La gastronomía deja de ser solo cultura: así impulsa economías, turismo y marca país
La gastronomía está dejando de ser vista únicamente como patrimonio cultural, atractivo turístico o expresión de identidad. Cada vez más países la incorporan a sus políticas públicas como una herramienta capaz de generar crecimiento económico, atraer inversión, impulsar las exportaciones agroalimentarias y reforzar la marca país.
Esta es la principal conclusión de «La gastronomía como estrategia de Estado», el primer informe de Linkers Insights, una nueva publicación internacional dedicada a analizar las transformaciones estratégicas que atraviesan la gastronomía, la hostelería y el turismo.
El estudio, de más de cincuenta páginas, examina cómo diferentes gobiernos están incorporando la cocina, el producto local, la formación, el turismo y la industria alimentaria dentro de sus planes nacionales de desarrollo.
De atractivo turístico a política económica
El gran cambio de paradigma consiste en que numerosos gobiernos ya no se preguntan únicamente cómo atraer más viajeros, sino cómo utilizar la gastronomía para construir economías más competitivas y territorios con mayor valor añadido.
El informe analiza experiencias desarrolladas en Japón, Perú, Dinamarca, Corea del Sur, Arabia Saudí y España. Aunque cada país parte de una realidad distinta, las estrategias más avanzadas comparten varios elementos: visión de largo plazo, liderazgo institucional, coordinación entre sectores y capacidad para medir resultados.
En este nuevo escenario, la gastronomía no se limita a los restaurantes ni a la alta cocina. Se entiende como un ecosistema que conecta:
- Agricultura y producción alimentaria.
- Turismo y promoción de destinos.
- Educación y formación profesional.
- Industria, innovación y emprendimiento.
- Cultura, identidad y patrimonio.
- Comercio exterior y exportaciones.
«La gastronomía solo transforma un país cuando deja de ser un sector y comienza a convertirse en una estrategia», afirma David Basilio, socio fundador y director de Operaciones de Linkers.
Para el coautor del informe, los países que lideren la próxima década serán aquellos capaces de integrar turismo, agricultura, educación, empresa y cultura bajo una misma visión.
¿Por qué unas estrategias gastronómicas funcionan y otras no?
El estudio advierte de que muchas políticas públicas continúan apoyándose en acciones aisladas: festivales, campañas promocionales, ferias o eventos puntuales que pueden generar notoriedad, pero no siempre dejan un impacto económico sostenible.
La diferencia aparece cuando estas acciones forman parte de una planificación más amplia. Los países que obtienen mejores resultados son los que coordinan administraciones, empresas, productores, centros educativos y agentes culturales dentro de una estrategia común.
También resulta esencial definir indicadores claros. No basta con medir el número de visitantes o el alcance de una campaña. Una estrategia gastronómica debe evaluar su influencia en el empleo, las exportaciones, la creación de empresas, la formación de talento, el desarrollo rural o la capacidad de atraer inversión.
«La competitividad gastronómica ya no depende únicamente del talento culinario. Depende de la capacidad de un país para organizar su ecosistema, desarrollar talento y construir una estrategia compartida a largo plazo», sostiene Marianela Olivares, socia fundadora y directora general de Linkers.
La cocina como marca país y herramienta de influencia
La gastronomía se ha convertido también en una vía para proyectar la identidad de un territorio. Un producto, una receta o una técnica culinaria pueden funcionar como puerta de entrada a su cultura, su paisaje y su modelo productivo.
Esta capacidad permite fortalecer la marca país, mejorar el posicionamiento internacional de los alimentos nacionales y aumentar el valor percibido de un destino.
La cocina puede actuar, además, como una forma de influencia cultural. Cuando un país consigue que sus productos, restaurantes y tradiciones sean reconocidos globalmente, aumenta también su presencia económica y simbólica.
El reto consiste en evitar que esa proyección se limite a una imagen atractiva. Para generar resultados duraderos, la promoción internacional debe apoyarse en productores competitivos, profesionales cualificados, cadenas de suministro sólidas y una identidad gastronómica coherente.
Cinco ideas que pueden marcar la próxima década
El informe resume su diagnóstico en cinco grandes conclusiones:
- La gastronomía ha evolucionado de patrimonio cultural a herramienta estratégica de Estado.
- Los países con mejores resultados integran gastronomía, turismo, agricultura, educación, cultura y empresa bajo una estrategia común.
- La planificación y la gobernanza pesan más que las campañas promocionales aisladas.
- La cocina se consolida como un instrumento de desarrollo económico, marca país e influencia internacional.
- La próxima década estará marcada por políticas nacionales más integradas, medibles y orientadas al largo plazo.
La publicación nace a partir de la experiencia de Linkers en proyectos relacionados con gastronomía, turismo y hostelería junto a gobiernos, organismos internacionales, administraciones públicas y empresas de distintos países.
Ese trabajo ha permitido identificar una tendencia común: la gastronomía está ganando espacio dentro de las decisiones económicas y territoriales, especialmente en aquellos lugares que buscan diversificar su economía, fortalecer el medio rural y diferenciarse en un mercado turístico cada vez más competitivo.
Linkers Insights nace para analizar la transformación del sector
Con este informe se inaugura Linkers Insights, una colección anual de publicaciones dirigida a responsables públicos, organismos internacionales, universidades, empresas y profesionales.
Su objetivo es aportar conocimiento útil para comprender los cambios que están redefiniendo la gastronomía, la hostelería y el turismo desde una perspectiva estratégica e internacional.
La gran conclusión es clara: la gastronomía ya no compite únicamente en el plato. Compite en la educación, la innovación, el territorio, las exportaciones, la inversión y la capacidad de los países para organizar una visión compartida.
En las próximas décadas, algunas de las economías más dinámicas podrían ser también aquellas que comprendan antes que una receta, un producto o una mesa pueden convertirse en auténticas herramientas de transformación nacional.