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El Hatuey de la cerveza cubana

Por: Israel Hernández Planas / elartedelacerveza.blogspot.com

Cuando se mira la etiqueta actual de la cerveza Hatuey es imposible que se pueda engañar a la vista de cualquier estudioso de la historia de Cuba o una persona con los conocimientos básicos de los indios que habitaron a Cuba antes y durante la Conquista.

El indio caribeño Hatuey, símbolo de la rebeldía y exponente de resistencia, quedó relegado por otro que aunque guerrero igual, distaba mucho de ser oriundo de estas tierras.

Fue en la década de 1950 que el internacionalizado indio de plumas alargadas (similares a las de las águilas americanas) y facciones más finas, comenzó a caracterizar la bebida fermentada más antigua de Cuba.

Un rostro de rasgos muy similares a los presentes en las imágenes de las antiguas tribus iroquesas que poblaron el norte de los Estados Unidos se plasmó en la etiqueta de la cerveza Hatuey.

Ya fuera Seneka, Mohawk, Ottawa o mohicano, el indio con facciones caucasoides emerge en la nueva etiqueta, futurista para su tiempo, y donde, además, la tipografía, el layout y la ilustración son de avanzada.

Según fuentes especializadas en la historia de las cervezas cubanas, el indio norteño fue la propuesta visual del pintor Luis Martínez Pedro, que en aquel entonces trabajaba para los diseños de una oficina publicitaria con un nombre que nada debe envidiar a sus similares contemporáneas: la Organización Técnica Publicitaria Latino Americana (OTPLA).

Martínez Pedro no fue la única figura de la plástica cubana que laboró en la OTPLA. Otros artistas plásticos como Raúl Martínez, Rafael Morantes y el fotógrafo Alberto Díaz Korda, pusieron su talento al servicio de la publicidad de esta compañía.

¿Por qué querría Bacardí que en su etiqueta de la cerveza Hatuey figurara un indio estadounidense?

No se puede olvidar el que el mercado turístico cubano era muy atractivo para los norteamericanos que visitaban Cuba y los que vivían en la isla. La misma ciudad de Santiago de Cuba era el destino de atraco de varios buques de guerra norteamericanos que llegaban al puerto, cercano por demás a la emblemática fábrica Bacardí.

Justo en esta ciudad, tanto la prostitución como el elevado comercio de bebidas alcohólicas caracterizaban la llamada zona de tolerancia en la Cuba de antes de 1959. Algo muy bien visto por los marines yanquis que consumían los rones y cervezas fabricados en Bacardí.

Pero no sólo en Cuba podía consumirse cerveza cubana. Solamente en el año 1950 más de 500 mil litros de cerveza fueron exportados a los Estados Unidos. Quizá este flujo licorero pudo ser uno de los determinantes para que los ejecutivos de Bacardí se interesaran en el nuevo “makeover” de la cerveza Hatuey y en ponerle una imagen un poco más cercana a los consumidores norteamericanos.

Hasta hoy ha perdurado la figura indígena que imprimiera un nuevo aire a la cerveza Hatuey en los años 50. Aunque diferente el indio, el espíritu de la cerveza Hatuey sigue cautivando a todo aquel que bebe la mezcla fermentada.

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