La relación entre hotel de lujo y gastronomía vive un momento de clara expansión. Cada vez más, los hoteles cinco estrellas —tanto de grandes cadenas como de propiedades independientes— apuestan por convertir sus restaurantes en auténticos destinos gastronómicos, capaces de atraer viajeros más allá del alojamiento. Todo apunta a que 2026 será un año especialmente relevante, con nuevas aperturas que refuerzan el papel de la cocina como eje de la experiencia turística de alto nivel. En mercados consolidados como Estados Unidos y Reino Unido, esta tendencia se refleja en proyectos como Aman New York, que amplía su propuesta culinaria en el emblemático edificio Crown de la Quinta Avenida, o Raffles London at The OWO, que continúa posicionándose como uno de los polos gastronómicos más destacados de la capital británica.
Desde la mirada de especialistas en viajes de lujo personalizados como Atlantida Travel, este fenómeno responde a un cambio profundo en el perfil del viajero premium, para quien la gastronomía ha dejado de ser un complemento del viaje y se ha convertido en uno de sus principales motores.
“La cocina se ha transformado en una forma de entender el destino: el viajero de lujo busca autenticidad, identidad local y experiencias que conecten el relato gastronómico con el lugar que visita”.
Experiencias culinarias que definen el nuevo viaje de lujo
Esta evolución se extiende también a Asia, donde nuevas aperturas hoteleras integran la oferta gastronómica como parte esencial del proyecto desde su concepción. Ejemplo de ello es el nuevo Rosewood Hangzhou, en China, que combina diseño, paisaje y una propuesta culinaria diversa con varios espacios gastronómicos, o el esperado Four Seasons Hotel Hanoi, situado junto al lago Hoan Kiem, que reflejará la vitalidad culinaria de la capital vietnamita a través de restaurantes, lounges y un bar en la azotea. En estos casos, la restauración deja de ser un servicio accesorio para convertirse en un elemento estructural del hotel, alineado con su arquitectura, su entorno y su identidad cultural.
En España, esta tendencia se refuerza con proyectos que combinan hospitalidad de alto nivel y propuestas gastronómicas diversas. La próxima apertura del Mandarin Oriental Punta Negra, en Mallorca, apunta a consolidarse como un referente para el viajero más sibarita, reuniendo conceptos culinarios de inspiración internacional junto a interpretaciones contemporáneas del recetario mediterráneo, en un enclave donde el paisaje y la cocina dialogan de forma natural.
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La sostenibilidad será otro de los pilares que marcarán la gastronomía de lujo en 2026. Hoteles como Soneva, Six Senses o Banyan Tree demuestran que la excelencia puede convivir con el producto de proximidad, la pesca responsable y la reducción del desperdicio alimentario, incluso en ubicaciones remotas. A este escenario se suma la creciente conexión entre reconocimientos gastronómicos y distinciones hoteleras, que refuerzan una lectura integral del lujo entendida no como un conjunto de servicios aislados, sino como una experiencia global cuidadosamente diseñada.
Lejos de tratarse de una moda pasajera, la apuesta por la gastronomía en los hoteles de lujo se consolida como una estrategia estructural del sector. Una evolución que seguirá marcando el rumbo del turismo premium en los próximos años, donde el viaje se construye cada vez más alrededor del producto, del territorio y de la historia que cada destino es capaz de contar a través de su cocina.