José Soler Puig: escribir en cubano

Creado: Dom, 28/09/2014 - 17:19
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Por: Chef Internacional Jorge Méndez Rodríguez-Arencibia
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José Soler Puig: escribir en cubano

“¡Ah, señor mío, una novela es

un espejo que se pasea por una carretera.

Tan pronto refleja a nuestros ojos el azul del cielo,

tan pronto el fango de los surcos del camino. ”

El rojo y el negro

Henri Beyle (Stendhal)

 

Considerado por Mario Benedetti “como uno de los grandes de la novela latinoamericana”, José Soler Puig nació en Santiago de Cuba el 10 de noviembre de 1916, el mismo año en que su coterráneo Emilio Bacardí Moreau publicara Doña Guiomar. Paralelamente al desempeño en diversos oficios y labores, fue cultivando y fertilizando su vocación como escritor y revolucionario, pues con anterioridad a 1959 ya integraba la Juventud Socialista y el Movimiento 26 de Julio.

En 1960, obtiene el Premio Casa de las Américas –primera edición de este prestigioso certamen- por su novela Bertillón 166. A dicho éxito, sucedería una vasta producción literaria de novelas como El nudo, El Caserón, El derrumbe, El pan dormido y Un mundo de cosas. Estas dos últimas están consideradas pautas renovadoras para el género de ficción en la novelística cubana, a comienzos del proceso revolucionario de 1959. Un significativo número de sus trabajos fueron publicados en los medios principales de promoción cultural de su terruño natal, además de varios de alcance nacional, entre los que figuran Casa de las Américas, Lunes de Revolución, Unión, El Caimán Barbudo y Revolución y Cultura, al igual que en el ámbito internacional: Colombia, Unión Soviética y España. Obtuvo altos galardones como el Premio Nacional de Literatura 1987, la Distinción de la Ciudad de Santiago de Cuba, la Distinción por la Cultura Nacional y la Orden Félix Varela de primer grado. Fallece a los 80 años, en agosto de 1996.

El pan dormido y cosas para recordar siempre

En Las respuestas de Soler Puig, compilación de Yunier Riquenes, publicado por Ediciones Santiago, 2010, a la pregunta de cuáles fueron las novelas que más influyeron en él como escritor, afirmó que Paradiso, de José Lezama Lima, yCien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Y añadió:“Cualquiera de las historias de García Márquez pudo suceder en Santiago”.


El hilo narrativo de El pan dormido, es conducido a través de los miembros de la familia Perdomo y la panadería La Llave, propiedad de este matrimonio. La cronología de los hechos se ubica entre las décadas del 20 y el 30 del pasado siglo, con reiteradas referencias a la situación política, económica y social imperante durante la tiranía de Gerardo Machado y Morales, amén de varios pasajes alusivos a la entonces aún reciente Guerra de Independencia de 1895-1898. El estilo empleado por José Soler Puig constantemente nos recuerda influencias de Alejo Carpentier.

El propio título, asocia parabólicamente oficio y actitud ante la vida. Es el pan dormido el resultado de una fermentación reposada que puede prolongarse durante horas antes de cocer tan ancestral alimento, comparado con la aletargada rutina –cuando no, dormida- en que transcurre el marco existencial de los personajes, ante la precaria situación económica y social por la que atraviesa la mayor parte de la población cubana. También se conoce como Pan dormido una elaboración de la repostería española, específicamente de Teruel,  en forma de galleta. Su confección requiere de varias horas, cuya masa lleva varias fermentaciones que se pinta con huevo antes de poner al horno. Es típica del Domingo de Resurrección.

En el presente trabajo, se muestran fragmentos seleccionados que insertan, con una acertada mezcla del barroco, lo real maravilloso y lo coloquial, descripciones de lugares, gentes, costumbres y vivencias del Santiago de Cuba de la época en que se enmarca esta novela, considerada una de las obras más notables de la literatura en lengua castellana del siglo XX. Y, por cierto, no sólo “escrita en cubano”, al decir de su autor, sino también con la auténtica oralidad santiaguera.

