Posiblemente no haya tarea más necesaria y a la vez más compleja que maridar los postres y vinos, máxime cuando estos se sirven en un momento tan importante de la cena.
Si a ello le agregamos que muchas recetas de postres incorporan azúcar, frutas, chocolate y otros ingredientes dulces, lo cual las hace muy ingratas a la hora de aceptar pareja vinícola, es comprensible el por qué muchos sommelieres o chefs prefieren pasar por alto este difícil trance, y «escaparse» ofreciendo un vino dulce o simplemente sirviendo el mismo vino que han dado durante toda la cena.