Durante siglos nos han contado una historia cómoda, casi legendaria: un soldado alemán llamado Pedro Ximénez, una vid centroeuropea que viaja hasta el sur de España y un origen noble para uno de los vinos más singulares del mundo.
El problema es que esa historia no es cierta. Y desmontarla no le quita magia al vino Pedro Ximénez.
Al contrario: se la devuelve.
El mito del soldado alemán y la uva viajera
La versión más repetida sostiene que un soldado del ejército de Carlos V introdujo en Andalucía una variedad centroeuropea, posiblemente Riesling o Elbling, que habría dado origen a la uva Pedro Ximénez. Un relato atractivo, fácil de transmitir y perfecto para el imaginario romántico del vino.
Sin embargo, cuando la ciencia entra en escena, el cuento se desmorona. Los estudios ampelográficos y genéticos realizados en las últimas décadas han demostrado que la uva Pedro Ximénez no tiene relación genética con variedades centroeuropeas.
No vino de Alemania. No cruzó fronteras imperiales. No fue un injerto exótico.
Pedro Ximénez es andaluza. Y mucho más antigua de lo que creíamos
La realidad es más compleja y, a la vez, mucho más fascinante.
La uva Pedro Ximénez es andaluza, heredera directa de una variedad cultivada en Al-Ándalus: la uva Gibi, citada en tratados agrícolas árabes entre los siglos X y XII. Textos donde ya se describían uvas blancas, dulces, aptas para el secado al sol y la elaboración de vinos concentrados y jarabes.
Mucho antes de que existieran las denominaciones de origen. Mucho antes de que el vino necesitara etiquetas. Mucho antes de que Europa decidiera contarse a sí misma desde el norte.
La Pedro Ximénez no es una uva importada. Es una superviviente.
Al-Ándalus, la gran olvidada del vino español
Durante siglos, el relato del vino español ha minimizado, cuando no borrado, la herencia agrícola y científica de Al-Ándalus. Sin embargo, fueron los agrónomos andalusíes quienes sistematizaron el cultivo de la vid, el manejo del agua, el conocimiento del suelo y la clasificación de variedades.
La uva Gibi, antecesora directa de la Pedro Ximénez, se cultivaba por su alto contenido en azúcar, su capacidad para el secado al sol y su resistencia al clima del sur peninsular. Exactamente las cualidades que hoy definen a los grandes vinos PX.
No es casualidad. Es continuidad histórica.
Entonces, ¿de dónde sale el nombre Pedro Ximénez?
La hipótesis más aceptada apunta a una castellanización tardía, probablemente ligada a propietarios, comerciantes o reinterpretaciones cristianas de una uva ya existente. Un nombre fácil de pronunciar, registrar y exportar en un contexto histórico donde la herencia árabe resultaba incómoda de reivindicar.
No es un caso aislado. La historia del vino está llena de renombramientos estratégicos.
Beber Pedro Ximénez con conciencia
Saber que la Pedro Ximénez no nació de un viaje heroico, sino de una continuidad agrícola milenaria, no le resta épica.
Se la da de verdad.
Porque beber un PX no es solo beber dulzor, pasificación y concentración. Es beber Al-Ándalus. Es beber ciencia agrícola medieval. Es beber una historia que sobrevivió al cambio de religiones, lenguas y fronteras.
Este artículo no va de quitar magia. Va de devolverle profundidad.
Porque beber Pedro Ximénez sabiendo de dónde viene no te hace experto. Te hace más consciente. Y eso, en gastronomía y en vino, siempre eleva la experiencia.
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