Alimentos que pueden empeorar los síntomas del asma: ¿qué dice la ciencia?
La alimentación no es la causa del asma, pero en determinados casos sí puede influir en la aparición o el empeoramiento de algunos síntomas respiratorios. Aunque no existe una dieta específica para esta enfermedad, diversos estudios han identificado ciertos alimentos y componentes que pueden desencadenar crisis asmáticas o dificultar el control de la enfermedad en personas sensibles.
El asma es una patología inflamatoria crónica de las vías respiratorias que afecta a millones de personas en todo el mundo. Sus síntomas más habituales incluyen dificultad para respirar, sensación de opresión en el pecho, tos persistente y sibilancias. Factores como el polen, los ácaros, la contaminación o las infecciones respiratorias son desencadenantes bien conocidos, pero la alimentación también puede desempeñar un papel importante en algunos pacientes.
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Los sulfitos, uno de los principales sospechosos
Los sulfitos son unos conservantes utilizados para prolongar la vida útil de numerosos productos. En personas sensibles, estos compuestos pueden provocar broncoespasmos y dificultar la respiración.
Los sulfitos se encuentran habitualmente en alimentos como las frutas desecadas, algunos encurtidos, las patatas precocinadas y determinadas salsas industriales.
También están presentes en bebidas alcohólicas como el vino o la sidra.
El impacto de los ultraprocesados en el diagnóstico
Aunque estos alimentos no suelen provocar una crisis inmediata, su consumo frecuente se ha asociado con mayores niveles de inflamación en el organismo. Su elevado contenido en azúcares, grasas poco saludables y aditivos puede contribuir a un peor estado general de salud y favorecer procesos inflamatorios.
Forman parte de esta categoría:
Refrescos azucarados
Bollería industrial
Aperitivos salados
Comida rápida
Productos cárnicos altamente procesados
El reflujo gastroesofágico (ERGE) puede ser un disparador del asma
Cuando el contenido ácido del estómago asciende hacia el esófago, puede irritar las vías respiratorias y empeorar los síntomas asmáticos.
Por ello, algunos especialistas recomiendan moderar el consumo de alimentos que favorecen el reflujo, como los fritos, las comidas muy grasas, el chocolate, el alcohol, el café o los platos excesivamente picantes.
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El asma y la alergia alimentaria, comúnmente confudidos
En algunos casos, los síntomas respiratorios no se deben directamente al alimento, sino a una reacción alérgica. Las alergias alimentarias pueden desencadenar manifestaciones respiratorias que incluyen tos, dificultad para respirar e incluso crisis asmáticas graves. Entre los alimentos que con mayor frecuencia causan alergias destacan:
La leche
Los huevos
Los frutos secos (en especial el cacahuete)
La soja
El trigo
El pescado
Los mariscos
Histamina y alimentos fermentados
Algunas personas presentan sensibilidad a la histamina, una sustancia que participa en numerosas reacciones alérgicas e inflamatorias. En estos casos, alimentos ricos en histamina podrían favorecer la aparición de síntomas respiratorios.
Los quesos curados, los embutidos, las conservas de pescado, el vino tinto, la cerveza y otros productos fermentados concentran cantidades significativas de esta sustancia.
El mito de la leche en el asma
Una de las creencias más extendidas es que la leche y los productos lácteos aumentan la producción de mucosidad y empeoran el asma. Sin embargo, las investigaciones realizadas hasta la fecha no han encontrado pruebas sólidas que respalden esta afirmación en la población general.
Salvo que exista una alergia específica a las proteínas de la leche, los expertos coinciden en que los lácteos no suelen agravar los síntomas asmáticos.
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¿Hay alimentos que ayuden a controlar el asma?
Aunque ningún alimento puede curar el asma, una dieta equilibrada rica en frutas, verduras, legumbres y pescado azul podría contribuir a reducir la inflamación y mejorar el estado general de salud.
Los alimentos ricos en antioxidantes y ácidos grasos omega-3, como los frutos rojos, los cítricos, las verduras de hoja verde, las legumbres o pescados como la sardina y el salmón, se han asociado con un mejor funcionamiento del sistema respiratorio.
En definitiva, aunque la alimentación no sustituye al tratamiento médico del asma, prestar atención a posibles desencadenantes dietéticos puede ayudar a algunas personas a controlar mejor la enfermedad y reducir la frecuencia de los síntomas.