Como quiera que el eje temático principal de la obra trata sobre el modo de hacer en la panificación de determinada época y región, al igual que por una fuerte presencia de la tradicionalidad, es menester comenzar por los textos que ilustran tales elementos:

 El Mágico (apodo de un panadero), junto al portón, corta en la hoz invertida clavada en la pared, las pencas de yarey para las hojas del pan de barra.

En la panadería tradicional criolla, era usual la elaboración de un tipo de pan de barra de una libra (460 gramos)  y corteza dura, a base de harina de trigo, levadura, azúcar, agua, manteca de cerdo y sal, al que se le inserta longitudinalmente, al centro, una hoja de dicha palma. Esto permite una mejor cocción del interior de la pieza, consistencia más crujiente y sabor diferente, además de un atractivo detalle, una vez horneado. Se recomienda fijar dicha hoja de yarey con clara de huevo.  

Felipe (administrador de la panadería, hermano de Arturo, propietario de la misma)ha puesto en su mesa los pasteles de pollo y son casi una docena; pasteles grandes, redondos, lustrosos por la grasa, hinchados por la carga del relleno, y están pidiendo que alguien se los coma, en los sartenes del pan sobado y las galletas de cristina. De esos sartenes  hay cientos en la panadería y los hicieron hace años y se han puesto negros de costra sobre costra, que no los limpian nunca, que los maestros que han pasado por La Llave todos han dicho que si los sartenes pierden esa costra, perderían su sabor las galletas de cristina de la panadería, tan sabrosas, que las vienen a buscar al mostrador, desde lejísimos, porque no se sirven a domicilio para particulares ni se venden a bodegas.

Si bien la palabra sartén se emplea generalmente para referirse a un indispensable utensilio de cocina de forma ancha y redonda, con poca profundidad y un mango para sostenerlo, también es aplicable en términos de cocina profesional –aunque no usual en Cuba- a las piezas metálicas rectangulares conocidas como placas, tarteras o bandejas, donde se colocan las elaboraciones para ser introducidas en los hornos. Y tampoco es menos cierto que la acumulación de costras de grasa quemada en dichos utensilios –sin menoscabar elementales normas de higiene- facilita la cocción y favorece el sabor de las elaboraciones.

Las referidas galletas de cristina aluden a un tipo de elaboración llamada galletas de sal, de mediano tamaño y consistencia agradablemente crujiente –que en el Oriente cubano solía identificarse como bronquito, ta- y eran expendidas en una antigua galletería conocida como Cristina, ubicada en la actual avenida Garzón, de la Ciudad Héroe.

Cuando el circo viene a Santiago se está muy pocos días y no viene casi nunca. A Berta (la niña de la casa) y a los varones (hijos del matrimonio)les gusta mucho el circo y Remedios (propietaria y esposa)tiene que pelearle duro a Arturo para que Arturo los lleve a ella y a los muchachos aunque sea a una función (…) En el circo se piensa en la panadería porque, aunque el circo no tiene panaderos ni repartidores ni torno ni cilindros ni amasadora, se parece a la panadería por las sogas, las escaleras y los carritos; y por los leones, la pantera, el elefante y los caballos; y por los payasos, la mujer voladora y el domador. El circo no lo hacen de madera, zinc y mampostería, sino de lona y unas varas. Pero cuando se ve de lejos, con la estrella y las bolas encendidas que le ponen por fuera, el circo recuerda una casa enorme que se fuera a quedar ahí para siempre y ahí se podría hacer pan y la caseta donde venden las entradas serviría de mostrador. Las jaulas tienen puertecitas de hierros y son como las compuertas de los hornos; y en los trapecios estarían los clavilleros (clavijeros) para las tablas.  

En la anterior descripción, además de una sutil comparación entre los objetos y personas del circo y la panadería, se pone de manifiesto la perenne preocupación y dedicación al negocio familiar que absorbe la mayor parte del tiempo de su propietario. Vale aclarar en esta parte que los repartidores eran los obreros encargados de hacer llegar las producciones a los establecimientos donde se expendían y casas particulares asociadas a panadería La Llave. Asimismo, la particular escritura de clavilleros por clavijeros, siendo esta última la forma empleada en Cuba para nombrar un tipo de estante, por lo general construido de acero inoxidable, cuyas estructuras son cilíndricas (lo que facilita su limpieza y evita las incrustaciones de suciedad), utilizado en las cocinas y almacenes para colocar utensilios y alimentos elaborados.

