Hay turistas que viajan a Málaga para cocinar con dos abuelas de 83 años

Hay turistas que viajan a Málaga para cocinar con dos abuelas de 83 años

Una finca de Málaga convierte las recetas de dos abuelas andaluzas en una experiencia turística donde viajeros internacionales cocinan, prueban aceite y descubren el estilo de vida rural.
Dos abuelas andaluzas sonríen con una cesta de pan en un entorno rural de Málaga, protagonistas de una experiencia de cocina tradicional para viajeros.
Cocinar con abuelas en Málaga: una experiencia de gastroturismo entre tradición y campo
Domingo, Octubre 18, 2026 - 16:00

El viajero gastronómico ya no se conforma con reservar mesa. Cada vez busca más entrar en mercados, conocer productores, recorrer fincas y entender cómo se cocina realmente en el destino que visita. Excelencias Gourmet ya ha analizado esta evolución en “Diferenciar destinos de turismo gastronómico”, donde la experiencia, el territorio y la identidad aparecen como algunas de las claves para atraer a un visitante que quiere algo más que comer bien.

En Málaga, esa tendencia ha encontrado una versión especialmente doméstica. Generations of Flavour, proyecto impulsado por Izabela Calik, organiza experiencias culinarias en una finca privada rodeada de olivos en Alhaurín de la Torre, a unos 30 minutos de Málaga. Su propuesta estrella consiste en cocinar recetas tradicionales junto a Isadora, conocida como Isi, y su amiga Puri, ambas de 83 años.

De la cocina familiar a una experiencia turística

El proyecto nació precisamente de las recetas familiares que Izabela fue aprendiendo de su suegra y de las mujeres mayores de su entorno. Lo que comenzó como una forma de conservar y compartir ese conocimiento terminó convirtiéndose en una oferta dirigida especialmente a viajeros internacionales interesados por la cultura andaluza más cotidiana.

La experiencia comienza lejos de una cocina profesional. Los visitantes llegan a una finca familiar, pasean entre olivos, conocen la producción de aceite y participan en degustaciones antes de pasar a cocinar. La empresa define su propuesta no tanto como un taller, sino como una “experiencia de vida” vinculada al ritmo pausado, la cocina casera y el paisaje rural andaluz. La clase tiene una duración aproximada de dos horas y media y se comercializa actualmente desde 100 euros por persona en la web oficial.

Entre las recetas que han formado parte de estas sesiones aparecen elaboraciones tan reconocibles como tortilla de patatas, gazpacho, gambas al pil-pil, churros o sangría. Después de cocinar, los participantes comparten la comida alrededor de la mesa.

Ese valor de las recetas heredadas no es nuevo. Excelencias Gourmet ya abordó en el papel de las madres y las abuelas como guardianas del legado culinario cómo la transmisión de técnicas, platos y sabores familiares forma parte de la identidad gastronómica de un territorio.

Viajar para aprender cómo vive el otro

Lo interesante del fenómeno no es únicamente que alguien pague por aprender a hacer una tortilla. El atractivo está en entrar durante unas horas en un entorno al que el turista normalmente no tendría acceso: una casa de campo, una mesa familiar y unas recetas transmitidas de generación en generación.

“Me quedo flipando de que gente del quinto pino venga y se interese por dos viejas haciendo de comer”, explicaba Puri a La Opinión de Málaga. La sorpresa resume bien la paradoja: aquello que para quien vive en el territorio puede parecer cotidiano se ha convertido precisamente en lo que muchos viajeros consideran excepcional.

La propuesta encaja además en un momento especialmente favorable para la provincia. Málaga ha sido reconocida como Capital Europea de la Cultura Gastronómica 2026/2027, reforzando su posicionamiento como destino donde conviven la alta cocina, los espetos, los mercados, el producto local y las tradiciones populares.

También conecta con el auge del oleoturismo, que ha convertido fincas, almazaras, olivares y catas de aceite en nuevas formas de conocer un territorio a través de su paisaje agrícola.

Generations of Flavour completa su oferta con degustaciones farm-to-table, experiencias de flamenco entre olivos y recorridos gastronómicos por Málaga, pero la cocina con Isi y Puri sigue concentrando lo esencial de la propuesta: viajar no para observar una tradición desde fuera, sino para sentarse a la mesa y participar en ella.

Quizá ahí esté una de las claves del nuevo gastroturismo. Lo que durante décadas fue simplemente “la comida de casa” empieza a convertirse en uno de los recuerdos más buscados por quienes llegan desde miles de kilómetros.

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