La inacabable especialización hotelera

Creado: Dom, 28/07/2013 - 18:02
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Fuente: Blog de Francisco Muñoz Escalona
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A lo que les debo responder que no, que los hoteles no son turismo, los hoteles son un componente o input del turismo, como las ruedas son un componente de los automóviles. Aclarada la duda, entramos en materia.

Los hoteles son la forma más exitosa y generalizada de los negocios que prestan servicios de alojamiento con carácter lucrativo. Pero no son los negocios alojadores más antiguos. Los primeros alojamientos eran muy simples, tal vez una habitación en la misma vivienda del propietario donde se alojaban uno o más huéspedes. Pronto surgieron los mesones, esos viejos establecimientos donde podían pernoctar los viajeros y estabular el jumento en el que viajaban, si lo tenían. En algunos mesones incluso se podía comer y beber. Carecían de letrinas y el agua había que sacarla del pozo del corral con cubo, cadena y polea. También había ventas.

La venta que figura en el Quijote queda perfectamente caracterizada en la obra de Cervantes. El hidalgo y su escudero durmieron en un cuarto colectivo, escenario del encuentro amoroso de Maritornes con un arriero y de la trifulca que se armó entre todos por mor de un mal entendido. Ventas y mesones cohabitaron con las posadas primero y con las fondas más tarde. En el Madrid del Siglo de Oro, en las posadas solo se podía dormir y si el huésped aspiraba a una refacción tenía que adquirir él mismo las viandas en el mercado, pues el mesonero tan solo estaba legalmente autorizado a cocinarlas, no a venderlas.

En los países más adelantados, los alojadores se percataron de que las grandes casonas palaciegas de los nobles arruinados podían ser acondicionadas para ofrecer servicios de alojamiento con aspiraciones al lujo y al confort. En Francia, esos palacios se llamaban hoteles y de ahí les viene el nombre. Supusieron los inicios de la hotelería moderna cuyos servicios de pernoctación podían ir acompañados con los de restauración. La fórmula francesa se difundió por los países europeos y americanos pero la excelencia estuvo radicada durante varias décadas en el país galo, sobre todo en París. El gerente hotelero suizo Edmund Guyer-Freuler, en su obra Das Hotelwesen der Gegenwart (1905) (Lo esencial de la hotelería actual) nos ilustra que los hoteles son “la forma de prestación de servicios de alojamiento que corresponde al turismo moderno ejecutada con personal experto y en edificios especiales dotados de las instalaciones adecuadas para ello.

La ciudad de Madrid, hoy un destino turístico relevante, carecía de hoteles de excelencia en la fecha citada, carencia que se evidenció presentando un problema de protocolo para alojar a los invitados a la boda de Alfonso XIII. Fue este rey quien promovió años después la construcción de los hoteles Ritz y Palace en la plaza de Neptuno.

Los alojamientos de lujo carecían en sus comienzos de agua corriente y baño privado, razón por la cual el príncipe de Gales viajaba con una bañera plegable en su bagaje. La dotación de agua corriente y baño privado empezó por los hoteles y hoy no hay alojamiento de cierto nivel que carezca de estos servicios. El teléfono en las habitaciones fue la siguiente conquista. Algo más tardó la instalación de radio y televisión en las habitaciones.

Más reciente es el acceso a Internet en las habitaciones, un servicio que pronto será prestado incluso en los alojamientos más modestos. La mejora de las instalaciones hoteleras se llevó a cabo como consecuencia del aumento de la demanda pero la especialización que se había iniciado en el siglo XVIII estaba llamada a experimentar un proceso exponencial a partir del siglo XX. Un proceso que no tiene visos de parar en el futuro.

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