Emilio Bacardí Moreau: cubano, siempre cubano

Creado: Lun, 18/08/2014 - 14:37
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Por: Chef Internacional Jorge Méndez Rodríguez-Arencibia
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Emilio Bacardí Moreau: cubano, siempre cubano

Nacido el 5 de junio de 1844, en la ciudad de Santiago de Cuba, fue el primogénito del catalán Facundo Bacardí Massó y Luisa Victoria Moreau, descendiente de franceses. En 1862, Don Facundo compró un pequeño alambique primitivo, devenido años después en la famosa Compañía Ron Bacardí, S.A.
Patriota, historiador, novelista, dramaturgo y divulgador de la cultura nacional fue el primer alcalde elegido de su tierra natal, en 1901, distinguiéndose por su labor honrada y benefactora, en franca contraposición con los políticos que caracterizaron la República mediatizada desde 1902 hasta 1959.
Significativas obras en bien público fueron llevadas a cabo durante su mandato local, como fue la reparación constructiva del hospital civil, el alumbrado eléctrico y la pavimentación de vías públicas en buena parte de la ciudad. Promovió honrar la memoria de próceres y héroes de la Patria con lápidas y monumentos, al igual que la cívica tradición del izamiento de la Bandera cubana cada 31 de diciembre en el Parque Céspedes, en pleno sitio histórico urbano de la sexta villa fundada durante la colonización española, el 25 de julio de 1515. Se destacó, además, por su talento en asuntos de economía: fomentó minas y construcción de vías férreas, con lo que contribuyó a una explotación más efectiva de las Minas de El Cobre, considerada la más antigua de las de cielo abierto en Latinoamérica.
Cooperó con el rescate y adquisición de la casa de José María Heredia, el primer poeta romántico de América; fundó la Banda Municipal y la Academia de Bellas Artes, y creó 32 escuelas para niños y niñas y una para adultos, así como bibliotecas públicas en los barrios y un museo, considerado durante años, como el mejor de Cuba. Su viuda, Elvira Cape, destinó más de 100,000.00 pesos de su peculio privado para concluir, en obediencia de la voluntad de su esposo, el edificio del Museo Bacardí.
Conjugó convenientemente sus obligaciones de gobernante con las de cultivador de las artes y promotor cultural de altos quilates.
La siguiente cita de José Manuel Carbonell y Rivero Evolución de la Cultura Cubana (1608-1927): Tomo XIII - La Prosa en Cuba (Novelas, Cuentos, Leyendas) Tomo II. Imprenta de Montalvo y Cárdenas, La Habana, 1928, ponen de relieve su multifacética y respetable condición:“Ornamento de su carácter de patriota revolucionario y de benefactor era la imaginación creadora y evocadora de Emilio Bacardí Moreau, quien, desde su primera juventud, manifestó aptitudes de escritor y amor a las letras. También fue aficionado a la pintura y a las bellas artes, en general”.
En diciembre de 1867, en el Liceo de Puerto Príncipe (hoy ciudad de Camagüey) fue premiado su trabajo sobre Conveniencia de reservar a las mujeres ciertos trabajos, por su elevado sentido social.
 El patrimonio literario cubano debe a su ingenio y pluma obras como Cuentos de todas las noches, para niños; Vía Crucis, publicada en 1914,  “evocación fiel y conmovedora de la tragedia cubana del decenio de 1868-1878”; Doña Guiomar, en 1917, novela de ficción, aunque basada en algunas personas de la vida real, enmarcada durante el período de 1536 a 1548 de la conquista hispánica en Santiago de Cuba. A su muerte en Cuabitas, acaecida el 28 de agosto de 1922, quedaron inéditas sus últimas novelas, tituladas Filigrana y El doctor de Beaulieu, “todas de atmósfera cubana, de inspiración patriótica y de factura naturalista, aunque animadas de pasión romántica”.
Al decir del sabio cubano Don Fernando Ortiz, “Bacardí fue sapiente sin petulancia, erudito sin arideces... amigo sin reservas, generoso sin ambiciones... paterno sin flaquezas y cubano, siempre cubano”.
Sirvan de antesala las anteriores referencias biográficas para dar comienzo a una sucesión de trabajos, consistentes en análisis sobre la información histórica, cultural y costumbrista –profusamente cargada de enseñanzas de civismo y evocación a los valores morales- que a través de las publicaciones de Bacardí Moreau se aprende y comprende de su Santiago natal y del mundo en pleno. 

