Chocolate: El Elegido de los Dioses

Creado: Dom, 14/08/2011 - 11:48
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Por: Isa Delgado / Fotos: Alvite
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Chocolate: El Elegido de los Dioses

Inspirador «aderezo» para las pasiones más sublimes o memorables de las culturas mayas y aztecas; leiv motiv de novelas y versiones cinematográficas; por su naturaleza afrodisíaca y su irrepetible sabor, el chocolate ha dejado de ser en nuestros días privilegio de elegidos y sí elección de quienes saben apreciar una verdadera delicatessen.

El chocolate, convertido en una delicia universal, es también símbolo, detalle y regalo como muestra de amor y de amistad. Pocas cosas sustituyen la sensación de placer y bienestar que proporciona el llamado por los Olmecas «Regalo de los dioses».

Es casualmente en el amor, donde este dulce maravilloso más se utiliza para obsequiar. Además de delicioso y sensual, nutritivo y saludable, se le atribuyen altas potencialidades afrodisíacas.

Indiscutiblemente, es el chocolate uno de los manjares más exquisitos, rico en tradiciones y es distintivo de sentimientos de amor y gratitud cuando se regala en alguna de las muchas presentaciones que tiene en la actualidad.

En barra, en manteca, en polvo, en sirope, en forma de bombones, con almendras o nueces, en licor, en forma de natilla o mezclado con leche caliente, este dulce de color mulato y sabor inefable es un favorito de todos.

Es el chocolate una tentación difícil de resistir, una bebida y golosina universal, enriquecida por las aportaciones de muchos países. En la actualidad toma muchas presentaciones para alimentar la pasión y ser obsequiado en forma de rosas, corazones, «besitos», bastones y hasta animalitos, que acomodados en elegantes estuches y cestas, constituyen elementos llenos de arte y creación, como lo que es: una suprema delicatesse.

«El chocolate es privilegio de quienes saben apreciar una verdadera delicatessen»

Su historia

Tan antigua como el mismo amor, es la historia del chocolate. En el surgimiento del cacao se fusionan leyenda y mitología para adjudicar a Quetzalcóatl, Dios del viento y protector de los aztecas, su sortilegio. De esta forma relata la historia que Quetzalcóatl al ver la falta de alimentos de los hombres, viajó al país del hijo del Sol y se robó una planta que más tarde ofreció a su pueblo: el cacaotal o cacaotero, el preciado árbol de cacao, cuyo nombre científico es «theobroma», que significa precisamente, alimento de los dioses.

Todo fue antes de la conquista, en los pueblos que hoy conforman la república mexicana. Allí, cuando el árbol dio sus frutos Quetzalcóatl lo hizo tostar, enseñó a molerlo a las mujeres, y a batirlo con agua en las jícaras, obteniendo así el chocolate, que en un principio sólo tomaban los sacerdotes y los nobles, como licor sagrado que ingerían agrio o amargo.

Con el tiempo lo fueron mezclando con miel y a la llegada de los españoles, éstos le agregaron azúcar y leche, tomándolo caliente y haciéndolo la bebida de lujo de la época colonial.

Para los mayas, el chocolate jugaba un papel especial en ceremonias religiosas y eventos sociales. En las bodas por ejemplo, tomarlo era una costumbre. Así mismo para los aztecas. Se dice que en 1519, el emperador Moctezuma II hacía servir chocolate a sus invitados españoles en suntuosas copas.

Muchos siglos después, sigue siendo el chocolate uno de los manjares más exquisitos y disfrutado en todo el mundo. Como tal es un gran placer, con frutas, almendras, licores, helado, caliente, en soufflé, fondues, mousse, budín, crepes, helados, pastitas, gelatina, fudge, galletas, jarabe, con malvavisco, con café para preparar el moka, con queso, huevo, en tarta y bizcocho. Como cobertura para nueces, almendras, flores, frutas, cacahuates o pasitas. Dulce o amargo, el chocolate es el rey y seguirá en la preferencia como regalo especial de los enamorados.

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Por: Isa Delgado / Fotos: Alvite