Bocaíto renueva su carta de barra ofreciendo los mejores ‘BOCAITOS’ de Madrid

Creado: Jue, 26/05/2016 - 02:36
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Los hermanos Chris y Paco Bravo son la tercera generación al mando del establecimiento, que comenzó su aventura en 1966 de la mano de su tío abuelo Luis Benavente, quien le impregnó la filosofía que continúa vigente a día de hoy: buscar la mejor calidad en la materia prima, la destreza de las mejores técnicas de corte de cuchillo, la elaboración de los productos al momento y, por último, no abandonar la esencia de la cocina tradicional castellana y andaluza.

Nuevo menú de barra

Esta carta se caracteriza por la cocina tradicional castellana y andaluza donde muchas de sus materias primas tienen nombre propio, como los ahumados Domínguez, la carne de la Finca de Jiménez Barbero, las anchoas naturales del Cantábrico Serie Oro... Y es que, como afirman sus propietarios: “Si la base es buena, el resultado será mejor”. Entre toda la carta destacan los ‘bocaítos’ y tostas (frías y calientes) como la de gambas, la de foie de bacalao con caviar o la de berberechos. Otros muy recomendables son los ‘bocaítos de autor’ como El Luisito, El Josefino y El Currito. Esta propuesta para barra, además, incluye cazuelitas y raciones de muchos de los platos de su carta principal. También podrás encontrar sus famosos huevos rotos con chanquetes y ajos tiernos, sus postres caseros siguiendo recetas tradicionales y utilizando leche ecológica, y una variedad de cócteles.

Ya sea en la barra o en uno de sus cuatro salones, visitar Bocaíto es la oportunidad de conocer de primera mano dónde se idearon y se empezaron a despacharlas las tapas (‘bocaítos’) más codiciadas de Madrid.

Cincuenta años de Bocaíto

A comienzos de los 60, Luis Benavente trabajaba en un local gastronómico de lujo en la capital, donde se servían los productos de mayor calidad existentes y donde, por el coste, sólo podían acudir las personas con las rentas más altas. Una vez dominada la profesión de camarero y el conocimiento de las materias primas, su manipulación y su elaboración, decidió emprender carrera en solitario. Pero, ¿cómo ofrecer la mejor calidad a un precio asequible para todas las rentas? Con un establecimiento más modesto y disminuyendo el tamaño de la ración. Con esta idea inauguró un pequeño local en la calle Libertad al que llamó Bocaíto en honor a la dimensión de las porciones que ofrecía. Además de esta visión vanguardista, otros dos factores contribuyeron a su éxito: la incansable búsqueda de productos que no se podían conseguir en Madrid (jamón ibérico de bellota, acedías, angulas, aguacates…) y la elaboración de los ‘bocaítos’ al momento y a la vista de los clientes. Esta pionera cocina vista era consecuencia de la falta de cocina en el local inicial, donde sólo se contaba con una barra para hacer el trabajo y despachar. Ya con el paso de los años se fueron uniendo los establecimientos aledaños y así fue como una peluquería, una fontanería y una carbonería se convirtieron en el Comedor Goyesco, el Comedor del Espejo, el comedor Goya y El Jardín. Nuevos espacios donde Bocaíto comenzó a dispensar platos de cuchara y de cuchillo y tenedor.

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