La Edad Media está envuelta en mitos, leyendas y relatos que oscilan entre la fantasía y la realidad. Algunos resultan claramente inverosímiles —como la existencia de dragones—, pero otros, aunque adornados por el imaginario popular, esconden una explicación histórica plausible. En ese terreno ambiguo se sitúa lo que muchos consideran la primera dieta milagro de la historia, atribuida al rey Sancho I de León, de quien las crónicas aseguran que llegó a perder más de 120 kilos en apenas 40 días.
En el siglo X, Sancho I fue conocido como “el Craso”, un apodo que hacía referencia a una obesidad tan severa que limitaba su movilidad y minaba su autoridad. Más allá del estigma físico, el verdadero problema era político y militar: su peso le impedía montar a caballo y liderar a sus tropas. Esta incapacidad generó desconfianza entre la nobleza y acabó costándole el trono en el año 958, cuando fue depuesto por considerarlo incapaz de gobernar.
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La caída del rey y el inicio de una transformación extrema
Desposeído de la corona, Sancho se refugió en Navarra, donde comenzó la parte más legendaria de su historia. Según los relatos, fue allí donde experimentó una pérdida de peso drástica y casi milagrosa, que le permitió recuperar su salud, su determinación… y, finalmente, su reino.
En un contexto marcado por la llamada Reconquista, entra en escena Abderramán III, califa de Córdoba, quien, a petición de Toda de Navarra, abuela de Sancho, puso a su disposición al médico judío Hasday ibn Shaprut, una de las figuras científicas más brillantes de la época. Más que una estrategia política, el gesto parece haber respondido a la curiosidad y al prestigio médico del califato.
Una dieta… al estilo medieval
La supuesta “dieta” aplicada a Sancho dista mucho de cualquier método aceptable hoy en día. Las crónicas narran que Hasday ordenó coserle la boca, dejando solo una pequeña abertura para ingerir infusiones líquidas mediante una caña. A este ayuno extremo se sumaban ejercicios físicos extenuantes, baños de vapor para favorecer la sudoración y masajes intensos para tratar los excesos de piel. Todo ello durante cuarenta días.
Fin de la historia: Sancho I recuperó su trono
Como toda buena historia medieval, el relato concluye con un final feliz: Sancho recuperó el trono de León, ayudado no solo por su transformación física, sino también por el respaldo militar de Abderramán III, con quien mantuvo una alianza estratégica clave para su restitución.
Sin embargo, más allá del mito, es probable que esta dieta extrema sea una exageración o una fábula más de la historiografía medieval. Lo que sí perdura es la lectura simbólica del relato: la transformación personal, la disciplina y el cuidado de la salud como pilares del liderazgo. Porque, incluso en la Edad Media, el poder también comenzaba por el cuerpo.
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