¿A qué sabe un tulipán? La Patagonia crea un espumante inédito con pétalos de la flor

¿A qué sabe un tulipán? La Patagonia crea un espumante inédito con pétalos de la flor

Un enólogo de Chubut crea una bebida espumante a partir de pétalos de tulipanes rojos y lleva la experimentación de la Patagonia a un territorio inédito.
Pétalos de tulipán rojo deshidratados y botellas de espumante elaborado en la Patagonia argentina
Espumante de pétalos de tulipán elaborado en la Patagonia argentina
Martes, Septiembre 8, 2026 - 14:00

Desde Chubut, el enólogo Darío González Maldonado lleva la experimentación en climas fríos un paso más allá con una bebida espumante nacida de pétalos de tulipanes rojos. El proyecto, que será presentado en octubre en Trevelin, resume casi treinta años de trabajo en uno de los territorios más australes de la vitivinicultura argentina.

¿Qué ocurre cuando un enólogo que lleva casi treinta años trabajando en los límites de la vitivinicultura argentina decide mirar más allá de la uva?

En El Hoyo, provincia de Chubut, la respuesta ha terminado dentro de una botella. El ingeniero agrónomo y enólogo Darío González Maldonado ha desarrollado una bebida espumante elaborada a partir de pétalos de tulipanes rojos, una creación que el propio profesional considera inédita a nivel mundial.

Según explicó González Maldonado a la periodista Sonia Renison, de Tiempo Argentino, no conoce experiencias anteriores equivalentes, ni siquiera en países históricamente vinculados al cultivo del tulipán como Países Bajos. La afirmación parte del propio creador y convierte al proyecto en una curiosidad difícil de ignorar: aplicar técnicas de elaboración de espumosos a una flor convertida en uno de los grandes símbolos turísticos de la Patagonia chubutense.

La presentación está prevista para el Día de la Madre en Argentina, el 18 de octubre de 2026, en Tulipanes Patagonia, el conocido campo de la familia Ledesma en Trevelin. El escenario no podría resultar más coherente. Cada primavera austral, millones de tulipanes transforman esta localidad situada al pie de la cordillera en uno de los paisajes más fotografiados de Chubut.

Pero detrás de la postal de flores, montañas y copas hay bastante más técnica de lo que podría parecer.

Pétalo por pétalo: así se transforma un tulipán en una bebida espumante

El proceso comienza con la propia flor. Los tulipanes se recolectan y atraviesan una deshidratación parcial. Después comienza una selección especialmente meticulosa en la que se eliminan las partes verdes y cualquier elemento no deseado hasta revisar prácticamente pétalo por pétalo.

A partir de ahí empieza la transformación. Los pétalos se someten a una maceración para obtener un líquido base. Sobre él se realizan ajustes de parámetros como azúcares y acidez antes de provocar una primera fermentación.

Posteriormente llega uno de los pasos que más acerca el procedimiento a la elaboración clásica de los vinos espumosos: una segunda fermentación en botella.

Terminada esa fermentación, las botellas pasan a pupitres para favorecer que los sedimentos generados por las levaduras se desplacen hacia el cuello. Después llega el degüelle: se congela la zona en la que se han acumulado las lías, se abre la botella y la propia presión expulsa ese pequeño tapón congelado antes del cierre definitivo con corcho y bozal.

Es, en esencia, una aplicación del método tradicional de segunda fermentación en botella, aunque la materia prima de partida sea radicalmente distinta de la habitual.

González Maldonado explica además que no incorpora licor de expedición a sus elaboraciones de este tipo. Su intención es conseguir perfiles que él identifica con los estilos brut nature o nature, buscando que la materia prima conserve el mayor protagonismo posible.

Ese enfoque no comenzó con el tulipán. El enólogo lleva años experimentando en Patagonia con sidras y bebidas espumantes de manzana, frambuesa y otras frutas. La flor introduce, sin embargo, una dificultad añadida: prácticamente no existe un modelo previo al que recurrir.

Y ahí reside buena parte de la singularidad del proyecto.

No se trata de un vino de uva aromatizado posteriormente con flores, sino de una bebida fermentada cuya elaboración parte de los propios pétalos del tulipán. La precisión es importante: aunque comparte técnicas con la elaboración de espumosos, no debe confundirse automáticamente con un vino espumoso convencional.

La Patagonia, un laboratorio para la vitivinicultura de clima frío

El experimento resulta mucho más comprensible cuando se observa la trayectoria de su creador.

