El bar belga donde tu zapato acaba colgado del techo antes de servirte una cerveza
Hay bares que se recuerdan por su barra, por su historia o por la cerveza que sirven. Y luego está Dulle Griet, en Gante, uno de esos locales que parecen diseñados para convertirse en anécdota de viaje. Aquí, si pides una de sus cervezas más famosas, no basta con pagar: antes tienes que entregar uno de tus zapatos como depósito.
La escena tiene algo de teatro, algo de tradición y mucho de curiosidad cervecera. El cliente se quita un zapato, el camarero lo coloca en una cesta y esa cesta se iza hasta el techo del bar. El calzado permanece allí, suspendido sobre la sala, hasta que el vaso vuelve intacto a la barra. Solo entonces el dueño recupera su zapato. En tiempos de experiencias virales, Dulle Griet lleva años haciendo algo que hoy parecería inventado para redes sociales.
La dirección tampoco es cualquiera. El bar se encuentra en Vrijdagmarkt, una de las plazas históricas de Gante, ciudad belga donde la cerveza no es una bebida más, sino parte del paisaje cultural. Bélgica tiene una de las tradiciones cerveceras más ricas de Europa y su cultura de la cerveza fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2016.
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Más de 500 cervezas en pleno centro de Gante
Dulle Griet no vive solo de su ritual del zapato. El local presume de tener una de las cartas cerveceras más amplias de Gante, con más de 500 referencias locales e internacionales. La propuesta es una auténtica declaración de amor a la cerveza belga: trapenses, lambic, cervezas de abadía, estilos regionales, referencias artesanales y botellas difíciles de encontrar fuera del país.
Para entender el atractivo del lugar hay que mirar antes a Bélgica. Allí la cerveza no se limita al aperitivo ni a la noche. Está presente en fiestas, comidas, recetas tradicionales, quesos lavados, guisos y sobremesas. Durante siglos, además, fue una bebida cotidiana en buena parte de Europa porque el proceso de elaboración ayudaba a hacerla más segura que muchas aguas disponibles en la época.
En Dulle Griet esa cultura se concentra en una taberna de ambiente antiguo, madera, techos bajos, decoración cargada y una sensación de refugio cervecero. Es el tipo de bar en el que uno no entra solo a beber, sino a mirar, preguntar y dejarse aconsejar. Y, si se anima, a vivir el ritual más famoso de la casa.
La Max van ’t Huis y el zapato que acaba colgado del techo
La cerveza que activa la tradición se llama Max van ’t Huis. Se sirve en un vaso de gran tamaño, de alrededor de 1,2 litros, con una forma tan llamativa como poco discreta. El recipiente suele identificarse con el koetsiersglas, un vaso de carruaje o de cochero, estrecho y alto, pensado para colocarse en un soporte de madera.
Precisamente ese vaso fue el origen del problema. Con el paso de los años, muchos clientes empezaron a llevárselo como recuerdo. Para evitar que la cristalería desapareciera a ritmo de souvenir, el bar puso en marcha una solución tan práctica como memorable: quien quiera beber la Max debe dejar un zapato como fianza.
El zapato se coloca en una cesta y se sube hasta el techo. El gesto se ha convertido en parte del espectáculo del bar. Mientras la cerveza llega a la mesa, el calzado queda a la vista de todos, como una advertencia humorística para quien piense en marcharse con el vaso. La norma es sencilla: vaso devuelto, zapato recuperado.
La historia conecta también con la leyenda del vaso de carruaje. Se cuenta que este tipo de recipiente habría nacido para que los cocheros pudieran beber sin bajarse del pescante, sujetando el vaso en una estructura de madera. Más allá de la exactitud histórica del relato, la imagen encaja perfectamente con el espíritu del lugar: cerveza, ingenio y una pizca de folclore.
Un bar que convierte la cerveza en experiencia
Lo interesante de Dulle Griet es que no reduce la cerveza a una bebida, sino que la convierte en experiencia. El visitante puede acercarse por la carta, por el ambiente, por la curiosidad del zapato o por todo a la vez. Y esa mezcla explica por qué el bar se ha convertido en una parada casi obligada para muchos viajeros que pasan por Gante.
En un momento en el que muchas ciudades buscan experiencias gastronómicas diferenciales, este bar demuestra que a veces la originalidad no necesita grandes artificios. Basta una buena carta, una tradición bien contada y un ritual que nadie olvida. Porque uno puede probar muchas cervezas en Bélgica, pero no todos los días entrega un zapato para que le sirvan una.
Eso sí, la curiosidad no debe hacer olvidar lo evidente: la Max van ’t Huis es una cerveza de gran formato y conviene tomarla con calma, compartir si apetece y disfrutarla con responsabilidad. Parte del encanto de la cultura cervecera belga está precisamente en saborear, comparar estilos y entender que cada vaso tiene su momento.
Dulle Griet es, en definitiva, mucho más que “el bar del zapato”. Es una puerta de entrada a la cerveza belga, a la tradición de Gante y a esa clase de historias que hacen que un viaje se recuerde por algo más que monumentos y fotografías. Hay bares que se visitan. Y hay bares de los que uno sale con una historia que contar. Este, literalmente, empieza por quitarse un zapato.