En el taller (de la panadería La Llave) la parte de los hornos está siempre oscura, que para los tres hornos sólo hay dos bombillos; y de día es peor, porque de día la luz eléctrica no alumbra, y no le da el sol a esa parte del taller con el portón siempre cerrado y sin ventanas y hay claridad dentro de los hornos, la claridad rojiza del resplandor de la candela y es como el altar de la iglesia de Dolores cuando se acaba de entrar y se ve el altar desde la puerta, allá en el fondo, todo encendido con las velas; y el cura y los monaguillos son los horneros, frente a la iluminación, de espaldas a la gente; y siempre parece que en los hornos y en el altar va a pasar algo, algo que  no es sacar el pan ni repartir las hostias, sino algo grande, pero nunca pasa nada.

Otra aguda comparación del lugar que permite el sustento a la familia con un elemento infaltable en la cotidianeidad local: la iglesia de Dolores, templo católico emblemático de la ciudad. Expresa, también, la vida parca en cambios, llena de expectativas sin materializarse.

Remedios no quiere que se haga arroz con pollo los domingos, porque dice que el arroz con pollo es el plato de todo el  mundo los domingos y que ella le pierde el gusto al arroz con pollo, sabiendo que todo el mundo al mismo tiempo en Santiago come arroz con pollo

-      El arroz con pollo se cocina aquí los jueves.

Ciertamente, que no sólo en Santiago sino en Cuba entera, se trata de una elaboración representativa de la cocina doméstica, propia para disfrutar en familia. El “toque” se lo da al texto el afán de distinción, puesto en palabras del ama de casa, propio de gentes con ínfulas de exclusividad, a la usanza de las familias pequeño-burguesas de entonces.

En mayo y en junio y algunos años desde abril, dos hornos alcanzan en La Llave para el pan que se hace, porque es tiempo de mangos y entonces se quedan sin trabajo unos cuantos panaderos y esos panaderos protestan y dicen que los dejan en la calle como perros y que se van a morir de hambre; y Felipe les sale siempre con lo mismo:

-      ¿Y no hay mangos?

Y eso se repite en la panadería y en la casa cuando alguien habla mucho de miseria y necesidades.

(…)

Y se dice hasta por Chicharrones (barriada de Santiago), que Tita vive en Chicharrones; y en una función lo dijo el payaso de un circo que pasó por Santiago.

(…)

-      ¿No estás mirando?

-      Pan viejo –dice Felipe.

-      ¿Pero por qué tanto pan viejo?

-      Por los mangos, estamos en tiempo de mangos.

Este año es mucho el mango. De corazón dan veinte por medio; de mamey, veinticinco; y de hilacha, hasta cuarenta; y cuando vengan los mangos de Toledo, van a dar a medio el ciento.

Presumiblemente, el autor pretende resaltar, en diferentes pasajes contenidos en su novela, la preferencia de la gente por estos deliciosos frutos tropicales, tanto para consumir como para comercializar, y sus inevitables consecuencias ante el asfixiante estatus económica que afectaba la mayor parte de la población, en la época que se enmarca la narración.  

El pan bueno es abierto y esponjoso y cuando se aprieta un poquito cruje como una barquilla. Las barquillas las vende Perico por la tarde y son tostadas y de un color como quemadas y para avisar que está pasando, Perico toca en un triángulo de hierro con un clavo grande una musiquita que es como una conga, y lleva las barquillas en un latón pintado de blanco con estrellas rojas, largo y redondo, que se cuelga en la espalda con una correa que le pasa por el pecho. A los varones les gustan las barquillas y Arturo se cansa de tener que darles un medio todas las tardes a cada uno. –“Ustedes siempre están comiendobasuras”.

