Antes del truco o trato ya había castañas, nabos y pan: así se comía en Samaín

Antes del truco o trato ya había castañas, nabos y pan: así se comía en Samaín

Antes de los caramelos y las calabazas ya había castañas, manzanas, nabos y pan. Así era la gastronomía ligada al antiguo Samaín.
Nabo tallado con rostro junto a castañas, una imagen vinculada a las antiguas tradiciones de Samaín anteriores a la calabaza de Halloween.
Samaín gastronómico: nabos, castañas y los alimentos que precedieron a Halloween
Tuesday, October 27, 2026 - 18:00

Halloween no empezó con chocolatinas. En las tradiciones vinculadas al antiguo Samhain, celebrado en el ámbito celta al comenzar noviembre, la comida ocupaba un lugar central: era tiempo de cerrar la cosecha, preparar el invierno y compartir los productos que todavía ofrecía el campo.

El 1 de noviembre marcaba tradicionalmente el comienzo del invierno en el calendario irlandés y las celebraciones se concentraban la noche anterior. Frutas y frutos secos recién recogidos formaban parte del banquete y también de juegos y rituales domésticos. 

En Galicia, el Samaín ha recuperado presencia en las últimas décadas y vuelve a convivir con Halloween, especialmente alrededor de la noche del 31 de octubre. En Excelencias Gourmet ya contamos cómo esta celebración mantiene vivo el vínculo entre otoño, fuego, memoria y cultura popular.

Castañas, manzanas y frutos secos: el otoño se sentaba a la mesa

Buena parte de la comida asociada históricamente a Samhain tenía una explicación sencilla: era lo que había después de la cosecha.

Manzanas y frutos secos aparecían tanto en la mesa como en juegos tradicionales. En Irlanda, el National Museum of Ireland recoge entre los alimentos característicos de estas fechas el báirín breac, un pan dulce con frutas en cuyo interior podían esconderse objetos destinados a predecir el futuro de quien los encontrara. También eran habituales preparaciones con patata y col como el colcannon y tortitas de patata como el boxty.

En el noroeste peninsular, las castañas terminaron convirtiéndose en uno de los grandes símbolos gastronómicos del otoño. Durante siglos fueron un alimento esencial antes de la expansión de la patata y el maíz, especialmente en Galicia y otras zonas del norte. Excelencias Gourmet ya ha recorrido esa relación entre castañas, fuego y memoria.

Su conexión con fiestas como el magosto refuerza una idea que atraviesa todo el calendario otoñal: reunirse alrededor del fuego, asar el fruto de la temporada y celebrar en comunidad la llegada del frío.

Antes de la calabaza hubo nabos

La imagen actual de Halloween está dominada por la calabaza, pero las primeras linternas asociadas a estas celebraciones no se hacían necesariamente con ella.

En Irlanda se tallaban nabos con rostros inquietantes y se colocaban velas en su interior. El National Museum of Ireland conserva incluso un molde de una de estas linternas, documentada en Donegal a comienzos del siglo XX. La calabaza acabaría imponiéndose en Estados Unidos porque era más grande y mucho más sencilla de vaciar.

Ese viaje del nabo a la calabaza explica también por qué tantos alimentos del otoño acabaron transformándose en símbolos. En Excelencias Gourmet ya repasó la historia de la calabaza de Halloween, mientras que hoy su aprovechamiento llega incluso a las semillas, que pueden tostarse y utilizarse en numerosas recetas. Nada obliga a que una calabaza tallada termine en la basura.

Comer para despedir una estación y recordar a los ausentes

Samaín no era únicamente una fiesta de sustos. El cambio de estación estaba vinculado también al recuerdo de quienes habían muerto y a la creencia de que, durante esa noche, la frontera entre ambos mundos se volvía más permeable.

Con el paso del tiempo, estas costumbres convivieron y se mezclaron con las celebraciones cristianas de Todos los Santos y Fieles Difuntos. La comida siguió ocupando un lugar fundamental: buñuelos, huesos de santo, castañas y otros dulces mantuvieron la idea de reunirse, recordar y compartir.

En España, el Día de Todos los Santos continúa teniendo una gastronomía propia, mientras que en México el pan de muerto convierte la memoria familiar en uno de los grandes sabores de estas fechas.

Quizá por eso el Samaín gastronómico resulta tan reconocible incluso siglos después. Antes del disfraz, del caramelo y del “truco o trato”, ya estaban la cosecha, el fuego y una mesa alrededor de la que despedir el otoño.

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