10 curiosidades gastronómicas que parecen mentira

10 curiosidades gastronómicas que parecen mentira
La gastronomía está llena de historias sorprendentes que desmontan ideas asumidas como verdades. Desde el origen austríaco del croissant hasta el wasabi que no es wasabi, pasando por el ketchup de pescado o la miel que nunca se estropea, estos diez datos revelan el lado menos conocido de alimentos cotidianos.
10 curiosidades gastronómicas
10 curiosidades gastronómicas
Friday, January 9, 2026 - 19:00

La gastronomía no solo se saborea: también se investiga, se hereda y, muchas veces, se malinterpreta. Detrás de algunos de los alimentos más cotidianos se esconden historias sorprendentes que desmontan mitos asumidos como verdades absolutas. Desde recetas nacidas por pura necesidad hasta ingredientes que no son lo que parecen, la comida también guarda secretos.

Estas son diez curiosidades gastronómicas que parecen mentira… pero son 100 % reales.

El croissant no es francés

Aunque hoy sea uno de los grandes símbolos de la bollería francesa, el croissant nació en Austria. Su antepasado directo es el kipferl, un bollo vienés con forma de media luna. Fueron los franceses quienes lo perfeccionaron incorporando mantequilla y técnicas de laminado, pero la idea original es claramente centroeuropea.

El queso Philadelphia no es de Philadelphia

Este popular queso untable se produjo originalmente en Nueva York, no en la ciudad que le da nombre. A finales del siglo XIX, “Philadelphia” era sinónimo de calidad láctea en Estados Unidos, y el nombre se utilizó como una poderosa herramienta de marketing. Nada más… y nada menos.

La Nutella nació por escasez de cacao

Tras la Segunda Guerra Mundial, el cacao era caro y escaso. En Italia, los maestros chocolateros decidieron “estirar” el poco cacao disponible mezclándolo con abundantes avellanas locales. El resultado fue tan exitoso que acabó convirtiéndose en uno de los mayores imperios dulces del mundo.

El ketchup fue una salsa de pescado

Antes de ser rojo y dulce, el ketchup era salado y fermentado. Su origen está en China, en una salsa llamada kê-tsiap, elaborada a partir de pescado fermentado. El tomate no apareció hasta siglos después, cuando la receta pasó por Europa y, finalmente, por Estados Unidos.

El wasabi casi nunca es wasabi

Lo que se sirve fuera de Japón como wasabi suele ser una mezcla de rábano picante, mostaza y colorante verde. El wasabi auténtico es caro, delicado y se ralla al momento, ya que pierde aroma y picor en pocos minutos. Por eso es un lujo reservado a muy pocos restaurantes.

El chocolate blanco no es chocolate

Aunque su nombre confunda, el chocolate blanco no contiene sólidos de cacao. Está elaborado únicamente con manteca de cacao, azúcar y leche. Técnicamente, pertenece al mundo de la confitería, no al del chocolate propiamente dicho.

El sabor a fresa no viene de fresas

El “sabor fresa” industrial se obtiene a partir de compuestos aromáticos creados en laboratorio. Por eso nunca sabe igual que la fruta real. Nuestro cerebro reconoce la idea de fresa, pero no su complejidad natural.

La miel no se daña nunca

Se han encontrado mieles perfectamente comestibles en tumbas egipcias con miles de años. Su baja humedad y su acidez natural impiden el crecimiento de bacterias, convirtiéndola en uno de los pocos alimentos prácticamente inmortales.

El pollo “sabe a pollo” por el cocinado

La carne de pollo es bastante neutra en sabor. Lo que realmente aporta carácter es el dorado, la grasa y las especias utilizadas durante la cocción. Sin técnica, el pollo sabe a poco; con ella, lo sabe todo.

La zanahoria no siempre fue naranja

Las primeras zanahorias eran moradas, blancas o amarillas. La versión naranja se popularizó en Holanda, en parte por motivos políticos vinculados a la Casa de Orange. La historia también se cocina.

La gastronomía está llena de relatos inesperados que nos recuerdan que comer no es solo nutrirse, sino también entender el mundo. Porque en cada plato hay historia, ciencia, cultura… y alguna que otra sorpresa.

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