El pintxo donostiarra quiere ser Patrimonio Cultural Inmaterial

El pintxo donostiarra quiere ser Patrimonio Cultural Inmaterial
El pintxo donostiarra aspira a ser Patrimonio Cultural Inmaterial y refuerza su papel como símbolo de la identidad vasca. La Gala del Pintxo impulsa su reconocimiento cultural, social y gastronómico, poniendo en valor una tradición que define la forma de comer, compartir y vivir San Sebastián.
Barra con diferentes pintxos
El pintxo donostiarra quiere ser Patrimonio Cultural Inmaterial
Tuesday, February 10, 2026 - 10:23

San Sebastián no solo come pintxos: los vive, los comparte y los defiende como parte esencial de su identidad. Ahora, esta tradición gastronómica y social da un paso decisivo hacia su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial, reforzando su valor cultural, turístico y simbólico dentro y fuera del País Vasco.

El pintxo donostiarra: mucho más que un bocado

Los pintxos de San Sebastián representan mucho más que una forma de comer. Son una expresión de identidad, creatividad y tradición vasca. Estos pequeños bocados, servidos habitualmente sobre una rebanada de pan o sujetos con un palillo, han convertido los bares de la ciudad en auténticos escenarios gastronómicos donde conviven lo clásico y lo innovador.

La cultura del pintxo es una experiencia social y culinaria profundamente arraigada en el ADN donostiarra, especialmente visible en la Parte Vieja, uno de los barrios con mayor densidad de bares del mundo.

El ritual del poteo: comer caminando, compartir viviendo

El poteo, entrar en un bar, pedir un pintxo y una bebida, disfrutarlo de pie y pasar al siguiente, es una costumbre tanto local como del visitante. No se trata de comer mucho en un solo lugar, sino de probar, compartir y recorrer la ciudad barra a barra.

Entre los pintxos más tradicionales destacan la gilda, la tortilla de patatas, las croquetas o el bacalao rebozado, mientras que otras propuestas reflejan la influencia de la alta cocina vasca con técnicas más contemporáneas. Cada barra se convierte así en un escaparate gastronómico único.

La cultura del pintxo va mucho más allá del plato. El ambiente animado, las conversaciones espontáneas y la sensación de formar parte de la vida local son elementos esenciales. Comer pintxos en San Sebastián es una forma de entender cómo la ciudad vive su pasión por la gastronomía: de pie, copa en mano y rodeado de conversación.

Origen e historia del pintxo donostiarra

El origen del pintxo se remonta a principios del siglo XX, cuando los bares del casco viejo comenzaron a ofrecer pequeños aperitivos para acompañar vino, cerveza o txakoli.

La gilda, uno de los pintxos más emblemáticos, nació en los años 40 en el bar Casa Vallés. Su nombre se inspira en la película Gilda (1946), protagonizada por Rita Hayworth, y su combinación directa de sabores refleja el carácter donostiarra: sencillo, intenso y sin artificios.

La Gala del Pintxo y el camino hacia la Unesco

Cada año, el Instituto del Pintxo de Donostia, presidido por Jesús Santamaría, organiza la Gala del Pintxo, cuyo objetivo es impulsar su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial.

La Unesco ya ha reconocido otras tradiciones culinarias como la cocina tradicional mexicana, la gastronomía francesa, la dieta mediterránea, la cocina japonesa (Washoku) y, desde 2025, la cocina italiana. El objetivo ahora es que el pintxo donostiarra siga ese camino, comenzando por el ámbito provincial y nacional.

La última edición de la Gala se celebró en el Hotel María Cristina y el Teatro Victoria Eugenia, dos espacios icónicos de la ciudad. Durante la Jornada del Pintxo Donostiarra, Patrimonio Cultural Inmaterial se subrayó el papel de los pintxos en el desarrollo cultural y turístico de España.

Se presentó además la guía actualizada de pintxos, con 16 nuevas incorporaciones y un total de 69 bares de San Sebastián y Guipúzcoa. Se rindió homenaje a bares históricos como Tamboril, Oliyos, Hidalgo y Bernardo, reconociendo su papel en la preservación de la tradición.

Pintxo y tapa: una identidad propia

Aunque a menudo se compara con la tapa o el montadito, en San Sebastián el pintxo tiene identidad propia. Es más elaborado, creativo y, en muchos casos, una miniatura de alta cocina.

Cada bar tiene su especialidad, su sello y su discurso, pero siempre con una intención común: sorprender al comensal. El consumo de pintxos implica recorrer bares, compartir espacio y conversación y entender la comida como una experiencia colectiva.

El éxito internacional del pintxo ha consolidado a San Sebastián como capital gastronómica mundial, pero también ha generado retos. El exceso de propuestas demasiado complejas puede dificultar el poteo tradicional, que exige pintxos sencillos y ágiles.

La calidad del producto, la temperatura, la frescura y el respeto por la esencia siguen siendo claves. Ejemplos como el pintxo “La Vacuna” de PerretxiCo muestran la tensión entre creatividad y practicidad, subrayando la importancia de no perder el equilibrio.

En San Sebastián, los pintxos resumen el espíritu de la ciudad: amor por el buen producto, respeto por la tradición y una inquietud constante por innovar. Son pequeños en tamaño, pero en ellos cabe toda una forma de entender la gastronomía y la vida.

Te puede interesar leer: Impulsan candidatura de la Cultura de la Tapa ante la Unesco

Buscar