El tabaco y la creación artística

Creado: Dom, 26/08/2018 - 11:03
Autor:
Credito
Frank Padrón
Categoría
Tabaco

Para algunos el tabaco simboliza un hábito a no contraer, o a dejar si ya se adquirió. No obstante, el tubular inhalador que devuelve humo y gran placer a sus fumadores sigue siendo para muchos todo un honor.

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El fumar tabaco fue una costumbre religiosa, medicinal y ceremonial en la vida de costumbres tribales en la América precolombina. Llevado a España por Cristóbal Colón (1451-1506), su uso se extendió rápidamente a todo el resto de Europa.

Poco tienen que ver, sin embargo, los actuales cigarrillos con los que fumaban los americanos originarios antes de la llegada del Almirante.  Al contenido de las cajetillas contemporáneas le agregaron una enorme cantidad de aditivos con el propósito de mejorar su sabor.

Pero lo del tabaco es otra cosa. Más saludable, menos dañino y acentuador de una personalidad irresistible, según sus defensores. Para algunos, fumar evita la fatiga y el aburrimiento y mejora la coordinación de diversas tareas rutinarias, además de aumentar la actividad en otras que implican agilidad mental, prontitud en las reacciones, vigilancia y concentración. También —se dice— calma los nervios y relaja los músculos durante períodos de estrés.

La falta de motivación sería el principal problema que devendría abandonar tal ancestral práctica, además de una razón importante: la amenaza de cáncer y otras enfermedades pulmonares a los practicantes sistemáticos.

Tabaco. Bocanadas literarias

Para los artistas en general, y particularmente para los escritores, el tabaco parece ser un compañero inseparable de la creación. La práctica de echar humo partiendo de las primigenias hojas verdes elaboradas hasta concentrarse en el fino tubito blanco o el moreno caballero anillado, trasciende épocas, países, tendencias e ismos literarios: parece haber una conexión entre la fuma y la praxis de generar libros y otras obras de arte.

Haciendo una rápida lista entre fumadores de cigarrillos, cigarros y pipa, incluyendo en no pocos casos el señor tabaco, se puede mencionar a Ciro Alegría, Max Aub, Paul Auster, Pío Baroja, James M. Barrie, Charles Baudelaire, Simone de Beauvoir, Juan Benet, Roberto Bolaño, Bertolt Brecht, Charles Bukowsky, Albert Camus, Camilo José Cela, Raymond Chandler, Gilbert K. Chesterton, Arthur Conan Doyle, Joseph Conrad, Julio Cortázar, John Dos Passos…

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Julio Cortázar.

 

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La nómina se agranda con Alexandre Dumas, Gustave Flaubert, Jean Genet, André Gide, Ramón Gómez de la Serna, Máximo Gorki, Jorge Guillén, Dashiell Hammett, Patricia Highsmith, Henry James, James Joyce y Rudyard Kipling.

No faltan cubanos, como el universal José Lezama Lima (Virgilio Piñera era más bien de cigarros, aunque abundantes, según sus amigos)  y sigue la enumeración con Clarice Lispector, Antonio Machado, Carson McCullers, Juan Marsé, Henry Miller, Juan Carlos Onetti, José Ortega y Gasset, George Orwell y Cesare Pavese.

También Octavio Paz, Benito Pérez Galdós, Fernando Pessoa, Arthur Rimbaud, Andrés Rivera, Juan Rulfo, Bertrand Russell, Pedro Salinas, George Sand, Jean Paul Sartre, Georges Simenon, William Somerset Maugham, Susan Sontag, Osvaldo Soriano, Robert Louis Stevenson, Italo Svevo, John R.R. Tolkien, Mark Twain, John Updike, Julio Verne, Boris Vian, Enrique Vila Matas, Walt Whitman, Oscar Wilde, Emile Zola...

Un escritor como fue sin dudas Ernesto Che Guevara, aun siendo asmático y médico, nunca renunció al tabaco, y siendo amonestado por algunos cercanos se comprometió a "solo fumar uno al día". Entonces, cuentan que aparecía en reuniones con un Habano que medía…casi un metro de largo.

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Ernesto Che Guevara.

 

Debido a su extrema pobreza, el pintor Vicent Van Gogh fumaba tabacos fuertes y negros en las pipas que le regalaban su hermano Thèo y sus amigos, como Paul Gauguin, o los puros que le ofrecía algún campesino de Arles junto a los médicos y pacientes del sanatorio mental de Saint-Rémy, donde estuvo ingresado una temporada. Un día antes de morir pasó la jornada sentado en la cama de su casa en Auvers fumando en pipa junto a Thèo, mientras mantenían una tranquila y agradable conversación.

Muchos se han expresado en torno al tabaco, no solo con respeto sino con admiración, generando páginas hermosas. Y llama la atención la recurrencia de Premios Nobel de Literatura.

El chileno Pablo Neruda, por ejemplo, escribió: "Así me gustaría quedarme siempre, frente al fuego, junto al mar, entre dos perros, leyendo los libros que harto trabajo me costó reunir, fumando mis pipas". Y en uno de sus poemas dialogó así con el tabaco: "En un beso, sabrás todo lo que he callado/ “Para que nada nos separe, que nada nos una".

Otro laureado con el famoso galardón de la Academia sueca, el norteamericano William Faulkner comentó: "Mi propia experiencia me ha enseñado que los instrumentos que necesito para mi oficio son papel, tabaco, comida y un poco de whisky".

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William Faulkner.

 

Su colega y coterráneo, Ernest Hemingway fumaba en pipas grandes mientras el padre del sicoanálisis, Sigmund Freud, aun padeciendo de cáncer y siendo operado muchas veces, jamás abandonó su afición a los puros. Escribió: "No he vuelto a tener nada tan cálido entre los labios. Fumar es indispensable si no se tiene a nadie a quien besar".

El también Nobel, Thomas Mann, de Alemania, defendía capa y espada el controvertido hábito: "No comprendo que se pueda vivir sin fumar. Sin duda, es privarse de lo mejor de la vida y, en todo caso, de un placer sublime. Cuando me despierto, me alegro de pensar que podré fumar durante el día, y cuando como, tengo el mismo pensamiento". Y remataba: "Un día sin tabaco sería para mí el colmo del aburrimiento, sería un día absolutamente vacío y sin alicientes, y si por la mañana tuviese que decirme ‘hoy no podré fumar’, creo que no tendría valor para levantarme".

Pero nadie, que yo sepa, dentro del mundo del arte y la literatura fue tan radical como el dramaturgo francés Moliére, quien llegó a afirmar: "Digan lo que digan Aristóteles y toda la filosofía, no hay nada comparable al tabaco (...) Quien vive sin tabaco no merece vivir".

En estos días donde el Habano reina, y muchos, escriban o no, dan al tabaco voluptuosas succiones continuadas por largas bocanadas de humo, valgan estos elogios y anécdotas de consagrados intelectuales y artistas.

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