Zebra striping: menos copas, mejores recuerdos

Zebra striping: menos copas, mejores recuerdos

Zebra striping o cómo alternar copas y bebidas sin alcohol puede cambiar nuestra forma de beber: menos cantidad, más disfrute y mejores recuerdos.
Copas de vino y agua con gas sobre una mesa de restaurante con platos compartidos
Zebra striping: alternar vino y agua para beber mejor
Friday, July 10, 2026 - 15:45

Zebra striping. Si os soy sincero, la primera vez que leí la expresión pensé que sería el nombre de una editorial independiente o de una cafetería de especialidad en Malasaña. Nada de eso. Detrás de este nombre tan poco afortunado se esconde algo mucho más sencillo: alternar bebidas con alcohol y sin alcohol durante una misma comida.

Como ocurre con muchas tendencias, es probable que el término desaparezca antes que la costumbre. Lo verdaderamente interesante no es el anglicismo, sino lo que revela sobre nuestra forma de disfrutar. Porque, aunque el nombre sea nuevo, la sensación de que estamos aprendiendo a beber de otra manera lleva ya algún tiempo entre nosotros.

Tengo que reconocer que durante un tiempo pensé que esta sensación era propia de pasar la barrera de los 40, pero no. Es transversal. También ocurre en generaciones más jóvenes. Curiosamente, lo veo menos en las más adultas, jejeje.

Beber menos no significa disfrutar menos

Durante muchos años entendimos que una buena comida terminaba cuando la mesa empezaba a llenarse de copas. ¿Dónde quedó aquello de café, copa y puro? Una botella llevaba a otra, después llegaban los destilados y, si la conversación era buena, nadie parecía preguntarse si realmente apetecía seguir bebiendo o si simplemente seguíamos haciéndolo porque era lo habitual.

Los datos parecen confirmar que ese modelo está cambiando. El consumo de bebidas espirituosas continúa descendiendo en mercados maduros, la cerveza vive su propio reajuste y el vino encuentra un nuevo espacio asociado a momentos más conscientes y menos impulsivos. Bebemos menos veces, pero prestamos mucha más atención a aquello que elegimos beber.

Y, en el fondo, creo que esa es la verdadera noticia.

No estamos renunciando al placer. Estamos cambiando nuestra relación con él. Durante décadas asociamos la hospitalidad con la abundancia: más botellas, más brindis, más sobremesa, más de todo. Hoy empezamos a valorar otra cosa. No tanto la cantidad como la calidad de la experiencia. No se trata de beber menos por obligación, sino de que cada copa merezca realmente la pena y de que seamos más conscientes de lo que estamos disfrutando.

Mi forma de entender el zebra striping

Mi forma de entender el zebra striping probablemente no coincida con la definición académica, si es que la hubiese, ni tampoco con esa aceptación popular o el sentido comúnmente aceptado, si es que llega a ser común algún día.

Para mí no consiste en alternar vino con vino sin alcohol. Consiste en alternar una buena copa de vino con agua, preferiblemente con gas si la comida es larga o los platos tienen cierta intensidad. Es una forma sencilla de llegar a la siguiente copa con la misma curiosidad con la que recibimos la primera.

El agua no compite con el vino. Al contrario. Limpia el paladar, acompaña la conversación y consigue que la siguiente copa vuelva a sorprender.

En mi caso, quienes suelen abandonar antes la mesa son los destilados. No por una cuestión moral ni de salud, sino porque rara vez aportan algo que un buen vino no haya dicho ya. Si la botella ha acompañado bien la comida y la conversación sigue su curso, nunca he sentido la necesidad de que un gin-tonic cierre la velada por pura inercia. Aunque esto, claro, es muy personal.

La cerveza también tiene calendario

Con la cerveza me ocurre algo diferente. Siempre he pensado que tiene calendario. Hay días que pertenecen al vino y otros que solo aceptan una cerveza helada. Un mediodía de agosto, una terraza frente al mar o el final de una caminata parecen escritos para ella.

Precisamente por eso me gusta reservarla para esos momentos. No todo tiene que servir para todo, y quizá ahí también haya una forma de disfrutar mejor.

Es posible que dentro de unos años nadie recuerde qué significaba zebra striping. Las modas cambian, los nombres pasan y aparecerán otros para describir hábitos parecidos. Lo que sospecho que permanecerá será algo mucho más interesante: la idea de que beber bien ya no consiste en llenar la mesa de copas, sino en saber cuál merece realmente la pena.

Porque el verdadero lujo, también en el vino, quizá ya no sea beber más. Quizá consista, simplemente, en elegir mejor.

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