Montecristo y Los Tres Mosqueteros

Creado: Dom, 21/06/2015 - 22:31
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Por: Habano-sommelier Fernando Fernández
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Montecristo y Los Tres Mosqueteros
Montecristo, la icónica marca de Habanos, cumple 80 años. Fundada en 1935, y dotada de un impresionante vitolario, es considerada hoy una de las más queridas y perseguidas en el mundo.
En su línea clásica tiene un territorio de sabor medio a fuerte. Son detonadores las letras y los números  que conforman, en general, su perfil marcario original. Sus vitolas del 1 al 5 fueron referencia para otras marcas de Habanos, desde el elegante Cervantes, el Monte No.1, el “Laguito No. 1” en galera (cepo 38 x 192 mm), hasta el pequeño y rutilante No.5, una “Perla” en vitola de galera, con dimensiones, cepo 40 x 105 mm.
El “cuarto bate” de la marca lo es el Monte No. 2, la multipremiada pirámide. Su No. 4 fue hasta hace poco la vitola más vendida en el mundo, una “Mareva” muy disfrutable. El Monte No. 3 representa una Corona en vitola de galera, un Habano muy representado en el vitolario.
La marca Montecristo se enorgullece, además, de tener el Habano parejo más largo del vitolario, el Monte A, una “Gran Corona” en galera (cepo 47  x 235 mm). Más de dos horas nos deleitamos de sus encantos. Al igual que con la Joyita, un “Laguito no. 3” en galera, el más pequeño de los Habanos (cepo 26 x 115 mm), de 15 minutos de fumada.
En 2009 se incorpora la línea Open, de territorio de sabor medio, con 4 vitolas, donde destacan el Eagle y el Máster, dos excelentes Habanos de cepo grueso muy de moda en estos tiempos. Completan la línea en Open el Regata y el Junior. 
Completa el catálogo el  Petit No. 2 (cepo 52 x 120 mm), un pequeño figurado regordete, introducido en los últimos años.
Pero el poder  de este ejército no sería grande si no tiene la presencia de la familia de los  Edmundos: Petit Edmundo, Edmundo y el más reciente Doble Edmundo, lanzado en 2013. Habanos modernos muy calificados por la prensa especializada.
 
Las obras y sus intérpretes
Devenido su nombre de la popularidad de la novela de Alejandro Dumas -requerida por los torcedores ante el lector de tabaquería-, Montecristo es el símbolo de la fuerza de los Habanos. Las capas y las espadas que lo simbolizan representan las dos obras cimeras del género de aventura de este gran escritor francés, El Conde de Montecristo y Los Tres Mosqueteros. Es este también el origen del nombre con el que se bautizó la apreciada familia de los Edmundos.
Mirando el contenido de la obra me he recreado en la interpretación de tres vitolas muy reconocidas en el mundo de Montecristo y de los Edmundos, marca que salió como Edición Limitada en el 2003 y que al año siguiente ya era un tabaco de línea de la marca. Posteriormente, en 2007, se crea el Petit Edmundo, y en el 2013 sale el Doble Edmundo. Ellos son los intérpretes Athos, Portos y Aramis, todos a la conquista en el maridaje de uno de los vinos más interesantes de Napa Valley.
Se trata del M de Mondavi, de Michael Mondavi and Family, un Cabernet Sauvignon bien plantado con ganas de dar batalla, proveniente de un viñedo de suelos volcánicos. Es un vino intenso, tánico, con deliciosa fruta, potente y de un imponente final de boca.
Para lograr que en el caso de los Habanos “todos fueran para uno y uno para todos”, escogí la tienda de tabacos del Restaurante El Aljibe. Con la presencia de tres Habano sommeliers decidimos  enfrentar el encuentro.
Comencemos por presentar a los intérpretes: la familia de los Edmundos y el M. de Mondavi Vintage 2007, de excelente añada, dotado de una noble maduración en bodega. Para domar los ímpetus del M.de Mondavi,  se oxigenó el vino en un decantador, dos horas antes del maridaje, favoreciendo la mejor expresión  olfato-gustativa.
Al Edmundo le tocó iniciar. Es un Habano con personalidad, buen tiro, aromático, con especias como la pimienta, de territorio de sabor medio. Fue ubicado el vino, que ya estaba expresivo, y comenzaron los encuentros. El Edmundo preparó la escena para el  Petit, un Habano corto pero grande en expresión. Este  pequeñín potente, intenso, de notas especiadas y un excelente tiro, se complementó en su relación con el vino, que se mostró intenso, complejo en aromas y algo cerrado. Sin embargo, el comienzo y su continuación no pudieron ser mejor.
Fue el Doble Edmundo el elegido para cerrar. Esta vitola, a diferencia del Petit, se mueve en los sabores medio, algo especiado, con notas de cacao, y final muy agradable, con amargos elegantes. Fue el menos impetuoso de los tres, pero en su segundo tercio logró amargos muy sostenidos, con un delicioso postgusto. Su riqueza gustativa fue complementada con la complejidad de aromas y sabores del M de Mondavi. Las conclusiones son evidentes. 
En efecto, el último maridaje logró empalmar con el carácter de este Cabernet Sauvignon, muy elegante. Pudieron los 3 Habanos encontrar los distintos momentos expresivos de este interesante vino, complementándose, e incrementando el placer de la relación. 
Semejante a la afamada novela de Dumas, fue un encuentro donde “todos fueron para uno y uno para todos”.

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Por: Habano-sommelier Fernando Fernández