Esto es lo que le pasa a tu cuerpo si bebes vino todos los días

Esto es lo que le pasa a tu cuerpo si bebes vino todos los días
Beber vino todos los días puede parecer un hábito inofensivo, pero los dietistas advierten de efectos acumulativos en el cuerpo. Analizamos cómo influye el consumo diario en el hígado, el sueño, el peso y la salud general, y por qué la moderación y la frecuencia marcan la diferencia.
Copas de vino
Copas de vino
Sunday, January 18, 2026 - 09:00

Beber una copa de vino puede ser un gesto placentero y social, pero ¿qué ocurre cuando el consumo se vuelve diario? Dietistas analizan los efectos del vino en el organismo y coinciden en una idea clave: disfrutarlo debería ser una elección personal e informada.

Ya sea para brindar por una ocasión especial, relajarse tras una jornada intensa o compartir una happy hour con amigos, el vino ocupa un lugar habitual en la vida de muchas personas. Con miles de variedades y regiones vitivinícolas en el mundo, aprender sobre aromas, sabores y maridajes se ha convertido incluso en un pasatiempo.

“Una copa de vino puede ser relajante y placentera, y debería ser una elección personal”, afirma Jordan Langhough, dietista titulada y fundadora de Jordan Langhough Nutrition & Fitness.

 No obstante, los especialistas advierten que el consumo frecuente puede tener efectos poco visibles a corto plazo, pero relevantes para la salud.

¿Qué se considera beber vino “en exceso”?

La pregunta clave es dónde está el límite. Desde el punto de vista nutricional, una persona que bebe vino a diario suele clasificarse como bebedor moderado. Históricamente, esta categoría se ha asociado con un riesgo relativamente bajo.

Sin embargo, Langhough matiza que superar una copa diaria de forma constante puede empezar a afectar negativamente al organismo, ya que el alcohol impacta en múltiples sistemas del cuerpo, incluso cuando no se perciben síntomas inmediatos.

Cómo afecta el vino diario al organismo

“El alcohol impacta a varios sistemas del cuerpo”, explica la dietista. Entre ellos:

  • Hígado
  • Cerebro
  • Intestino
  • Corazón
  • Sistema nervioso

Diversos estudios han vinculado el consumo regular de alcohol con un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer, especialmente el de mama y los del tracto gastrointestinal, incluso en cantidades consideradas moderadas.

Más allá de los riesgos a largo plazo, el vino también influye en funciones cotidianas. “Afecta al juicio, la memoria y la coordinación”, señala Juliana Vocca, dietista registrada.

El consumo prolongado puede contribuir al deterioro cognitivo, aumentar el riesgo de depresión y favorecer la dependencia, especialmente cuando beber vino se convierte en una rutina diaria.

Sueño, peso y digestión: las señales que no siempre se ven

Otro factor clave es la normalización del hábito. Beber vino todos los días puede hacer perder la noción de la cantidad real ingerida. Con el tiempo, esto puede traducirse en:

  • Peor calidad del sueño
  • Menor energía durante el día
  • Aumento de peso
  • Molestias digestivas

Así lo explica Val Warner, quien subraya que estos efectos suelen aparecer de forma progresiva.

Moderación y frecuencia: la clave está en el equilibrio

“El consumo ocasional es mucho más seguro que convertir el vino en un ritual diario”, apunta Vocca. Beber una o dos copas a la semana, o incluso hasta cuatro, supone una diferencia significativa frente a tomar una o dos cada día.

En este sentido, los expertos coinciden en que la frecuencia importa tanto como la cantidad, y que el disfrute consciente es preferible al hábito automático.

El vino forma parte de la cultura gastronómica y social de muchos países, y puede disfrutarse con placer. Sin embargo, convertirlo en una práctica diaria puede tener consecuencias acumulativas en la salud. La clave, según los dietistas, está en la moderación, la frecuencia y en tomar decisiones informadas.

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