En varias provincias y regiones de Cuba, fuera de la capital habanera, suele decirse barquilla por barquillo.  Consiste en una golosina, de forma alargada y/o cónica, elaborada con harina de trigo, azúcar glas, huevo, mantequilla y vainilla, que se hornean y adquieren consistencia crujiente. Se consumen para acompañar helados y otros postres, al igual que rellenas de algún tipo de dulce.  El nombre de barquilla se aplica en lengua castellana probablemente por analogía con el cesto de material ligero y resistente que es ocupado por los tripulantes y pasajeros de los globos aerostáticos. A la vez, en el párrafo se describe con llana naturalidad –nada exenta de ingredientes que recuerdan lo nostálgico- la imagen de los vendedores ambulantes y pregoneros, con sus rústicos atavíos y recursos de mercadeo admirablemente primitivos.  

Por el mismo tiempo que Remedios empezó con los paños (a coserlos ella misma, para trabajar en la panadería), empezó también en La Lave el hombre de los caballitos (…) Y cada día por la mañana, los caballitos con café son más sabrosos y Remedios dice que esa porquería les va a hacer daño a los muchachos, pero ella también come caballitos.

Afirma un joven santiaguero, “de los de antes”, que hasta la contemporaneidad llegaron unas golosinas, moldeadas a modo de muñequitos que sin mucha imaginación recuerdan la silueta equina. Por el modo de elaboración descritos en el texto de la novela (harina, azúcar moreno y melaza), se trataba de una composición similar a las actuales cuerúas, aunque entonces fueran algo más personalizadas como para agradar a los niños. En las regiones Occidental y Central de Cuba se les conoce como queques o galletas de anís, en tanto que en Guantánamo se les dice camprán. Que siguen siendo divinas para acompañar el café con leche del desayuno.   

Los varones se van para el taller a ver a Felipe hacer su pastel de picadillo (…) En el armarito, Felipe guarda los ingredientes de sus pasteles: la levadura Royal y la pimienta y el orégano y el anís y la canela y todo eso que hace tan sabrosos sus pasteles. Y también una cazuela y un caldero. Ahora Felipe ya ha cogido la harina y la tiene en un sartén sobre la mesa. (…) Ahora Felipe echa el picadillo en el caldero y enseguida las aceitunas y las alcaparras y las pasas y todo lo revuelve bien con las dos manos.

La anterior descripción enaltece, por sí misma, ingredientes y formas de elaboración genuinamente representativas de la cocina tradicional cubana, no obstante al empleo de productos venidos del Viejo Mundo, pero que no escaparon al aplatanamiento criollo.

(…) hartándose de carne y viandas, que cerca había un potrero de vacas lecheras y unas tablas de yuca y campos de ñame y  de boniato.

Tabla, en su acepción de pequeña o mediana franja de terreno con determinado tipo de cultivo, es vocablo más bien del habla campesina y no como expresión limitada a los campos orientales, pues también se le escucha en Occidente. Con similar significado, se emplea la palabra punta  o puntica.

Felipe se saca la cuchilla del bolsillo y le da un pedacito de pastel (de pollo) a los sobrinos y los varones se lo comen de un bocado y el pastel está muy bueno.

-      Exquisito –dice Angelito-. Delicioso.

-      ¿Qué es eso?

-      ¿Qué cosa, Felipe? –gaguea Angelito.

-      ¿Te estás volviendo blandito?

-      Yo no, Felipe.

-      Ten cuidado.

-      ¿Pero por qué usted me dice eso?

-      ¿Qué es eso de “exquisito, delicioso”? Y Felipe pone voz de flauta (…) Así hablan las mujeres y los blanditos. Los hombres no andamos con esas palabritas

-      ¿Y cómo voy a decir, si el pastel está sabroso?

-      Como dicen los hombres: “Está bueno”, y ya, que siempre hay que ser hombre.

La constante preocupación por la condición del macho-varón-masculinoo en otras palabras, que prevalezca el machismo a toda costa- aunque no exclusiva del Oriente cubano, resultaría un lamentable descuido no aprovechar este pasaje para denotar tal tipo de valores, representativos de una época.

Un tren de cantinas –decía Tita.  

