Muere Dolly Parton: de los fogones de su madre a un legado de cocina sureña

Muere Dolly Parton: de los fogones de su madre a un legado de cocina sureña

Dolly Parton muere a los 80 años dejando, junto a su música, un legado de cocina sureña construido con recetas familiares, libros, productos y filantropía.
Dolly Parton en una cocina, con delantal floral y una bandeja de galletas recién horneadas.
La faceta gastronómica de Dolly Parton, estrella de la música country
Miércoles, Agosto 26, 2026 - 11:00

“Cocinar es como escribir una canción”. Dolly Parton encontraba pocas diferencias entre ponerse delante de una hoja en blanco y entrar en una cocina: en ambos lugares había que elegir ingredientes, combinarlos bien y conseguir que el resultado despertara algo en quien lo recibía. La artista estadounidense, fallecida el 25 de agosto a los 80 años, deja uno de los grandes cancioneros de la cultura popular, pero también un legado gastronómico mucho menos conocido fuera de Estados Unidos.

Porque la comida nunca fue para Parton una afición incorporada a su personaje cuando ya era famosa. Estaba allí mucho antes que los escenarios, los discos y las lentejuelas. Nació en Tennessee el 19 de enero de 1946 y fue la cuarta de doce hermanos de una familia con muy pocos recursos, donde conseguir que la comida alcanzara para todos exigía tanta habilidad como imaginación.

De aquella casa saldrían muchas de las historias que después convertiría en canciones, pero también las recetas que continuó cocinando durante toda su vida. Macarrones con zumo de tomate, pollo con dumplings, biscuits, pan de maíz, pudin de plátano, pastel de carne, jamón o costillas a la barbacoa formaban parte de un universo culinario que Dolly Parton nunca quiso abandonar.

“Dios, la música y la comida eran las tres cosas más importantes en nuestra familia”, recordaba al hablar de su infancia. Y quizá ninguna frase explique mejor por qué, después de convertirse en una estrella internacional, siguió reivindicando con orgullo la cocina sencilla y contundente del sur de Estados Unidos.

La cocina de su madre: el sabor que Dolly Parton nunca dejó atrás

Buena parte de aquella memoria gastronómica tenía nombre propio: Avie Lee Parton, su madre. En una familia de catorce personas, cocinar era una cuestión doméstica pero también una forma cotidiana de cuidar, aprovechar y alimentar.

Dolly recordaba especialmente unos macarrones con zumo de tomate que su madre preparaba cuando alguno de los niños estaba enfermo. Una receta humilde que para ella terminó convertida en algo parecido a una medicina familiar. No importaba tanto su complejidad como todo lo que representaba.

También permanecieron en su memoria las mesas de sus abuelos y bisabuelos, que cocinaban para los trabajadores de los campos de tabaco, heno y maíz. Los niños esperaban impacientes poder mirar debajo de los manteles que protegían tartas, pasteles y otros platos mientras aguardaban a ser servidos.

Esa forma de entender la mesa explica buena parte de la personalidad gastronómica de Parton. Su cocina nunca pretendió reinventar el sur estadounidense; pretendía recordar de dónde venía.

Pollo con dumplings, pan de maíz hecho en sartén de hierro, tomates verdes fritos, meatloaf, macarrones con queso, biscuits con jamón o pudin de plátano fueron apareciendo una y otra vez en sus recetarios, entrevistas y proyectos culinarios.

También se hizo conocida su llamada cena de las cinco capas, una elaboración de absoluta economía doméstica preparada con capas de patata, carne picada, cebolla, tomate y pimiento. Pocos ingredientes, horno y una lógica muy reconocible para cualquiera que haya tenido que cocinar para muchos sin disponer de demasiado.

Era, en definitiva, comfort food mucho antes de que la expresión se convirtiera en una categoría recurrente de la gastronomía contemporánea.

De las recetas familiares a los libros, los supermercados y hasta su propio café

Dolly Parton terminó convirtiendo aquellas recetas domésticas en un verdadero proyecto gastronómico.

En 2006 publicó Dolly's Dixie Fixin's: Love, Laughter, and Lots of Good Food, su primer gran recetario. El libro reunió 125 recetas procedentes de su madre, su suegra, las cocinas vinculadas a Dollywood y sus propios viajes, construyendo una especie de autobiografía culinaria en la que las recetas convivían con fotografías y recuerdos familiares.

