¿Perfumes que huelen a postres? La nueva obsesión por oler a comida

¿Perfumes que huelen a postres? La nueva obsesión por oler a comida
Los perfumes gourmand, con aromas a tiramisú, vainilla, matcha o pistacho, marcan una tendencia que une perfumería y gastronomía. Una exploración cultural y sensorial que explica por qué hoy queremos oler a comida, placer y memoria.
Perfumes
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Domingo, Enero 18, 2026 - 17:00

¿Queremos oler a comida? La nueva perfumería parece decir que sí. Aromas como el tiramisú, el helado de matcha o el pistacho conquistan las fragancias contemporáneas y revelan cómo el olfato, la memoria y la gastronomía se cruzan en una tendencia que va mucho más allá de la moda.

Cuando lo comestible se convierte en perfume

El olor a bollería recién horneada o a un guiso casero figura entre los aromas más reconfortantes de nuestra memoria. Sin embargo, durante años resultó impensable llevarlos sobre la piel. Eso ha cambiado.

Hoy, la perfumería apuesta con fuerza por los perfumes gourmand, aquellos que evocan sabores y alimentos. Según la Encyclopedia of Smell History and Heritage, son fragancias que “conjuran lo comestible” y apelan directamente a recuerdos, emociones y placer sensorial.

El origen del fenómeno: dulces, memoria y placer

El punto de inflexión llegó en los años 90 con Angel, el icónico perfume de Thierry Mugler, una fragancia que rompió las reglas al incorporar notas de algodón de azúcar, vainilla y frutas tropicales. Su éxito abrió la puerta a una perfumería más emocional, ligada al recuerdo de ferias, infancia y dulces compartidos.

Desde entonces, el gusto por lo azucarado no ha dejado de crecer, consolidando una línea olfativa que hoy domina tanto la perfumería de autor como las grandes casas.

El auge de los perfumes con aroma a postres

Durante la última década, el mercado ha vivido una auténtica explosión de fragancias inspiradas en postres y sabores dulces: miel, caramelo, chocolate, galleta, vainilla, crema catalana o tiramisú.

Estas notas, lejos de resultar anecdóticas, se han convertido en un lenguaje común dentro de la perfumería contemporánea, especialmente asociado a climas fríos y a una búsqueda de confort sensorial.

Una tendencia global, no solo occidental

El fenómeno gourmand no es exclusivo de Europa o Estados Unidos. Marcas asiáticas y de Oriente Medio también reinterpretan aromas de comida y bebida, desde cafés especiados hasta dulces tradicionales, demostrando que el vínculo entre olor y gastronomía es universal y profundamente cultural.

Históricamente, los olores a comida no siempre fueron bienvenidos. En la Inglaterra del siglo XVII, incluso el aroma del café fue objeto de denuncias por resultar “infernal”. Hoy, esa percepción ha cambiado radicalmente.

Tal como señalan los estudios culturales del olfato, un aroma nunca es solo un aroma: es un símbolo cargado de significado social, histórico y emocional.

La popularización de fragancias dulces ha generado múltiples interpretaciones. Algunas investigadoras apuntan a una búsqueda colectiva de confort tras la pandemia; otras relacionan el fenómeno con cambios en la percepción del apetito y del placer.

Leche, nata, pistacho o vainilla actúan como aromas-refugio, capaces de activar la memoria, el deseo y la recompensa emocional sin necesidad de comer.

Desde sus inicios, los perfumes gourmand también se han asociado al atractivo y la sensualidad. No es casual que algunas fragancias busquen provocar una reacción casi instintiva: querer acercarse, querer “devorar” a quien las lleva.

El perfume deja de ser solo un adorno para convertirse en una experiencia sensorial completa, donde gusto, olfato y deseo se confunden.

Más allá del dulce: los perfumes neogourmand

La perfumería actual ha ido un paso más allá del azúcar. Hoy encontramos fragancias que recrean cócteles, arroz hervido, especias saladas, sopas o incluso tomate. Es la era de los neogourmand, donde el perfume se atreve a oler a sabor, rompiendo definitivamente las fronteras tradicionales.

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