En su más cubana acepción, se le llama cantina a un conjunto conformado por tres a cinco recipientes circulares, generalmente construidos de aluminio o metal esmaltado. Estos recipientes, similares a pequeñas cazuelas o platos de campaña, van sostenidos por un fleje que se inserta a través de pequeñas asas laterales con que cuenta cada uno, lo que permite, además de su articulación, el agarre en su parte superior para ser trasladados. Fueron los trenes de cantinas pequeños establecimientos donde se elaboraba todo un menú criollo, a precio módico, que se distribuían a pie o en bicicleta a las casas y lugares de trabajo donde se solicitaban estos servicios a domicilio. Fue la expresión comer de cantina forma despectiva para aludir a personas como escasos recursos económicos para alimentarse.

-      ¿Qué cosa es un anarquista? –le preguntaron a Felipe los varones.

Y Felipe dice que un anarquista es un tipo que come mierda y caga dinamita y no quiere explicar más.

(…)

Los curas son iguales a todos los hombres, por el día tienen que hacer ver que son distintos, pero no se pueden estar haciendo que son lo que no son por todo el tiempo, que alguna vez hay que ser como se es para no volverse loco.

-      Los locos son los únicos que de verdad viven como quieren –ha dicho alguna vez Felipe- y por eso no los entendemos.

(…)

A Felipe no le pasó nada, gracias al alcalde, pero tuvo que dejar la policía, aunque se quedó con la amistad de cientos de chinos bodegueros y por esa amistad La Llave tiene muchísimos clientes, que en Santiago los chinos son casi todos bodegueros.  

(…)

-      Este es un país de mierda –dice Pincho Tijeras.

-      Es por Machado –dice el Haitiano-. Un hijo de puta. Pero también por otros más, que son iguales o peores.

A través de éste y siguientes fragmentos seleccionados de El pan dormido, Soler Puig vierte en su narrativa y pone en boca de los personajes consideraciones sobre política, sociedad y religión, nada carentes de cierta dosis de filosofía expresada en términos vernáculos. Y bien que pululaban, aún en tiempos de extrema represión, pensamientos tan honestos como verdaderos sobre la realidad social, durante la República mediatizada. Asimismo, se detallan palabras y expresiones representativas de la localidad santiaguera y de la época en que se ubica la trama novelística.

-      Bueno, capi, hasta mañana

-      Abur, viejo

(…)

 

-      ¿Y tú te quedas –le dice a Felipe.

-      Todavía hay que pagarle a la gente.

-      - Ah. Abur

(…)

Diez veces dicen (los empleados)“Hasta mañana”, que ahora también están los tres horneros. Felipe dice una sola vez “Abur”.

Aunque un tanto en desuso, se mantiene –o se recuerda- en algunas regiones orientales, pero sobre todo en Camagüey, donde también se oía decía Agur hasta finales del siglo XIX cubano,Abur como despedida, equivalente a Adiós, Hasta luego oHasta más ver.

Ahora Arturo no puede irse a la panadería, como hace cuando Remedios se incomoda, porque tiene que cambiarse de ropa, que no va a ponerse a despachar con el flus blanco.

Hasta mediados del siglo XX, se empleó la palabra flus para referirse al traje de hombre, conformado por pantalón y saco, confeccionados con la misma tela.

Colocarona una muchacha para llevar y traer a Berta por la mañana y por la tarde. Cuatro viajes los días de clases y dos los domingos por la misa.

Y Felipe se puso a ver qué otra cosa podía hacerse con la madre de Perico.

-      ¿Por qué usted no se coloca?

-      ¿Colocarme? ¡Ay, señor!

Ya como expresión poco común, se entendía por colocarse como equivalente a ubicación en un lugar o puesto de trabajo, refiriéndose mayormente al personal que trabajaba como servidumbre de casas particulares. Existían las llamadas agencias de colocaciones, precisamente para estos fines.

Y como al fin Felipe se incomodara de tanta falta de respeto y levantara la mano para darle un aletazo, Perico le sujetó el brazo y le gritó:

-      Conmigo no se atreva.

Aletazo, por golpe agresivo, dado con la mano abierta.

Y Felipe se contuvo pero Perico siguió hablando:

-      Si me toca nada más, lo desmondongo, que yo no soy como esos comemierdas.

