El futuro del vino se aprende entre cepas: la escuela rural que está transformando El Bierzo

El futuro del vino se aprende entre cepas: la escuela rural que está transformando El Bierzo

El Bierzo impulsa el relevo generacional con formación práctica en viticultura sostenible, recuperación de suelos y acceso profesional al campo.
Participantes del Programa CULTIVA conversan en un viñedo de El Bierzo durante una jornada de formación práctica en viticultura.
Formación vitivinícola del Programa CULTIVA en El Bierzo
Tuesday, July 28, 2026 - 19:00

El futuro del vino no se decide únicamente en las aulas ni en los laboratorios. También se construye entre cepas viejas, observando el suelo, aprendiendo a podar y escuchando a quienes llevan años demostrando que una explotación agraria puede ser rentable, sostenible y profundamente unida al territorio.

El Bierzo se está convirtiendo en un auténtico laboratorio al aire libre para el relevo generacional. Programas estatales como CULTIVA y experiencias locales como Agroméntoring comparten una misma idea: para atraer nuevos profesionales al campo no basta con explicarles la agricultura; hay que permitirles vivirla.

¿Qué aprenden los jóvenes viticultores con CULTIVA?

El Programa CULTIVA, impulsado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, financia estancias formativas de entre cinco y catorce días en explotaciones agrarias consideradas modelo por su innovación, sostenibilidad, gestión o capacidad para transmitir conocimiento.

Está dirigido principalmente a profesionales agrarios menores de 41 años y a personas incorporadas recientemente al sector. Durante la edición en curso, 54 jóvenes pasarán por explotaciones de la provincia de León relacionadas con la viticultura, la agricultura ecológica, la apicultura y la ganadería extensiva.

Una de esas explotaciones es Bodega Demencia, en Villafranca del Bierzo. Su proyecto se centra en la recuperación de viñedos históricos, el manejo sostenible de las cepas y la regeneración de suelos, cuestiones decisivas en un territorio donde el viñedo viejo forma parte tanto del patrimonio económico como del paisaje.

La formación no consiste solo en observar. Los participantes entran en contacto con el trabajo cotidiano de la explotación, conocen sus decisiones técnicas y descubren soluciones que después pueden trasladar a sus propios proyectos.

El conocimiento agrario más valioso no siempre está escrito en un manual: muchas veces se encuentra en una parcela, en una decisión tomada a tiempo o en la experiencia compartida por otro profesional.

De alumnos a compañeros: aprender intercambiando experiencias

El responsable de Bodega Demencia, Nacho León, y el presidente de la Fundación San Isidro Micas, José Manuel Miguel Castrillo, entidad colaboradora del programa, coinciden en que CULTIVA va mucho más allá de una formación convencional.

La clave está en el intercambio directo entre profesionales. Quien recibe al joven explica qué ha funcionado, qué errores ha cometido y cómo ha adaptado su explotación a problemas reales como la pérdida de fertilidad, el abandono de parcelas, las enfermedades de la vid o la irregularidad climática.

Este modelo permite que las buenas prácticas no se queden aisladas en una sola finca. La recuperación del viñedo viejo, el cuidado de la biodiversidad o la mejora de la vida del suelo pueden replicarse, con las adaptaciones necesarias, en otras explotaciones.

El subdelegado del Gobierno en León, Héctor Alaiz, ha defendido precisamente este aprendizaje sobre el terreno como una herramienta para mejorar la competitividad, facilitar la incorporación de nuevas técnicas y fijar población en el medio rural.

Agroméntoring: recuperar tierras para crear nuevos agricultores

CULTIVA no es la única experiencia que ha convertido El Bierzo en un espacio de formación práctica. El Consejo Comarcal impulsó también Agroméntoring, integrado en el proyecto Comanda en Ruta y desarrollado en una finca del Banco de Tierras situada en Villadepalos, en el municipio de Carracedelo.

Cinco participantes, tres mujeres y dos hombres,  recibieron durante cinco meses formación teórica y práctica en horticultura, acompañada de un contrato de media jornada. La parcela, que se encontraba en desuso, se transformó en un espacio productivo y formativo con cultivos como pimiento del Bierzo, tomates, cebollas, judías, puerros, calabacines y verduras de invierno.

El objetivo no era impartir un curso aislado, sino preparar al alumnado para dedicarse profesionalmente a la agricultura y facilitar su posible incorporación a proyectos colectivos vinculados al Banco de Tierras, como la cooperativa Huertas del Sil.

CULTIVA y Agroméntoring representan escalas diferentes, pero ofrecen una misma respuesta a uno de los principales desafíos del campo: cómo convertir la formación en una oportunidad profesional real.

Formación, inversión y futuro para el viñedo

El aprendizaje práctico necesita ir acompañado de recursos. El respaldo al sector vitivinícola se completa con las ayudas de la Política Agraria Común y de la Intervención Sectorial Vitivinícola, destinadas, entre otros objetivos, a la reestructuración de viñedos, la modernización de bodegas, la mejora de la competitividad y la promoción del vino.

La combinación de formación, inversión e innovación resulta especialmente importante ante el cambio climático. Regenerar los suelos, conservar la biodiversidad, recuperar parcelas abandonadas y mejorar la gestión del agua ya no son asuntos secundarios: forman parte de la supervivencia futura de muchas explotaciones.

El Bierzo demuestra así que el relevo generacional no depende únicamente de convencer a los jóvenes para que regresen al campo. También exige ofrecerles conocimiento, acompañamiento, acceso a la tierra y ejemplos que demuestren que otra agricultura es posible.

Porque conservar un viñedo histórico no significa quedarse anclado en el pasado. Significa enseñar a una nueva generación a cuidarlo de otra manera. Y ahí puede encontrarse una de las claves del futuro del vino español y de la formación agroalimentaria: aprender haciendo, compartir lo aprendido y convertir la tierra en un proyecto de vida.

El Bierzo forma a los jóvenes del futuro del vino
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