Darío González Maldonado nació en San Juan, se formó en la Universidad Nacional de Cuyo y lleva casi tres décadas desarrollando y asesorando proyectos en diferentes territorios patagónicos. Su trabajo se extiende por Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, una geografía en la que producir vino exige adaptarse a condiciones muy diferentes de las grandes regiones vitivinícolas tradicionales de Argentina.

Su especialidad ha sido precisamente trabajar allí donde cultivar la vid parecía menos evidente.

La experiencia comenzó como director de Patagonia Wines, uno de los proyectos pioneros de la región. Con el tiempo, González Maldonado se especializó en el desarrollo de viticultura de clima frío, acompañando a productores desde la selección y planificación del terreno hasta la elaboración final.

“No tengo bodega propia, soy asesor técnico y consultor”, explica el enólogo. Sus productos se elaboran actualmente en la Bodega Ayestarán Allard, en El Hoyo, localidad conocida como capital de la fruta fina.

La consolidación vitivinícola de Chubut ha sido una de las historias más interesantes del vino argentino reciente. Excelencias Gourmet ya recorrió el crecimiento de Chubut como territorio vitivinícola y enoturístico, una provincia donde las bajas temperaturas, la amplitud térmica y los largos días estivales están dando lugar a vinos con perfiles propios.

También el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina ha estudiado durante años la adaptación de diferentes variedades al frío patagónico. Las condiciones extremas obligan a trabajar con ciclos vegetativos más cortos, pero pueden favorecer una buena acidez natural, frescura y expresión aromática.

En ese territorio, González Maldonado ha desarrollado vinos, sidras y diferentes bebidas fermentadas mientras avanzaba hacia latitudes cada vez más australes. Su experiencia alcanza incluso Tierra del Fuego, donde se han realizado ensayos vitícolas en condiciones que hace apenas unas décadas habrían parecido impensables para la producción de vino.

La experimentación con tulipanes aparece así menos como una extravagancia aislada y más como la continuación de una misma pregunta: ¿qué puede producir la Patagonia cuando el conocimiento enológico se aplica sin dar por sentados los límites de la materia prima?

Cuando el paisaje de Trevelin termina dentro de una botella

Trevelin aporta al proyecto algo que va bastante más allá de los pétalos.

El cultivo de tulipanes se ha convertido en una auténtica seña de identidad turística de la zona. Cada primavera, los campos se cubren de millones de flores frente a las montañas de la cordillera y atraen a viajeros que llegan expresamente para contemplar un paisaje que apenas existe durante unas semanas.

En 2026, el campo de tulipanes de Trevelin tiene prevista su apertura del 7 de octubre al 7 de noviembre. En mitad de esa temporada llegará la presentación del nuevo espumante, estableciendo una conexión directa entre producto, paisaje y turismo.

Y posiblemente ahí se encuentre la parte más interesante de toda esta historia.

En una época en la que el mundo del vino habla constantemente de terroir, identidad y origen, González Maldonado ha decidido interpretar el territorio desde una materia prima distinta. No pretende sustituir al vino ni competir con él, sino utilizar herramientas aprendidas durante décadas como enólogo para transformar algo profundamente asociado a un paisaje concreto.

Los espumantes tienen, además, una larga tradición en Iberoamérica. Como ha repasado Excelencias Gourmet al recorrer los espumosos y espumantes iberoamericanos, Argentina ocupa desde hace décadas un lugar destacado en este universo, tradicionalmente a partir de variedades como Chardonnay, Pinot Noir, Malbec o Torrontés.

Aquí, sin embargo, no hay Chardonnay ni Pinot Noir.

Hay pétalos rojos.

El proyecto plantea así otra pregunta estimulante: ¿hasta dónde llega realmente el oficio de un enólogo?

Para González Maldonado parece llegar bastante más allá de la uva. Su perfil experimental y su trayectoria le han llevado además a ser elegido como integrante del jurado de Argentina Spirits Awards 2026, previsto para octubre en Mendoza con especialistas nacionales e internacionales.

Pero probablemente ninguna medalla ni nombramiento explique mejor su manera de entender el oficio que esta pequeña elaboración nacida entre flores patagónicas.

Durante décadas, Patagonia ha ido demostrando que se puede hacer vino donde antes parecía demasiado frío, demasiado remoto o demasiado extremo. Chubut es hoy un ejemplo claro. El vino argentino hace tiempo que dejó de explicarse únicamente desde Mendoza, y el avance hacia el sur ha añadido nuevos paisajes y estilos al mapa vitivinícola del país.

Ahora, desde El Hoyo, alguien ha decidido llevar esa lógica un poco más lejos. Primero fueron las uvas. Después las manzanas y las frambuesas. Ahora, hasta los tulipanes de la Patagonia quieren fermentar.

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