Desmondongar,  por desbaratar los mondongos, forma cubana de referirse a los intestinos. Es pródiga el habla del Oriente cubano en emplear –y más aún, en idear- ocurrentes e inusuales formas gramaticales.

-      ¿Y no le vas a llevar unos zapatos?

-      Zapatos no, -dice Arturo

-      Pero es que está descalzo

-      Que se fuña –dice Arturo ya bajando la escalera

Fuñirse es expresión equivalente a fastidiarse, perder en algo, quedar perjudicado. De milagro, no la inventaron los cubanos.

-      ¿Sí? –le dice Remedios- ¿Y por qué dijiste que fue el Haitiano?

-      Para embromar a Berta.

-      ¿Pero embromarla cómo?

-      Para cuando te fuera con el chisme, levantara una calumnia y tuviera después que confesarse.

Embromar, por engañar, burlar, tomar el pelo. Es forma verbal típica del Oriente cubano.

 

Y los hombres de la calle, para meterse con la muchacha, se meten también con los varones:

-      Te van cuidando, mi santa, pero qué va; para cuidarte a ti hace falta un hombre, un hombre como menda, y no esos pajaritos.

 

Meterse, como requiebro, aunque a veces resulta un piropo de mal gusto; también, como provocación de una persona a otra o inmiscuirse en asuntos ajenos. Menda, por yo mismo; hoy resulta poco escuchado su empleo. Pajarito, que sólo en Cuba se usa como mote de afeminado u homosexual masculino.

 

Porque Panchita se coge el dinero y se lo juega a los terminales, que Panchita en el juego es tan viciosa como Felipe.

 

Jugar a los terminales, por juego del azar, similar a la lotería o la bolita, que consiste en apostar dinero a las últimas cifras de un número seleccionado.

 

-      Ya olvídese de ese hombre, Tita

-      No, si yo de Juaniquito ni me acuerdo. ¡Sola vaya!

 

¡Sola vaya! : Expresión generalmente referida a las lechuzas y búhos. Propia de las supersticiones populares o de cualquier cosa o persona que por temor o repulsa sea preferible mantener lejos.

 

Una vez se quebró un muchacho y la madre quiso hacer negocio con la quebradura y consiguió que un médico le hiciera un certificado.

 

(…)

 

A José María, Tita le dice “el hombre de la bola”, porque José María tiene una quebradura.

 

Quebrarse, por forma popular de llamar al efecto de una hernia inguinal en el hombre, lo que generalmente provoca aumento de volumen en los testículos.

Los varonos se han pasado la mañana poniendo un jon en el patio, cerca del garaje de los carros, un jon de tabla, (improvisado con)el frontal de una caja de aceite Argos.

Jon, por corruptela fonética de Home, que en beisbol es la base principal donde se coloca el bateador.   

-      La pelota es una gran cosa –dice el Haitiano.

Era una gran cosa, y ahora ya no importa. Ya los varones no quieren jugar a la pelota, se acabó el tiempo de pelota. El tiempo de mangos es una vez al año; luego viene el tiempo de naranjas.

El transcurrir existencial de los cubanos, y hasta la mismísima filosofía para entender la vida, también se encuentra marcado por una irrenunciable forma de asemejarla con el beisbol.

(…) que Arturo siempre necesita un rato grande para darse cuenta de lo que está pasando.

-      Que es medio vaina- dice el Haitiano.

Vaina, principalmente en Santiago de Cuba y Camagüey,se aplica como calificativo a personas indeseables, insignificantes, carentes de ingenio y de poca proyección social; en tanto que en varias regiones del Caribe y Sudamérica, sobre todo Venezuela, Colombia y República Dominicana, se emplea para nombrar apresuradamente cualquier objeto o situación molesta e indeseable, también con sentido de minimización y despectivo.

-      ¿No tienes postales sicalípticas? –preguntó Angelito a Pedro Chiquito

-      Hace meses que estoy sin mercancías.

(…)

Las postales de relajo son muy caras, pero ahora el dinero no les importa a los varones. Pedro Chiquito vendía las postales grandes a medio peso cada una.