 

Cuentos de todas las noches o la enseñanza con verbo criollo
Según afirmara Amalia, hija de Emilio Barcardí, quien de niña disfrutara de estas singulares narraciones infantiles en la propia voz de su padre, “el cuento infantil y nacionalista no abunda (ba) entre nosotros”  .
Mérito multiplicado para esta producción literaria dirigida a “quienes están a dos palmos del suelo”, al decir de la intelectual cubana Mirtha Aguirre. En los fragmentos de cuentos y referencias a continuación detallados, se combina el carácter costumbrista local –con acertado empleo de un sencillo lenguaje coloquial y la recurrente evocación a lo que la naturaleza proporciona para vivir- con los propósitos educativos, dados a través de las técnicas narrativas empleadas por el autor.
En Liborio, la jutía y el majá, describe con enaltecido patriotismo y fiel precisión la vida de los humildes habitante de la campiña santiaguera: “Allá por las llanuras donde se asientan los Mangos de Baraguá –celebres en la Historia de Cuba porque en ese lugar el general Antonio Maceo levantó su protesta contra el Pacto del Zanjón, que puso término a la Guerra de los Diez Años, diciendo enérgicamente “¡no!”,  el guajiro Liborio había construido su bohío de guano y yaguas. Allí, con su burén (1) de fabricar casabe (2), su pilón (3) para pilar el café tostado, sus taburetes de cuero sin curtir, una olla para el ajiaco (4), una buena mujercita, su caballito criollo y dos perros flacos, Liborio vivía feliz e independiente”  Continúa esta narración con la típicas formas de sustento y prácticas agrícolas tradicionales para quienes dependen de la tierra: “Junto al batey sombreado por un gran mango de corazón (5), tenía su estancia muy labrada, sembrada de plátanos, malangas, ñames y verduras; a lo que se añadía, un poco más lejos, un pedazo de tierra completamente limpio, destinado a una buena punta de maíz. Para lo del maíz, el guajiro sólo esperaba que las aguas de la Candelaria, allá sobre el 4 de febrero (6), se desataran y empaparan bien la tierra. Entonces sería la hora de echar la simiente: granos de maíz muy escogiditos, que tenía separados en una jigüera”.
El sumo cuidado de los cultivos y la parquedad económica de los campesinos de entonces, se refleja en el siguiente pasaje: “Cierto día que había lloviznado toda la noche y la mañana había amanecido espléndida, dejando los zapatos de baqueta (7) en la casa para no hollar la tierra con las suelas, que eran dobles –claveteadas con clavos cabezones para que duraran mucho- Liborio fuese descalzo, mirando aquí y allá, buscando en la negrura de la tierra algún punto verde (de granos germinados), aunque fuese muy chiquitico”.

La apreciación de los detalles de la naturaleza, la respetuosa cordialidad de la gente del campo y el gusto de ciertos animalitos por los frutos tropicales, se muestra en el siguiente diálogo:

-    Óigame, señora jutía –imprecó el majá- ¿por qué está usted tan encaramada?
-    Porque las hojas del caimito, (8) según usted sabrá, varían de color con la dirección del viento. Y a ,í, señor majá, eso me encanta.
-    ¡Caramba –dijo el majá- qué poética me ha salido usted, señora jutía!      


Notas:
1.    Burén: Fogón de piedra lisa para cocinar el casabe.
2.    Casabe: Tortas obtenidas de la fécula de la yuca, alimento esencial de los aborígenes cubanos y de varias etnias caribeñas y antillanas.
3.    Pilón: Utensilio de construcción artesanal, consistente en un tronco de madera ahuecado, sostenido sobre una base dela propia pieza, que mediante una maza alargada son golpeados los granos de café para triturarlos y pulverizarlos. Método aún empleado en los campos del Oriente cubano.
4.    Ajiaco: Típica sopa espesa de la cocina tradicional cubana, elaborada a base de raíces tuberosas, maíz, cabeza de cerdo y tasajo.
5.    Mango de corazón: Variedad de la Magífera indica, con forma muy parecida a la de un corazón, cáscara amarillo-rojiza, de dulce y jugosa pulpa. Abundante en la región Oriental de Cuba.
6.    La Candelaria: En alusión al Día de Nuestra Señora o Virgen de La Candelaria, patrona eclesiástica de Islas Canarias. Su festividad es celebrada en el calendario católico cada 2 de febrero. Existe también la tradición popular de que las mujeres se corten las puntas de sus cabellos, para que le crezcan hermosos.
7.    Zapatos de baqueta: Tipo de calzado de cuero rústico, muy duro, que utilizaban las personas más humildes, por lo resistentes y duraderos.
8.    Caimito: Árbol de la familia Sapotáceas (Chrysophyllum caimito), originario de América Central y el Caribe, que puede alcanzar 20 metros de altura. Sus hojas son, en la superficie superior, sedosas y de color verde brillante, en tanto que pubescentes y de color marrón dorado por debajo cuando maduran y plateadas cuando son jóvenes. Fruto redondo, de corteza verde o violácea, pulpa jugosa y poco dulce, de color lila claro.

