El vino español y su primacía histórica en Cuba (II parte)

Creado: Dom, 08/07/2018 - 09:10
Autor:
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René García Valdés
Categoría
Vino español-en-Cuba

El siglo XX está cargado de datos, fechas y eventos que consolidan aún  más la posición cimera del vino español en el comercio cubano. Un ejemplo de esto es la querella que causa la descarga en Cienfuegos de 180 pipas de vino tinto, marca Torres, transportadas por el vapor Conde Wilfredo, procedente de Barcelona,  el 10 de diciembre de 1902.

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Resulta que  el Químico Municipal de Cienfuegos, cuyo nombre no merece importar hoy,  se personó en los almacenes de la localidad y extrajo una muestra del vino de una sola pipa. De plano declaró que el vino estaba adulterado. Este criterio implicaba el decomiso de  180 pipas de vino tinto recién llegadas. Tal fue el escándalo que se exigió una segunda certificación, nombrándose un notario para tal efecto.  El susodicho investigó y comprobó que el resultado del análisis anterior no era correcto, declarando como buenos los vinos arribados al puerto. La prensa de la época recreó el hecho no solo en Cienfuegos sino también en los diarios de la capital.

En los primeros años del siglo XX el consumo de vino era muy grande en Cuba. España prevalecía como figura principal en las importaciones de esta bebida. Además crecía el consumo de jereces y generosos guardados en soleras. Existían en la isla grandes existencias de brandys de los cuales se sacaba una parte todos los años para embotellar a la venta, remplazando lo extraído con vinos recién importados.  Así era la práctica de la época en el negocio de vinos y licores.

Era tal el éxito que en 1912 se funda La Casa del Vino, sita en las calles Factoría y Esperanza del barrio de Jesús María, en la Habana Vieja. Era el vino español el que acompañaba con más asiduidad los productos que también se servían en el local tales como lacón, chorizo, cachelo y fabada asturiana, entre muchos otros  del gusto popular criollo.

Prestigiosas bodegas de vino de España se mantienen durante todo el siglo en la preferencia del cubano y de visitantes extranjeros. Predominan los vinos riojanos, pero navarros y catalanes mantienen su pujanza presencial en el país.

En los años 70 y 80  del siglo pasado los países del campo socialista influyen notablemente en el mercado cubano.
Pero junto a los vinos húngaros, búlgaros y rumanos, los españoles mantienen su nivel de jerarquía.

En esos años se incrementa la comercialización de nuevas marcas. Junto a las ya establecidas por años, aparecen Freixenet, Sardá,  Vega de la Reina, Marqués de Cáceres, Palacio de Arganza, Gandía, Federico Paternina, Herederos del Marqués de Riscal, Giró Ribot, Cune, Conde de Valdemar, Campo Viejo, Las Campanas, Muga, Marqués de Villamagna, Pazo Pondal, Valduero, Viña Alcorta, Bodegas Bilbaínas, Faustino Martínez, Callejo, Marco Real, Vega Sicilia, Los Curros, Pesquera, Pinord y Potros que prestigian las cartas de vinos de las instalaciones turísticas de todo el país.

Con la llegada del siglo XXI las distribuidoras de vinos en Cuba consolidan sus ofertas, pero a pesar de la competencia de marcas importantes de Italia, Francia, Alemania, Chile, Argentina, Australia y Sudáfrica, el lugar cimero de los vinos españoles sigue  inamovible.

Los sommeliers cubanos también juegan un papel importante en la defensa del espacio histórico ganado por el vino hispano, demostrando conocimientos profundos sobre la España vitivinícola, sus regiones, denominaciones y leyes.  Las Cartas de Vino de cualquier restaurante presentan marcas abundantes de estas bebidas que se complementan perfectamente con los platos del lugar.

Durante más de 15 años la Fiesta del Vino del Hotel Nacional de Cuba convoca a los principales catadores cubanos a premiar a ciegas aquellas marcas que prestigian el mercado cubano. Más del 70 % de los premios recaen en vinos españoles. Eso demuestra que España ha mantenido su hegemonía con propuestas nuevas de calidad.

La primacía del vino español en Cuba es más que un hecho, pues para los cubanos degustar una copa de albariño, verdejo, tempranillo, mencía o garnacha tinta es perpetuar una herencia cultural y un placer imperecedero.

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