros países

Hay además una segunda motivación: encontrar productos que no se venden en nuestro mercado.

Las grandes compañías internacionales no ofrecen exactamente el mismo catálogo en todos los países. Cambian sabores, tamaños, recetas, ediciones especiales e incluso envases para adaptarlos al gusto local.

Japón se ha convertido en uno de los ejemplos más famosos. Allí, una marca internacional tan reconocible como KitKat ha desarrollado a lo largo de los años numerosas versiones específicas para el mercado japonés, con sabores vinculados al matcha, el sake, el wasabi y diferentes especialidades regionales.

Lo mismo sucede con bolsas de patatas, bebidas, chocolates, galletas, helados, cereales o productos instantáneos. Basta visitar supermercados de distintos países para comprobar cómo un producto aparentemente universal puede transformarse completamente cuando cruza una frontera.

De ahí que muchos viajeros utilicen el supermercado como una especie de tienda de souvenirs comestibles. Una caja de dulces, una salsa local, unas especias, unas conservas o un paquete de snacks ocupan poco espacio en la maleta y permiten prolongar gastronómicamente el viaje una vez de vuelta a casa.

También hay un componente económico. Descubrir los sabores de un destino no tiene por qué implicar sentarse todos los días en restaurantes. Visitar supermercados, pequeñas tiendas de alimentación y mercados permite probar productos locales por unos pocos euros y complementar otras experiencias gastronómicas más elaboradas.

Es la misma evolución que está haciendo que cada vez haya más personas que elijan destinos directamente por aquello que pueden comer en ellos.

El supermercado también cuenta la historia gastronómica de un país

Detrás de la curiosidad existe una lectura más profunda. La comida es una de las formas más directas de comprender un territorio y el supermercado ofrece una fotografía de su gastronomía cotidiana.

No muestra únicamente recetas tradicionales. Enseña también cómo estas han evolucionado, qué productos internacionales se han incorporado a la dieta, cuánto peso tiene la comida preparada y de qué manera están cambiando los hábitos de consumo.

Incluso viajar por un mismo país puede ofrecer supermercados muy diferentes. Los productos regionales, las frutas de temporada, los quesos, las bebidas, los embutidos o las conservas varían en función del territorio y pueden convertirse en una puerta de entrada a especialidades que el visitante desconocía.

Por supuesto, el turismo de supermercado no sustituye a los mercados tradicionales, restaurantes, productores ni experiencias gastronómicas locales. Los complementa.

Porque descubrir una cocina también significa conocer aquello que una familia compra para desayunar, qué snack elige un adolescente, qué salsa nunca falta en una despensa o cuál es el producto preparado al que se recurre cuando no hay tiempo para cocinar.

Quizá por eso el supermercado está pasando de ser una parada de emergencia durante las vacaciones a entrar voluntariamente en el itinerario.

Después de todo, viajar consiste también en observar cómo viven los demás. Y pocas escenas son más cotidianas, y reveladoras, que mirar el carrito de la compra de un país distinto al nuestro.

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