El título de El plátano guineo, al igual que la descripción del lugar con que comienza, acusan, además de un fiel memoria afectiva, la palabra de un criollo santiaguero. “En la calle de la Marina (1), hace tiempo, mucho tiempo, había un almacén donde se vendía arroz, nueves, avellanas, almendras y muchas cosas más. Todas estas cosas eran perseguidas por los ratones, desde los grandísimos hasta los pícaros guayabitos, que por lo mismo que son chiquiticos hacen más daño, porque se meten por dondequiera”
Ante la ineficacia de las ratoneras dispuestas por el dueño del almacén, optó por cambiar de sebo para atrapar a los dañinos roedores. Ocurrencias y enseñanza moral caracterizan los siguientes pasajes:
“Entonces vino la idea de envenenarlos y se les puso plátano maduro con fósforo. Los ratones, al ver el resplandor del fósforo en la oscuridad se alegraron mucho, pensando que aquella comida que brillaba tanto tenía que ser muy sabrosa. Y ya iban a lanzarse para devorar el plátano cuando, al primer paso, un ratón viejo –y, como viejo, sabio- parándose sobre las dos paticas traseras y abriendo dramáticamente en cruz las dos paticas restantes, gritó:  
- ¡Desgraciados! ¿A dónde van ustedes, partida de locos? ¡Juí, juí, juí! ¡Porque ven una cosa que brilla se figuran que es oro? (…) - Oíd, oíd, gente inadvertida. ¡Oíd todos, los buenos y cultos y los ignorantes y turbulentos!  
¡Para qué fue aquello! Por poco no puede continuar el pobre viejo, pues con eso de “ignorantes y turbulentos”, volvió a la muchedumbre ratonil a calentarse y a chillar, porque a los animales –lo mismo a los que van sobre cuatro patas que a los que van sobre dos- no les gusta que se les diga la verdad. (¡!)  
El ratón viejo, intuyendo que el plátano era una trampa fatal, dijo a los demás ratones y guayabitos: -“He aquí lo que imagino y lo que propongo: ese guineo que brilla es lo desconocido. En lo desconocido puede haber peligro… puede que no haya nada pero puede haber algo mortal.” (…) E inmediatamente, sin esperar respuesta, echó a correr hacia los pedazos de guineo que alumbraban como diamante. Probado el fatídico bocado, comenzó el ratón viejo a dar muestras de su augurado envenenamiento. Y ya moribundo, le habló a los suyos, que le escuchaban sentidamente angustiados: -“Algún día tenía que morir. Aprended que las apariencias engañan y la bondad de una cosa no debe juzgarse por su brillo. ¡Lo peor es a veces lo más bello!” (…) No es oro todo lo que reluce. Sentencia sabia que dejaron (los ratones que continuaron viviendo) escrita a sus hijos en cascaritas de nueces, junto a otra inscripción que decía: “Sed buenos y escuchad los consejos de vuestros mayores”.


Notas:
1.    Marina: Calle en la ciudad de Santiago de Cuba. Allí se encontraba un almacén donde los Bacardí vivieron durante varios años.


Rafaelilla y Saturnina son llamadas las dos gaticas protagonistas del cuento con igual título, donde su autor no desaprovecha espacios para enarbolar las cosas de su terruño y destacar los valores de la sencillez y la bondad, ala vez que pronunciarse contra las diferencias sociales. Véanse los por qué de dichos nombrecitos: Una de las gatas era de esa piel barcina, atigrada, muy parecida a la del tigre, y había sido bautizada con el nombre de Rafaelilla, quizá por haber nacido cerca del mar y ser San Rafael el Santo Patrono de los pescadores de Santiago de Cuba. La otra, la segunda, con manchas negras y blancas, era llamada Saturnina, porque el hombre que se la había regalado al amo del establecimiento se firmaba con el nombre de Saturnino Maunn.   

Sabiamente, y al decir de Mirtha Aguirre, con la aparente inocencia “del niño con muchos años que siempre fue”, Bacardí delinea el carácter, valores y actitudes de las gaticas, en atención a su “condición social”, tal cualfueran personas: La Rafaelilla, quizás por considerarse de la familia delos pescadores se tuvo siempre por gata de humilde condición, como sucede a los hombres buenos y sencillos que, aunque junten caudales, no olvidan a los parientes pobres ni a los amigos de la juventud (…) En cuanto a la gata Saturnina…¡Oh! La gata Saturnina picaba alto, como se acostumbra a decir cuando se habla de una persona vanidosa y cree que vale más que todas las demás y demuestra cierto desprecio por los de abajo.
A la luz de este recuento literario y afectivo, es inevitable preguntarse: ¿Bacardí escribió para los niños o para los adultos? A ciencia cierta, nos atreveríamos a afirmar que escribió para se Santiago, para los cubanos y para cuánto humano se encuentre dispuesto a ser mejor. Gracias, compatriota.

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