Bodegones en todos los estilos

Creado: Dom, 25/08/2013 - 13:36
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Por: Frank Padrón
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Bodegones en todos los estilos

La exposición La Naturaleza muerta que  hasta inicios de este año tuvo a bien presentar el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, ilustró a la perfección acerca de un arte que ha recorrido épocas y poéticas.

Admira, digamos, apreciar la línea clásica, el relieve de las frutas mediante la fuerza cromática y la perfección en el trazo, así como la integración a las vajillas donde aquellas reposan, en varios bodegones del siglo XVII europeo (como los muy ilustrativos de Pedro de Camprobin o Barend van der Meer), algo que prosigue al viajar los siglos, y que encuentra su plenitud en los 800, cuando  la integración de alimentos y otros accesorios (no solo platos sino lámparas, adornos, etc) llegan a diseñar verdaderas fiestas sensoriales, como se aprecia en Ramón Cortés, Alfred-Arthur Brunel de Neuville, Francisco Peralta del Campo y otros.

El museo cubano atesora auténticas maravillas (sobre todo del siglo XIX) que pudieron ser apreciadas en la expo de marras: las obras sobre papel de pintores chinos revelan la importancia que para esos artistas tuvo el género; los italianos (Pieretto Bianco, A.Calanno…) privilegiaron animales incluso poco “comestibles” como el lagarto; por el contrario, sus colegas de los Países Bajos preferían los mariscos, aunque aquí nos remontamos a los 600 (Isaac van Duynen, Hendrick M. Sorgh,  “El joven”…) .

El arte español, sin embargo, se inclina más por las lozas, las flores y la cobertería, aunque no faltan las aves de corral, destacable “Naturaleza muerta con gallo y búho”, de José Felipe Parra Piquer (1824-64)-.      

El siglo XX prosigue con análoga vehemencia expresiva, al punto de que podemos casi sentir el sabor de unos huevos que se fríen en el cuadro de Gerard Victor Alphons Roling (1904-1981) ; sin embargo, las comidas recortadas contra mesas, ya sea en su estado natural o elaboradas, a punto de servirse, varían según los estilos: si Picasso, quien no fue en lo absoluto indiferente a la tendencia, las incorporó a la línea afilada y dura de su Cubismo, los impresionistas las adaptan a su captación figurativa de la naturaleza y la luz.

Comentario aparte merece la huella que han dejado en los pintores cubanos las naturalezas muertas.

Pródigo también en ellas nuestro 800, Juan Gil García “retrata” un racimo de mangos filipinos que hacen la boca agua; sin embargo, es en el siglo XX donde la tendencia se desarrolla y perfecciona.

En esa misma línea, Elvira Martínez de Medero esparce marañones en una mesa (1912) mientras una de nuestras grandes maestras del bodegón, Amelia Peláez, sitúa unos hermosos peces en medio de brocados y telas, sin que por ello abandone la “fruición” por las frutas (“Naturaleza muerta con mameyes”, “…con piñas”, etc).

Angel Acosta, Antonia Eiriz y René Portocarrero impregnan de sus peculiares imágenes objetos, botellas, aves y frutos, así como Wifredo Lam, quien traza contornos sobre fondos grises.

Nuestro contemporáneo Arturo Montoto (1953) ha sido uno de nuestros grandes recreadores de las frutas cubanas; en especial la papaya tiene en sus lienzos lo jugoso, sensual y vivo de esa exquisitez  de nuestra tierra.

De modo que el bodegón, menos recurrido en este siglo XXI, ha convocado a maestros del lienzo en todas las épocas, países y períodos artísticos. Gracias a ellos, flores, frutos y animales comestibles han trascendido las mesas, los adornos y las cenas para instalarse eternamente en el imaginario estético  universal.

Comentarios

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