Había algo especialmente revelador en aquella publicación. Una de las mujeres más famosas de Estados Unidos podía permitirse prácticamente cualquier mesa, pero cuando hablaba de lo que realmente quería comer regresaba a la misma idea: comida abundante, hecha con cariño y vinculada a las reuniones de su infancia.

Casi veinte años después volvió a hacerlo. En 2024 publicó junto a su hermana Rachel Parton George Good Lookin' Cookin': A Year of Meals – A Lifetime of Family, Friends, and Food. El libro reunió más de 80 recetas y doce menús completos para diferentes momentos del año, desde Acción de Gracias hasta Navidad, y terminó convertido en un bestseller de The New York Times.

Entre sus páginas reaparecía el universo culinario de los Parton: jamón con biscuits, costillas a la barbacoa, pastel de carne, ensalada de sandía, macarrones con queso, strawberry shortcake y numerosas elaboraciones construidas alrededor de la cocina familiar. Pero Parton entendió también que aquel imaginario tenía recorrido más allá del libro.

Su colaboración con Duncan Hines comenzó con preparados de repostería y fue creciendo hasta abarcar mezclas para tartas, brownies, galletas, biscuits, pan de maíz, coberturas y otros productos. Después llegaron alimentos congelados y platos preparados inspirados en la cocina sureña.

Macarrones con queso, pollo con dumplings, shrimp and grits, estofado de ternera, pastel de carne o country fried steak trasladaron al supermercado esa misma idea de cocina que había acompañado a Parton desde Tennessee.

La trayectoria cerró prácticamente un círculo: la niña que creció en una familia donde había que conseguir que cada ingrediente alcanzara para doce hermanos terminó poniendo su nombre a una gama de alimentos basada precisamente en aquellos sabores domésticos.

Y todavía en junio de 2026, apenas dos meses antes de su muerte, Dolly Parton seguía ampliando ese universo. Presentó “Cup of Ambition”, su propia marca de café desarrollada junto a Community Coffee y bautizada con un guiño a una de las frases más reconocibles de 9 to 5.

La gama nació con tres tostados —claro, medio y oscuro— y comenzó a servirse en Dolly's Tennessean Travel Stop, otro de los proyectos con los que la artista continuaba vinculando hospitalidad, carretera, comida y cultura popular estadounidense.

Cocinar también fue su manera de ayudar

La gastronomía de Dolly Parton tuvo además una dimensión que iba bastante más allá del negocio.

Los beneficios de Dolly's Dixie Fixin's fueron destinados a través de la Dollywood Foundation a Imagination Library, el programa de alfabetización infantil que Parton había creado en 1995 inspirándose en su padre, que no sabía leer ni escribir.

El proyecto comenzó en Tennessee enviando gratuitamente libros a niños pequeños y terminó expandiéndose hasta convertirse en una de las iniciativas de promoción de la lectura infantil más reconocibles del mundo.

Así, una colección de recetas heredadas de su madre podía terminar financiando libros para otros niños. Cocina, memoria y filantropía acababan formando parte de la misma historia.

Ese vínculo permite entender por qué resulta demasiado simple presentar la faceta gastronómica de Dolly Parton como una curiosidad dentro de la biografía de una cantante. La comida fue una de las formas que utilizó para explicar quién era.

Mientras su imagen se hacía cada vez más espectacular, su cocina permanecía deliberadamente reconocible. No necesitó convertirla en sofisticada para legitimarla. Al contrario: hizo de los platos familiares, la mantequilla, el maíz, los biscuits, las tartas y las recetas transmitidas entre mujeres una forma de reivindicar sus propios orígenes.

Por eso, entre los muchos homenajes que seguirán a su muerte habrá canciones. Sonarán Jolene, 9 to 5, Coat of Many Colors o I Will Always Love You. Pero en muchas cocinas estadounidenses sobrevivirá otra Dolly.

La que recordaba cómo su madre conseguía alimentar a doce hermanos. La que convirtió unas recetas familiares en libros. La que llevó el sabor de Tennessee hasta los supermercados. La que todavía a los 80 años ponía su nombre a un café. Y la que entendía que una comida podía conservar una historia tan bien como una canción.

“Cocinar es como escribir una canción”. Dolly Parton hizo ambas cosas durante toda su vida. Y consiguió que muchas de ellas quedaran para después.

Muere Dolly Parton: su legado gastronómico y cocina sureña
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