Conservas, todo el sabor enlatado

Creado: Dom, 14/11/2010 - 08:06
Autor:
Credito
Por: Ernesto Montero
Categoría
Conservas, todo el sabor enlatado

Los orígenes de las conservas datan de la propia necesidad humana de conservar los alimentos, que llevó primero a ahumarlos o salarlos, y después a resguardarlos secados, convertidos en polvo, o sumergidos en vinagre, aceite o alcohol.

Sin embargo, no fue hasta comienzos del siglo XIX, y a pesar de que se han descubierto ánforas griegas o cartaginenses conteniendo alimentos conservados, que alcanzaron la categoría de industria, gracias a la genialidad del francés Nicolás Appert.

Nacido en una familia de fabricantes de vinos, desde muy joven Appert montó una tienda de comestibles y comenzó a fascinarse por el tema de la conservación de los alimentos. Sus experimentos de «embotellar» productos comestibles, como mismo se hacía con las bebidas, le ganaron tal fama, que en 1803 el propio Napoléon Bonaparte le ofreció una fortuna como premio a sus creaciones.

Serían los ejércitos napoleónicos los primeros en asombrar al mundo con sus carnes «enlatadas» o los botes de sopa que calentaban en las hogueras de los campamentos, experiencia que pronto fue repetida por los ingleses, quienes la extendieron por todo el mundo a bordo de su extensa flota, contribuyendo en buena medida a acabar con las epidemias de tifus y escorbuto que asolaban a los tripulantes por la falta de consumo de carne, frutas y verduras.

Ya a finales del siglo XIX llegarían los «enlatados» a Estados Unidos, donde causaron una verdadera furia al fomentarse toda una industria alrededor de ellos, que todavía hoy sigue siendo una de las más importantes de este país, aunque ahora las carnes, confituras y otras conservas se hayan extendido tanto, que prácticamente no existe ningún producto comestible que no se haya enlatado.

Añadir nuevo comentario

Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.

Credito
Por: Ernesto Montero