Curiosamente, el autor hace emplear a un adolescente la palabra sicalíptica, cuyo significado varía según el diccionario que se consulte. Se asume, indistintamente, como “picardía o malicia referente a temas sexuales", lo mismo que por “obsceno y pornográfico”, aunque también se emplea en alusión al arte erótico. Pero en otras palabras, la intención del personaje, en franca transición de niño a hombre, es adquirir las popularmente llamadas en Cuba postales de relajo, con evidentes pretensiones de estimular sus incipientes inclinaciones hacia la sexualidad.

Y los varones vinieron a tener pelotas de poli y bates y guantes y mascotas cuando ya eran grandezones.

(…)

Por estos días a los varones les han puesto los bombaches y las medias a tres cuartos, y Felipe dice que hay que dar una fiesta, que al fin Remedios va cayendo en cuenta que se le están haciendo hombres los muchachos. Y el Mágico se ríe:

-      Serán hombres cuando vayan a la zona.

(…)

 La zona no está tan lejos, que empieza en Barracones y llega a la Alameda, y desde Marina se ven las mujeres esas paradas en las esquinas, a la luz del poste, o sentadas en los pretoritos o en las ventanas; y en la Alameda hay un café (El Punto) que siempre está lleno de ellas y de chulos.

(…)

Y cuando cerraban los cafés, se metían Pedro Chiquito y sus amigos en las casas de las mujeres de la vida.

La formación de la hombría, en cualquier época y lugar del mundo, se encuentra indisolublemente vinculada al modo de vestir y a la definición de preferencias heterosexuales. Y en Cuba, para alcanzar dicha condición vital, es considerado como componente adicional –y determinante- el gusto por el beisbol.  Vale aclarar las expresiones pelotas de poli, como especificación que son construidas de material duro y no de trapo o de goma; y que el calificativo grandezones (niños ya convertidos en jovencitos) más santiaguero no puede parecer.

La zona, para explicarlo mejor, se trataba de la llamada zona de tolerancia –o un poco más vulgarmente, el barrio de putas- que era un área dentro de ciudades y pueblos donde se encontraba autorizado por las autoridades de los (des)gobiernos imperantes, el libre ejercicio de la prostitución, sin faltar el accionar de los proxenetas. Coincide, con precisión topográfica y toponímica, la descripción que de dicha zona ofrece el escritor.

La expresión mujeres de la vida  -que, con toda sorna, también dieron en ser llamadas mujeres de mal vivir ymujeres de vida fácil- era una forma solapada de nombrar a aquellas féminas, sin otra opción para subsistir.

También, en uno de los anteriores fragmentos, llama la atención la palabra pretorito, que pocas personas en Cuba –y ni aún en el propio Santiago- la conocen y  emplean para identificar una solución constructiva muy común en la región Oriental, en Camagüey y otras ciudades de la Isla. Y que por alguna buena razón, Soler Puig recurre a mencionarla en diminutivo, con esa característica de la afectividad regional. En la Enciclopedia Sopena. Nuevo diccionario ilustrado de la lengua española. Barcelona, 1930, aparece la siguiente definición:

Pretorio, ria: Amér. En Cuba, obra de mampostería, más o menos levantada hasta la altura de la puerta, con escalones para subir y bajar al piso de la calle, a causa de la desnivelación del terreno.   

Se metía (Felipe) todas las noches en el Casino. Sí, que está de gurrupié. Hace de gurrupié, pero es socio.

Es gurrupié una suerte de acomodamiento fonético en la pronunciación del término francés croupier, que equivale al ayudante del banquero en las casas de juego y puede fungir como falso postor en asuntos de dinero.

-      ¿Qué le iba a decir? Me figuré que Pedro Chiquito se mudaba a un cuarto y quería ahorrase la carretilla. Hasta pensé que se había echado una mujer.

-      Vea –dijo Angelito- Echarse una mujer Pedro Chiquito. 

La expresión vea, como sinónimo de mira eso, no me diga, qué cosa u otras con similar significación, fue durante mucho tiempo señal característica del habla en la región Oriental. En la actualidad, tiende al desuso.

-      Podrían llevarme a un sao -dice ahora Berta.

-      ¿A un sao? ¿Qué ibas a hacer tú en un sao?

