Así se comía en la Edad Media, según El Caballero de los Siete Reinos

Así se comía en la Edad Media, según El Caballero de los Siete Reinos
La comida medieval no era tan oscura ni miserable como nos han contado. Descubrimos qué comían realmente en la Edad Media, desmontamos mitos sobre su gastronomía y proponemos platos inspirados en El Caballero de los Siete Reinos para saborearla hoy.
Así se comía en la Edad Media, según El Caballero de los Siete Reinos
Así se comía en la Edad Media, según El Caballero de los Siete Reinos
Jueves, Enero 29, 2026 - 17:00

Gallineros portátiles, empanadas que funcionaban como tupper, pan durísimo de supervivencia y banquetes sin frontera entre lo dulce y lo salado. La comida medieval fue mucho más compleja, y sabrosa, de lo que la ficción nos ha hecho creer.

Con el estreno de El Caballero de los Siete Reinos en HBO Max, la nueva serie ambientada en el universo de George R. R. Martin, viajamos a la despensa imaginaria de Ser Duncan el Alto para desmontar mitos sobre la gastronomía del medievo y proponer tres recetas inspiradas en aquella época para acompañar una maratón de episodios.

Durante años, la cultura popular ha insistido en una imagen oscura de la Edad Media: platos marrones, carne dudosa y gente royendo huesos a la luz de una antorcha. Sin embargo, los estudios históricos lo desmienten.

Especias, carne y estatus en la Edad Media: desmontando mitos

Uno de los grandes errores históricos es pensar que las especias se usaban para disimular carne en mal estado. Nada más lejos de la realidad.
Quien podía permitirse pimienta, canela o nuez moscada, productos carísimos importados desde Asia, podía comprar también la mejor carne del mercado. Las especias eran sabor… y poder.

Tampoco es cierto que los campesinos vivieran solo de coles. La matanza del cerdo, celebrada una vez al año, aseguraba proteína durante meses y permitía aprovechar absolutamente todas las partes del animal.

Comer viajando: la despensa del caballero errante

Ser Duncan el Alto es un personaje itinerante, y eso condiciona su forma de alimentarse. Aunque la figura del “caballero errante” es más literaria que histórica, los viajes medievales exigían alimentos resistentes.

Entre los más habituales:

  • Carnes secas
  • Quesos curados
  • Frutos secos
  • Pasteles salados
  • Bizcocho medieval (pan cocido dos veces, duro y sin apenas humedad)

El agua, además, solía mezclarse con vino o vinagre para retrasar su deterioro. Y sí: algunos viajeros llevaban gallineros portátiles para disponer de huevos frescos durante el trayecto.

Los grandes banquetes eran la máxima expresión del lujo. No se medía tanto por el ingrediente como por la elaboración, la complejidad y la puesta en escena.

Platos enormes, colores intensos, decoraciones exageradas y una convivencia constante entre lo dulce y lo salado. No existía una división clara entre platos principales y postres: el menjar blanch, por ejemplo, era una especie de arroz con leche… con pollo.

Aunque no existían tenedores, el protocolo era estricto. Antes y después de comer se utilizaba el aguamanil para lavarse las manos. Durante el banquete, cuencos con agua de rosas servían para limpiar los dedos… y también como ingrediente culinario, una práctica que hoy sobrevive en algunas cocinas orientales.

Tres recetas de inspiración medieval para tu maratón

El “bizcocho” del viajero (la barrita energética del medievo)

Pan de doble cocción enriquecido con frutos secos y semillas, horneado, rebanado y vuelto a secar hasta quedar crujiente. Puedes aromatizarlo con agua de azahar o higos secos para un guiño histórico.

La empanada, el primer tupper de la historia

Masa de pan rellena de carne bien condimentada. Contundente, portátil y diseñada para comerse sin cubiertos. Perfecta entre capítulos.

Cordero asado con hierbas, manjar de posada

Sencillo, intenso y atemporal. Ajo, romero y paciencia. Un plato que ha sobrevivido siglos y sigue funcionando hoy.

La gastronomía medieval: ingenio, símbolos y poder en la mesa

La gastronomía medieval no fue primitiva: fue ingeniosa, simbólica y profundamente ligada al contexto social. El Caballero de los Siete Reinos nos ofrece una excusa perfecta para redescubrirla desde el placer, la curiosidad y el paladar.

Ahora solo falta encender la pantalla, servir una copa de vino, o agua con vinagre para los más puristas, y dejar que la historia se cueza, como siempre, alrededor de una mesa.

Otras series gastronómicas

Buscar