Una copa a la salud de Cristo

Creado: Lun, 23/12/2013 - 20:20
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Por: Chef Internacional Jorge Luis Méndez
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Una copa a la salud de Cristo

La aguda letra del Nobel colombiano, cuyo ejemplo encabeza el presente artículo, describe, a la vez que hiperbolizada pasión de este personaje protagónico, la universal grandeza de la Navidad: en plena Misa de Gallo (medianoche del 24 de diciembre) recibe la primera mirada de amor que le prodigara Fermina Daza, a quien estoicamente idolatró durante cincuenta y un años, nueve meses y cuatro días, hasta lograr la comunión carnal, con sus ya desgastados cuerpos.

En realidad, ¿qué celebramos? Curiosamente, siendo la Navidad –del latín nativitas, que significa nacimiento– la fiesta más popularizada para los católicos, durante siglos ha sido muy polemizada la fecha en que se enmarca su celebración.

Entre sus divergencias más antiguas se destaca la posición de unas y otras religiones de origen cristiano, en cuanto a las cronologías fijadas por los calendarios llamados juliano (establecido en honor al emperador Julio César) y gregoriano (reformado por el papa Gregorio XIII).

Asimismo, en diferentes épocas de la antigüedad, latitudes y credos, se encuentran celebraciones vinculadas al solsticio de invierno (21 de diciembre) con igual connotación de nacimiento de deidades, como las festividades de Saturno y Apolo, en Roma; de Helios, en Grecia; de Huitzilopochtli, en el antiguo imperio azteca; y de Inti o dios Sol, en la fiesta de Cápac Raymi, por los incas. Por su parte, el papa Liberio decreta en el año 354 dC, la fecha del 25 de diciembre como nacimiento de Jesús de Nazaret.

La llamada Nochebuena, en tanto, corresponde al 24 de diciembre, asumiéndose que el nacimiento de Jesús ocurrió a la medianoche de este día. Y la Pascua de Resurrección –otra efeméride de importancia para los cristianos– corresponde al final de la Semana Santa, con fecha de conmemoración movible, según dispone la Iglesia Católica.

Sin embargo, es usual la expresión en español de “Felices Pascuas y próspero Año Nuevo”, empleada en el período navideño y que por lo general se extiende hasta pasada la Epifanía (6 de enero) o día de la adoración al niño Jesús por los Tres Reyes Magos. En países de habla inglesa, se emplea la palabra Christmas, de Christ, Cristo y mass, misa; o sea, la “misa de Cristo”. En alemán, esta fiesta se conoce como Weihnachten, traducida como “noche de bendición”.

Pero, a todas estas, las antes mencionadas diferencias cronológicas, además de haber quedado asimiladas con relativa homogeneidad, apelaron a una antiquísima práctica romana, conocida como el festival de Saturnalia, en honor al dios Saturno y que abarcaba el solsticio de invierno.

Consistía en postergar temporalmente transacciones comerciales y actitudes beligerantes, liberación durante algunos días de los esclavos y pródigos intercambios de presentes.

Con similar sentido, devinieron las Navidades y el Día de Reyes fechas socialmente comprometedoras; aunque con el secular transcurso del tiempo, se fue subordinando la motivación religiosa a los afanes consumistas, estimulados por una fuerte inducción del mercadeo.

De hecho, el día posterior al Thanksgiving Day o Día de Acción de Gracias, celebrado principalmente en Norteamérica el cuarto jueves de noviembre, es conocido en Estados Unidos como Viernes Negro, pues comienzan las ya tradicionales grandes jornadas de compras navideñas, momento en que almacenes y tiendas aplican provocadores descuentos a sus mercancías.

Algo así, como que Melchor, Gaspar y Baltasar, de personajes inscriptos en la Historia Sagrada, al igual que el tan popular como de diversa procedencia geográfica Santa Claus o Papá Noel, hayan sido convertidos por la modernidad en determinantes íconos para las economías familiares, lo mismo que influyentes decantadores de sonrisas o pesares infantiles…

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