De Asturias a Caracas: la historia del único restaurante de Venezuela reconocido por la Marca España
No todos los reconocimientos llegan en forma de estrella, medalla o trofeo. Algunos llegan en forma de confianza. Y eso es precisamente lo que ha recibido La Huerta, uno de los restaurantes más emblemáticos de Caracas, al convertirse en el primer establecimiento de Venezuela distinguido con la certificación Restaurants from Spain, otorgada por ICEX España Exportación e Inversiones.
El reconocimiento convierte a La Huerta en embajador oficial de la gastronomía española en Venezuela y lo incorpora a una red internacional formada por más de 510 restaurantes distribuidos en más de 50 países. Un selecto grupo de establecimientos que representan la cultura gastronómica española fuera de sus fronteras.
Detrás de esta historia se encuentra Gumersindo Romano, un asturiano nacido en Porrúa que llegó a Venezuela en 1979 con apenas 18 años y un oficio de soldador. Casi cinco décadas después, el restaurante que levantó junto a sus hermanos Alberto y Reinaldo se ha convertido en una referencia de la cocina española en el país y en uno de los símbolos gastronómicos más reconocibles de Caracas.
Mucho más que un reconocimiento gastronómico
La certificación Restaurants from Spain no funciona como una guía gastronómica ni como un sistema de puntuación culinaria. Su objetivo es identificar aquellos restaurantes que representan de forma auténtica la cultura gastronómica española en el exterior. Para ello, los establecimientos deben superar un exhaustivo proceso de evaluación que analiza aspectos relacionados con la cocina, los productos, la carta de vinos, la formación del personal, el concepto del local y la capacidad de transmitir la identidad española.
En el caso de La Huerta, el proceso de certificación se prolongó durante seis meses y culminó con la validación de un comité en el que participan entidades como la Real Academia de Gastronomía, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, el Consejo Regulador de los Vinos de Jerez, la Federación Española del Vino y la Guía Repsol.
Entre los requisitos exigidos figuraban la utilización de aceite de oliva español, una presencia destacada de vinos españoles, quesos emblemáticos como el manchego o el cabrales, personal cualificado para recomendar referencias enológicas, equipamiento tradicional de cocina española y una propuesta gastronómica coherente con la identidad cultural de España.
“Importa la gastronomía, pero importa todavía más la imagen de España y la capacidad de transmitirla”, explica Gumersindo Romano.
La historia de un asturiano que encontró el paraíso en Venezuela
La historia de La Huerta comienza mucho antes de la apertura del restaurante en 1984. Empieza en las montañas de Asturias, donde los hermanos Romano crecieron entre cabras, ovejas y huertas familiares. Aquella infancia rural marcaría para siempre la filosofía de trabajo que décadas más tarde trasladarían a Caracas.
Los primeros en emigrar fueron Alberto y Reinaldo. Gumersindo llegó poco después, en 1979. Lo que encontraron fue una Venezuela en plena expansión económica, un país que ofrecía oportunidades para quienes estaban dispuestos a trabajar con disciplina y constancia.
Tras sus primeras experiencias en restaurantes emblemáticos de Caracas, los hermanos fueron construyendo su propio camino empresarial. La Carabela, La Bajada y El Lagar fueron algunos de los proyectos que precedieron al nacimiento de La Huerta, el restaurante que abriría sus puertas en una antigua guardería de Sabana Grande y que terminaría convirtiéndose en una institución gastronómica caraqueña.
La magia de una casa que sigue cocinando como antes
La Huerta no es únicamente un restaurante. Es una declaración de principios. Su arquitectura recuerda a las antiguas tabernas del norte de España, con vigas de madera, paredes de piedra, rincones acogedores y una atmósfera que transporta al visitante a otra época. Puede recibir a cerca de 200 comensales y conserva una impresionante cava subterránea donde descansan cientos de referencias seleccionadas.
Pero quizá su mayor singularidad se encuentre fuera de Caracas. Desde hace más de tres décadas, la familia Romano mantiene una finca de 220 hectáreas en los Valles del Tuy, donde producen buena parte de las materias primas que llegan al restaurante. Corderos, quesos artesanales, morcillas, chorizos, hortalizas y verduras forman parte de una filosofía de proximidad que aplicaban mucho antes de que el concepto kilómetro cero se popularizara en la alta gastronomía.
La carta ofrece alrededor de sesenta platos donde conviven clásicos como la fabada asturiana, los pimientos de Padrón, el pulpo, las paellas, los arroces, las tortillas españolas, los camarones al ajillo o el cachopo, junto a propuestas más contemporáneas adaptadas a las nuevas demandas del público.
Resistir cuando parecía imposible
La historia de La Huerta también está marcada por momentos difíciles. Gumersindo Romano recuerda especialmente los años en los que perdió parte del local y del estacionamiento, una situación que puso en riesgo la continuidad del proyecto y obligó a la empresa a reinventarse para sobrevivir.
En aquella época, el restaurante llegó a contar con 65 empleados y servía hasta 1.500 paellas durante un fin de semana. Hoy la estructura es más reducida, pero mantiene intacto el espíritu que permitió superar los momentos más complicados. Actualmente atiende a cerca de un centenar de comensales diarios.
“Llegamos hasta aquí porque somos héroes de guerra”, afirma Romano al recordar aquellos años.
La cocina como legado
Tras más de cuatro décadas al frente de los fogones, Gumersindo Romano sigue definiéndose como cocinero antes que como chef. Una distinción que considera importante porque, según explica, la cocina es un oficio que se construye con trabajo diario, observación y experiencia acumulada.
Su trayectoria fue reconocida además por la Academia de Gastronomía Venezolana con la primera edición del Tenedor de Oro, aunque asegura que su mayor orgullo sigue siendo la continuidad de un proyecto familiar que ha logrado sobrevivir a generaciones, cambios económicos y transformaciones sociales.
Ahora, con la certificación Restaurants from Spain, La Huerta añade un nuevo capítulo a una historia que comenzó hace más de cuarenta años en una esquina de Sabana Grande y que hoy conecta oficialmente a Caracas con una de las tradiciones gastronómicas más importantes del mundo.
Porque más allá de la cocina, los vinos o los reconocimientos, La Huerta representa algo mucho más profundo: la historia de una familia que cruzó el Atlántico, encontró una nueva patria y convirtió una mesa en un puente permanente entre España y Venezuela.