¡Vuelven los carros de comida!

Creado: Lun, 27/01/2014 - 03:36
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Por: Chef Patricia McCausland-Gallo
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¡Vuelven los carros de comida!

La historia podría llevarnos a pensar que los carros de comida callejera son un producto del pasado o tal vez de los lugares menos civilizados. Sin embargo, hoy estamos volviendo a verlos en las calles de las ciudades más grandes del primer mundo y en las portadas y revistas famosas de negocios y de gastronomía.

Ya en la antigua Roma y Egipto existían cocinas públicas o restaurantes donde debían alimentarse los transeúntes y las personas de escasos recursos.

En Pompeya se vendían en las calles comidas variadas. En Egipto los vendedores de pan aún se movían dentro del tumulto de gente de las plazas, caminando con las canastas llenas de pan o montados en simples bicicletas de calidad básica.

En China se sigue vendiendo el almuerzo de millones de habitantes en las calles, donde se montan tiendas móviles con aceites humeantes, de olor peculiar, y que ofrecen desde culebras hasta arepas en palitos para llevar o comer allí de pie.

Ahora, en el siglo XXI, cuando el mundo es más pequeño que nunca y la comunicación nos acerca cada vez y con más tecnología, queremos encontrar nuestra propia identidad. Buscamos nuestras raíces donde sea que vivamos.

Los carros de comida callejeros, creados por una necesidad de ganarse el sustento diario con poco dinero, representan una cocina auténtica para muchos expatriados. Y en este nuevo siglo, los llamados Millenials, los jóvenes nacidos entre 1984 y 2004, tienen sed de cultura, de saber más sobre tierras que han conocido con la inmediatez de la televisión satelital y a la velocidad del internet.

Estamos volviendo a los tiempos donde la gente caminaba por los barrios, comía en las calles y socializaba públicamente. No hace mucho era muy mal visto el caminar con comida en la mano y peor aún comiendo. Hoy apenas alcanza el tiempo para comer y trabajar, y por esto aparecieron y crecieron geométricamente los establecimientos de comidas rápidas.

Podríamos decir que los carros de comida callejeros son comida aun más rápida.

En ciudades cosmopolitas, como Nueva York, en la calle podemos comer desde hotdogs hasta papusas; y en París, subiendo a la Saint Chapelle, los famosos crepes y los gaufres empolvados en azúcar glace.

En el Medio Oriente encontramos carritos de comida con los kebabs, untados de salsas exquisitas; en México los tacos, tamales y mucho más; en Colombia los pandebonos y las arepas horneadas al carbón o en hornos de pizza conectados a cables eléctricos; en Buenos Aires toda clase de nueces en vasitos de papel; en Madrid vemos cómo en invierno asan y venden castañas en las calles frías de la ciudad para saciar los paladares de turistas y locales.

También, en muchísimos lugares alrededor de los territorios gastronómicos del mundo, las fiestas culturales son festejadas con platos propios vendidos en las calles.

En el carnaval de Panamá se ofrece la carne en palito. En el de Barranquilla venden butifarra. En el Mardi-Gras de Nueva Orleans el Po-Boy; y en el de Río de Janeiro el espetinho.

Para cerrar las fiestas en unos países sirven sancochos y en otros sopa de patica de gallina. En otras partes paticas de cerdo.

¿Qué tienen en común muchos de estos platos callejeros? La historia de una mezcla de razas que se encuentran, aprenden a comer productos que desechaban las altas clases sociales, y que poco a poco llegan a formar parte de la dieta de todas las esferas económicas.

Lo que en un momento fuera el sustento de pueblos costeros en el Perú, es hoy un plato que no puede faltar en celebraciones especiales al igual que en plazas de mercado: el ceviche.
Las partes del cerdo que quedaban inutilizadas, hoy se comen como productos de preparación artesanal a precios muy altos, el boudin blanc, la morcilla.

Los dulces que se venden en Colombia y otros países latinos fueron traídos por esclavos africanos y hoy los venden en fiestas como la Semana Santa. En otras fechas son difíciles de conseguir. Igualmente sucede en otros países como en México para el Día de los Muertos, con el Pan del Muerto.

Los platos corrientes de unos son hoy manjares exóticos para otros. Las ventas de estos en carritos o móviles de la calle los elevan a conocimiento de turistas y gastrónomos interesados en aprender de este mundo, que hemos conocido gracias a las comunicaciones instantáneas y que en el mismo momento crea interés y sentido de pertenencia a la población creciente.

Los carros de comida también están siendo parte de los mercados ambulantes que se forman en determinadas fechas y espacios de las ciudades más cosmopolitas.

Incluso hay festivales de cocina de carritos. Estuve en uno en Nueva York donde había cocina de todas las razas inmigrantes y habían cerrado toda la avenida 6ta Avenue de Manhattan.

La Asociación de Vendedores Ambulantes de Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Philadelphia y Nueva Orleans tienen un concurso anual donde les sacan a todos a un gran parque para que la gente venga, compre, pruebe y escoja a su ganador.

Estos programas se realizan para patentizar la gratitud y el respeto que se merecen estas personas, las cuales ofrecen desde el desayuno y el café de la mañana, hasta el paraguas cuando llueve.

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