Hay momentos en los que la gastronomía deja de ser discurso, técnica o espectáculo y vuelve a su origen más esencial: dar de comer. Sin relato añadido. Sin escenario. Sin aplausos.
Porque cuando no hay casas, cuando el suelo falla y la incertidumbre se instala, no son los titulares los que sostienen a la gente. Son las ollas.
En Ronda, estos días, la cocina ha sido refugio, estructura y abrazo. Y eso dice mucho, quizá demasiado, de lo que realmente significa este oficio cuando todo lo demás se cae.
Una llamada, un grupo de WhatsApp y una cocina en marcha
Todo empezó el jueves pasado, a las seis de la tarde. Miguel Herrera supo que Grazalema iba a ser desalojada por completo y que muchos de sus vecinos serían acogidos en el polideportivo municipal de Ronda, donde él reside. La reacción fue inmediata: una llamada a Benito Gómez, chef de Bardal, dos estrellas Michelin.
Ambos activaron un grupo de WhatsApp que habían creado en plena pandemia para repartir comida a quienes lo necesitaban. Dos horas después, cuando los primeros vecinos de Grazalema llegaban al pabellón de El Fuerte, ya había una food truck dentro y ollas calentando caldo de puchero. Desde ese momento, la cocina no se ha detenido.
Solidaridad en Ronda: 650 comidas diarias
Desayunos, almuerzos, meriendas y cenas para unas 650 personas diarias. Platos que hablan de casa, de calor y de normalidad: papas con choco, potaje de chorizo y acelgas, carne en salsa, callos, camperos con patatas asadas, churros con chocolate.
“Para salir de fiesta nadie responde en el grupo”, bromea Miguel Herrera. “Para esto, todo el mundo ha estado. Ha sido increíble”.
Al principio llegó tanta ayuda que fue necesario parar, ordenar, inventariar. La coordinación recayó en María Corralejo, gerente de Columela, que desde entonces organiza turnos, ingredientes y donaciones de vecinos y empresas de toda la comarca.
Nada se desperdicia. Cuando un día aparecieron 800 kilos de pan, la solución fue inmediata: migas. Cocina de aprovechamiento, de sentido común y de respeto.
Una red que crece: cocinas, confiterías y hasta la UME
Las primeras ollas fueron las de Bardal. El equipo de Benito Gómez elaboró los caldos base en su restaurante. La food truck de El Golimbreo reforzó el servicio. El toque dulce llegó desde la confitería Daver, con chocolate caliente y bizcochos.
La ayuda fue sumándose: la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Ronda cedió cacerolas y paelleras; la Unidad Militar de Emergencias aportó menaje; Eloy Catering instaló incluso un horno industrial.
Gracias a ello, las cenas se piensan con un tono más informal. Camperos, fútbol en la televisión, un rato de desconexión. También comen los voluntarios de Cruz Roja, Protección Civil y los cuerpos de seguridad.
Incluso se han cedido menús a World Central Kitchen, la ONG impulsada por José Andrés, que también ha trabajado en municipios gaditanos afectados.
Cocinar mientras se está evacuado
Quizá lo más revelador es que algunos de los que cocinan también han sido desalojados. José María Barea, propietario de La Merina y La Maroma (ambos con Solete Repsol), trabaja en los fogones mientras no sabe cuándo podrá volver a Grazalema. Y eso es lo que esta historia pone sobre la mesa: cuando el sistema se tensa, el oficio sostiene. A la vez inventaría ropa donada, gestiona medicación para mayores, hace de puente entre su gente y lo que necesitan.
No habla de heroísmo. Habla de agradecimiento. “Aquí no nos falta de nada. La gente está sacando lo mejor”. “Nadie durmió en el pabellón. Entre familias y amigos, todos encontramos sitio”, cuenta.
Esta no es una historia de estrellas Michelin, ni de premios, ni de discursos grandilocuentes sobre solidaridad. Es una historia de cocina entendida como servicio. De profesionales que saben cocinar para muchos. De gente que no pregunta si toca, sino que se pone.
En Ronda, estos días, la gastronomía no ha sido tendencia ni espectáculo. Ha sido hogar.
Y conviene no olvidarlo cuando volvamos a hablar de creatividad, de vanguardia o de relato. Porque antes de todo eso, la cocina fue, y sigue siendo, una forma de cuidar.