Los estilos del Chianti

Creado: Dom, 08/03/2015 - 12:49
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Por: Sommelier René García Valdés
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Los estilos del Chianti

Chianti es sin dudas el vino más característico de Italia.  Con una historia de siglos, este producto es el predominante en Toscana pues suministra aproximadamente casi una tercera parte de todo el vino producido en esta región. La forma tradicional de su botella tipo fiasco envuelta en paja (casi sustituida debido a requerimientos comerciales) es símbolo de una trayectoria famosa e ineludible del quehacer vitivinícola de un país con tradiciones arraigadas y sólidas en la elaboración de vinos con clase.

Desde 1716, Cósimo III de Medici, Gran Duque de Toscana, instituye por decreto las primeras Denominaciones de Origen, apareciendo Chianti en ese listado.  En 1896 el Ministerio de la Agricultura de Italia declara Toscana como la primera región en producir un vino tinto con características propias. Se refería al Chianti, cuya fama y demanda crecen ya desde ese mismo siglo.

Con estos antecedentes históricos, el Chianti (pronunciado kianti) posee en la actualidad la máxima categoría en la ley del vino italiano: denominación de origen controlada y garantizada (DOCG). Y este estatus le corresponde a cualquiera de sus siete subzonas: Chianti Classico, Chianti Arentini, Chianti Colli Fiorentini, Chianti Colli Senesi, Chianti Colline Pisane, Chianti Montalbano y Chianti Rufina. Un vino elaborado en uno de estos siete territorios puede llevar en etiqueta  el nombre específico o simplemente Chianti, excepto el primero, por tener un carácter distintivo.

Chianti es un vino de mezclas. Diferentes cepas (tintas como canaiolo nero o cabernet sauvignon y blancas como trebbiano o malvasía) pueden entrar en su composición, pero debe prevalecer la excelente variedad sangiovese con mayor por ciento en  la mezcla, que de hecho aporta el sello distintivo a este vino.

La personalidad de la sangiovese en el Chianti se expresa seca y ácida en paladar, con aromas terrosos y ahumados y notas potenciadas o incipientes de tabaco, hierbas, cerezas y especias. Son clásicos también los sabores contrastantes de frutas dulces sobre tonos ácidos, curioso y primordial juego de matices que la identifican.

Sin embargo, dentro de este patrón sempiterno,  los estilos varían según sus clasificaciones en etiqueta. Cada una llevará implícita una forma de elaboración y guarda que serán determinantes, pues deciden la fuerza del Chianti y su disfrute real con el maridaje. Agrupemos estos estilos en tres clasificaciones: Chianti, Chianti Classico y Chianti Classico Riserva.

Vinos clasificados en etiqueta solo con el término Chianti presentan taninos ligeros en aquellos de añadas recientes, con cuerpo entre ligero y medio incipiente. Son los vinos más simples dentro del grupo.

Los rotulados como Chianti Classico poseen un cuerpo ligeramente más pesado, comparados con los anteriores, con fruta más expresiva y taninos un poco más descubiertos en el paladar.

De estos tres estilos que se enuncian, los Chianti Classico Riserva expresan la categoría más alta en cuanto a cuerpo. Son los más complejos, pues muestran un mejor equilibrio entre acidez y frutosidad. Evidencian golpes de intensidad tánica pero de forma sutil, con especias evidentes pero enmascarados dentro del conjunto gustativo.

Reconocer estos tres estilos nos conducirán por caminos seguros en el momento del maridaje. Los descriptores de acidez, frutosidad y tanicidad, puntos claves con altibajos de estos vinos, deberán aminorarse o potenciarse en el paladar con una elección apropiada del elemento acompañante en mesa.

Encasillar al Chianti en un solo patrón organoléptico es limitar toda su magnitud. Su verdadero disfrute dependerá totalmente de paladares capaces de apreciar sus matices diferenciadores a partir de sus rasgos comunes.
 

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Por: Sommelier René García Valdés