-      Diría todo lo que quiero. Un sao bien lejos, que no tenga gente cerca.

La palabra sao, como sinónimo de campo, monte o manigua, es literalmente exclusivo de la región Oriental de país. Aunque ya poco empleada, en la contemporaneidad se ha escuchado para referirse al lugar donde se realizan labores agrícolas que requieren de grandes esfuerzos y dedicación. Y conste, que igual de reconocida académicamente:   

Sao: Amér. En Cuba, sabana corta, con partes de arbustos y maleza.(Enciclopedia Sopena. Nuevo diccionario ilustrado de la lengua española. Barcelona, 1930).

El animal más chiquito eran las hormigas coloradas, que tenían el tamaño de las cucarachas de ahora, y las cucarachas eran del tamaño de los cangrejos moros y los cangrejos del tamaño de las jicoteas y las jicoteas eran tan grandes como las vacas, que en ese tiempo había todos los animales que hay ahora, pero cien veces más grandes.

Una muestra del derroche de ocurrencia que el autor regala en varias partes de la novela, es el antes mencionado, donde se mezcla la zoología prehistórica con la concepción cristiana de la creación del Universo, cubanamente hiperbolizada.  

Santiago está lleno de tipos de relajo y por Garzón pasan todos los días Quememeo, Alacrán, Pisa Bonito, Bemberrayo, Aguacero, Muñecón. Viejos y viejas que nunca fueron chiquitos y que nadie vio nacer y que un día aparecieron en la calle y desde que aparecieron empezaron los muchachos a tirarles piedras y a insultarlos y los tipos respondieron las pedradas con pedradas, y los insultos con insultos. Y son monos de monos, mataperros que hacen mataparrear a los mataperros.

(…)

Es la noche de un día de mamarrachos y los varones salieron desde por la tardecita en un camión de mudanzas adornado con cintas de colores y pencas de coco y papel crepé. Rosita y Digna decían que era una carroza (…) Y la maravilla no es el carro adornado, sino la apretazón que hay aquí entre hombres y mujeres debajo de las cintas y las pencas y el papel crepé. Aquí están casi todos los muchachos de la cuadra y son Alí Babá y diablos y princesas y fantasmas de sábanas blancas y alguna muchacha es ella misma, pero con la melena escondida en un sombrero de yarey y unas patillas y unos bigotes de carbón (…) Dos horas estuvo el camión en el paseo y entonces todos se cansaron de dar vueltas y alguien dijo que sería mejor ir por los Hoyos y en Martí todos se tiraron del camión para meterse en una conga y arrollar, cada hombre con una mujer delante, bien cogida por la cintura, a golpe de tambor. El carnaval vuelve a la gente diferente y le saca a todo el mundo lo que lleva dentro (…) Lo mejor del carnaval no es el manoseo, sino hacer lo que se quiere, arrollar, levantar los brazos al cielo dando gritos, seguir en el molote a paso de conga y hacer todo porque sí y cosas que no tienen sentido. Es como estar loco, sin haberse vuelto loco.

Semejante profusión de personajes callejeros, indispensables protagonistas para exacerbar la comunicatividad gente-a-gente, y la participación popular en los carnavales santiagueros, que no permiten extenuarse sin alcanzar un total paroxismo, en modo alguno pudieran ser desaprovechados para las anteriores descripciones de una suerte de psico-costumbrismo regional

Los Perdomo. Gente basura, dueños de tiendecitas de ropa, de peleterías de Mecagoendiez, de ventorrillos centaveros, puestos de pedir limosnas y vendedores de carreteles de hilo, de agujas de coser y postales de relajo.

La valoración sobre la condición social de la familia propietaria de la panadería La Llave, queda expresada por la anterior afirmación, sin que el autor desaproveche la oportunidad de decirlo muy a lo santiaguero. El calificativo de Mecagoendiez resulta elocuente, similar a uno empleado en el Occidente para los zapatos baratos y de dudosa calidad: Apéame uno, que se me va la guagua. Y ventorrillo es forma muy propia de Santiago para nombrar pequeños establecimientos comerciales.                                                                                                                          

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